«¡Qué alegría! ¡Ya funciona la campana!», dice José María Pina, subprior de la Quinta del 79, mientras va delegando tareas al resto de sus compañeros para dejar todo listo en Pueyos para el día grande el próximo nueve de septiembre.
El ritmo no cesa en el santuario porque cuando se hizo este reportaje quedaban menos de tres semanas y, aunque, no lo parezca, detrás hay mucho trabajo y una organización digna de estudio. De hecho, en la quinta del 79 es el martes el día elegido para subir hasta Pueyos y los lunes José María les manda un mensaje por el grupo que comparten, donde especifica lo que tiene que hacer cada uno al día siguiente. «Sobre las ocho de la mañana nos reunimos y ya empezamos con las tareas hasta que suena la campana que anuncia que son las 10.00, momento en el que degustamos lo que nos preparado los cocineros aquella semana», explica.
Pertenecen a la Quinta del 59 y tienen unas cuantas propuestas que quieren que se queden ya fijas para siempre. El cuatro de mayo, Día del Voto, fue la primera vez que se reunieron todos en Pueyos y allí ya adelantaron «que las ideas eran muchas». «Bancos ya no vamos a hacer más, pero ventanas igual sí», decía Carlos Bernús, prior de la quinta a los micrófonos de la ComarcaTeve.
Ya con las manos en la masa finalmente decidieron reparar los zócalos de la iglesia, desbrozar toda la parte exterior del santuario y, además, está previsto colocar una barandilla en la parte de la barbacoa para separar los campos de olivos de esa zona. «Creo que puede quedar muy bien», dice Pina, mientras adelanta que tiene en su cabeza otra idea «que todavía no puede explicarse», pero, que asegura «va a cambiar por completo el santuario». A todo ello, se añaden las tareas de conservación del espacio y también la apertura cada día de la iglesia y recarga de velas, ya que la monja que lo hacía anteriormente ya no está en Alcañiz.

Las horas siguen pasando y desde que empezó la jornada ya casi han completado las dos horas. Los quintos -que ese día estaban unos 30- continúan con las tareas, pero en Pueyos ya se empezaba a oler lo que tocaba ese día para almorzar. «Hoy han venido muchos porque vieron el menú ayer» (ríe). Esta vez era una buena ración de dos huevos fritos por persona y patas paja fritas. Las dos mesas ya estaba preparadas también y no faltaba el pan, agua y, por supuesto, botellas de vino, para acompañar el tentempié. También estaban allí los quintos del 78, que, aunque la eucaristía del Día del Voto sirvió como despedida, siguen acudiendo al local del Pozo y ese día preparaban su propio almuerzo.
Tocaron las 10.00, pero antes de empezar a hincar el diente, todos posaron para La COMARCA para la tradición foto que puede verse en este reportaje. Ya con todo hecho, ahora sí, para dentro a dar el visto bueno a los dos cocineros, que ya «se han ganado el respecto del resto». Juntos dejarán huella en Pueyos, al igual que lo han hecho el resto de quintas y el martes tocará enseñar a todos los alcañizanos lo que cada martes con buena letra han ido construyendo y rehabilitando con precisión, minuciosidad, y sobre todo, ilusión y orgullo, que a muchos «ya no se les olvidará».








