Pilar Monzón, alias Pilar 'La Matea', (La Puebla de Híjar, 1953) siempre presume de pueblo allá donde va y eso que ha recorrido mucho mundo como buena feriante. Ya forma parte del imaginario de la ciudad de Zaragoza, desde que hace 42 años pusiera por primera vez un puesto de castañas en la plaza San Miguel, un espacio de referencia para poblanos en la ciudad y para cientos de personas que ya no conciben un invierno sin ella. Es una referencia en La Puebla, donde cada verano sale a la calle con su puesto de venta ambulante de juguetes y golosinas en fiestas, tanto en las de Santiago en el barrio como en las mayores en San Roque. Este año será todo más especial porque es la pregonera de las fiestas mayores, y este martes se subirá al balcón del ayuntamiento llena del cariño que ya le ha estado dedicando la gente desde que llegó al pueblo por Santiago para quedarse todo el verano.
Vives entre La Puebla y Zaragoza donde te conoce mucha gente y todo el mundo sabe de donde eres. ¿Orgullo?
Es que soy de La Puebla de Híjar y en todos sitios a los que voy o si me preguntan, siempre lo nombro. Como tiene que ser, ¿no?
Desde luego. Hace ya unas cuantas décadas que eres fija con tu puesto de castañas en la plaza San Miguel. ¿Van muchos poblanos?
Sí, van bastantes, es un punto de reunión. Van a verme y también a comprarme castañas. Llevo ya 42 años allí, no sé cuántas castañeras somos en Zaragoza pero soy la más antigua en la actualidad. Siempre he estado en esa plaza y en La Puebla ni te cuento la de años que llevo vendiendo juguetes.
¿Cómo empezaste con la venta ambulante?
Me casé con un feriante y empecé también a vender, pero antes de eso ya fui por pueblos y ciudades con una prima mía en su churrería. Yo era muy joven. Conocí a mi marido en la feria, me casé y seguí con la venta.
¿Ha cambiado la vida de feriante?
Bastante. A mí me gustaban más los años de antes porque la gente era, de otra manera, más amable, quizá en general. Hace años que no salgo a ferias pero hacía muchas por toda España con el puesto en verano. En invierno toca castañas y eso siempre va bien. ¿No ves que me conoce todo Dios? (ríe).
Eres fija en La Puebla también.
Sí, para vender y para descansar. Ahora pongo puesto en las fiestas del barrio y en las grandes, pero el resto de verano me quedo aunque no haya fiestas.
Tu primera aparición pública en La Puebla ha sido en Santiago con tu puesto y la gente se acerca a saludarte y felicitarte. ¿Qué tal llevas ser pregonera? El sentir común que se oye en la calle es que te lo mereces.
Eso me dice la gente… Vienen a darme la enhorabuena. El día que me llamó Pedro (el alcalde) me pegué una llorera de la emoción… Estaba con mi sobrina y se asustó porque no sabía lo que me pasaba.
Es un nombramiento que sale en acuerdo con Interpeñas, con la gente joven, ¿qué te parece?
Esto lo hablaba con ellos, que los conozco desde pequeños. Han pasado muchas generaciones por este puesto.
¿Qué les vas a decir?
Mi sobrina me ha ayudado con el discurso, pero ya veremos cuando salga a ese balcón… Ya me han dicho los del bar La Rosa, que fueron el año pasado, que no me ponga nerviosa porque ellos pasaron nervios. ¡Aún me pongo más! (ríe).
Es que no es para menos.
Es que estará la plaza llena. Además, mis hijos viven fuera y antes del nombramiento ya acordamos que estaríamos juntos en fiestas en La Puebla, así que, con más motivo.
Menuda alegría se llevarían cuando les llamases.
Mi sobrina les llamó, que yo seguía con la llorera y no podía hablar. Es muy emocionante para todos.
¿Alguna vez te vas a jubilar?
Mientras yo pueda trabajar no me jubilo, yo me siento muy joven aún y mientras pueda, seguiré con la marcha y alegraré a la gente del pueblo.
Eso es verdad, eres de las personas a las que más alegra ver.
Por eso lo digo, este trabajo reparte alegría (ríe).







