El invierno ya ha encendido su cuenta atrás y con él vuelven las primeras heladas, las casas que huelen a leña recién quemada y el crepitar del fuego como banda sonora de muchas tardes. Pero ese calor que reconforta también puede convertirse en un enemigo silencioso. En solo dos años, Aragón ha registrado 185 incendios en viviendas con chimenea, una cifra que ha llevado a Protección Civil a activar una campaña urgente para evitar nuevos accidentes en los próximos meses.
Antes de encender el fuego, el primer paso es comprobar el estado general de la instalación. Es imprescindible asegurarse de que no haya grietas ni fisuras en la estructura de la chimenea ni en los conductos de evacuación del humo. Las fugas pueden provocar acumulación de gases nocivos o salidas de humo hacia el interior de la vivienda.
A continuación, se debe realizar una limpieza completa del hollín acumulado en el tiro o conducto. La falta de mantenimiento en este punto es una de las causas más habituales de incendio, ya que los residuos de combustión pueden arder si se acumulan en exceso. En caso de duda o si la chimenea lleva mucho tiempo sin uso, es preferible contactar con un profesional cualificado para que realice una revisión técnica.
Otro factor clave es la ventilación del espacio donde se sitúa la chimenea. La estancia debe contar con una entrada de aire suficiente para facilitar la combustión y evitar la acumulación de monóxido de carbono. También se recomienda no modificar la instalación original, ya que alteraciones no supervisadas pueden afectar a la seguridad del sistema.
Además, Protección Civil aconseja instalar detectores de humo, especialmente en viviendas antiguas o rurales, donde este tipo de calefacción es más común. Estos dispositivos permiten una reacción rápida ante cualquier anomalía y pueden marcar la diferencia en situaciones de emergencia.
En cuanto al encendido de la chimenea, debe hacerse de forma progresiva, calentando poco a poco el interior, sobre todo si ha pasado un largo tiempo desde el último uso. Encender un fuego fuerte de manera brusca puede dañar los materiales si están fríos y aumentar el riesgo de sobrepresión o fisuras.
Nunca deben utilizarse líquidos inflamables, como alcohol, gasolina o aceites, para iniciar o avivar las llamas. Este tipo de productos provoca reacciones incontrolables y genera gases muy peligrosos. También está prohibido quemar leña húmeda, verde o resinosa, ya que produce más humo, chispas y residuos. Del mismo modo, hay que evitar el uso de maderas tratadas o pintadas, que pueden desprender sustancias tóxicas al arder.
Por último, la carga de leña debe ser moderada. Aunque pueda parecer útil añadir más madera para mantener el calor, sobrecargar la chimenea dificulta el tiro y puede provocar llamas excesivas, chispas o retrocesos de humo. El fuego debe ser vivo pero controlado, con una cantidad justa de leña que permita una combustión estable y eficiente.







