Las agrupaciones de voluntarios de Protección Civil necesitan más personas que se quieran unir a su labor totalmente desinteresada y muy necesaria, especialmente en los pueblos. Algunas apenas tienen media docena de personas en activo y llegan a todas las emergencias o eventos en los que se les pide su colaboración gracias al sobreesfuerzo de sus integrantes por su fuerte implicación. El caso más flagrante es el de la comarca más numerosa, el Bajo Aragón, donde llevan dos años sin agrupación por una sucesión de problemas que llevaron a su desaparición. El consejero responsable, Lucas Bono, asegura que ya tienen personal pero que las exigencias burocráticas están prolongando la tramitación más de lo esperado. La anterior se va a cerrar y se creará una nueva para que así quede exenta de la deuda que mantiene la antigua con DGA, de unos 5.000 euros.
Las seis comarcas restantes llegaron el año pasado a casi 3.000 actuaciones, una cifra ligeramente superior por el desplazamiento de algunas de ellas a Catarroja como parte del operativo aragonés que ayudó en los destrozos de la Dana.
Como bien indica su nombre y aunque gran parte de la sociedad no sea consciente, estas agrupaciones están conformadas por personas que realizan su trabajo de forma totalmente voluntaria. Son los que acuden a los accidentes o incendios cuando les activa el 112 Aragón sea la hora que sea o los que trabajan en fines de semana o festivos para controlar y ayudar en eventos sociales como marchas senderistas o desfiles de fiestas.

Un ejemplo es la agrupación de Andorra-Sierra de Arcos, que lleva todas las fiestas patronales controlando los eventos en la calle y realizando tareas como colocar y retirar el vallado. A su labor habitual se le une que la localidad lleva tiempo sin Policía Local, por lo que incluso en determinadas ocasiones están teniendo que suplir su labor cuando no son fuerzas del orden. «Ahora se ha reincorporado un agente pero como llevaba tanto tiempo de baja ya no se acuerda de las labores y es más que él el que colabora con nosotros que al contrario», explica Antonio Camacho, el presidente de la agrupación de Andorra-Sierra de Arcos.
Su caso es excepcional en la zona porque cuentan con 21 voluntarios, una cifra tan solo superada por la agrupación de Cuencas Mineras, llamada ‘Alto Martín’, con 55. Estos son los números de los activos en los registros oficiales del Gobierno de Aragón pero en el día a día son muchos menos los que están para todo. En el caso de la comarca andorrana el número se reduce a entre 10 y 12 voluntarios «más implicados». En esta zona, como explica Camacho, «están siempre atareados». Los municipios más grandes, Andorra, Ariño y Alloza, son los que más les llaman para las tareas preventivas pero las emergencias surgen en cualquier lugar. Por su cercanía, son además los primeros en llegar. «En Andorra hemos sufrido varios incendios de vehículos recientemente y cuando llegaban los bomberos ya los teníamos casi sofocados nosotros», destaca el presidente. Para ello cuentan con una flota de cinco vehículos con la que no cuentan el resto de comarcas. Salvo una antigua ambulancia que funciona como furgoneta, el resto son 4x4 con distintas funciones. Una pickup antiincendios, otra para echar sal…
Todas las agrupaciones cuentan con financiación de las comarcas, que es quien tiene la competencia; y del Gobierno de Aragón. La comarcal varía dependiendo de la zona, tanto en su cuantía como en su forma de concesión, por lo que es dispar según la zona; y la de DGA depende de cuatro criterios: superficie, población, número de voluntarios y los servicios del año anterior. Las agrupaciones deben justificar sus gastos y actuaciones, lo que eleva su carga de trabajo con la burocracia, una de sus principales reivindicaciones.
En el Matarraña son una docena pero su presidente, Pedro Sancho, calcula que como mínimo necesitarían a una persona por pueblo, 18, para llegar a toda la intensa actividad social de la comarca. Ahora contarán con un joven veinteañero de La Fresneda pero reconoce que «no es lo normal»: «a los que hacemos voluntariado nos dicen que estamos locos. Necesitamos jóvenes pero también jubilados que no saben a qué dedicar su tiempo».
En el Bajo Aragón Caspe tienen 14 inscritos pero son seis activos y cuatro trabajan, por lo que tienen limitado su horario. Estos números no son suficientes aunque intentan no decir que no a nada que ocurra en su comarca. También critican que la Comarca les trata como a otras asociaciones a la hora de recibir subvenciones pero en cambio les manda a todos los servicios y que con la fórmula de DGA se ven obligados a adelantar un dinero para gastos como el gasoil con el que no siempre cuentan.
Mucho mejor situación tienen en el Bajo Martín, con 17 voluntarios, aunque les «vendrían bien» dos o tres más. En su caso cubren todos los eventos pero su presidente, Miguel Fandos, pone el foco en que se tenga más en cuenta que por la comarca transcurre la línea de ferrocarril Madrid-Barcelona. «Igual que se tiene en cuenta la N-232, también el tren viendo que cada día hay problemas. En las reuniones siempre pido que se realice una captación de ropa y enseres. Este verano se quedó parado un tren en Escatrón y tuvimos que correr a recoger agua y algo de hielo», destaca Fandos.








se cobra un sueldo como en la cruz roja si es así me apunto
¿5000 € debe la agrupación del Bajo Aragón a la DGA??? Si no cobran… ¿de dónde sale este dinero debido?? Hasta donde yo sé, son los voluntarios los que adelantan dinero de gastos que luego, tras muchas pegas, abona la DGA, no me queda claro el asunto