Rafael Mateo Alcalá (Alcañiz, 1959) es el pregonero de las patronales. Ya tiene experiencia ya que leyó el pregón de la Semana Santa de 2007. Ingeniero industrial de formación, comenzó como becario en la Térmica y llegó a ser su director. Se hizo cargo de todo el negocio de Latinoamérica de Endesa y desde 2010 trabaja en Acciona, donde es el CEO del negocio de Energía del grupo multinacional y se ha erigido como uno de los principales líderes mundiales empresariales en la transición hacia la producción de energía mediante fuentes renovables.
Nació y vivió en Alcañiz hasta que se marchó a estudiar a Zaragoza, ¿qué recuerda de su infancia?
El escenario de los alrededores de la casa familiar, que aún conservamos. Está situada en la plaza del Mercado y da a la calle Alejandre, donde mi padre regentaba en el número 7 una tienda, La Textil. Actualmente se sitúa una agencia de viajes. Fuimos cuatro hermanos y nos pasamos la infancia en la plaza y alrededores. Era una niñez muy distinta, no había casi coches, sí taxis aparcado en la puerta del Mercado primero y después en la de la plaza. Íbamos en bici y jugábamos a los pitones por los adoquines en la puerta de la Iglesia o en la del Ayuntamiento. En verano pasábamos largas sentadas por la noche en el banco de la plaza o en el de los Aburridos, en la plaza del Teatro. Alcañiz era otro y había más libertad para jugar por las calles. Recuerdo que subíamos a las ruinas del Castillo a tirarnos piedras en bandos unos contra otros. Estudié la primaria en Escolapios y el Bachiller en el instituto, creo que fue el primer curso del instituto de enseñanza media.
Y como tantos otros, después se marchó a estudiar fuera.
Me fui un poco antes de los 18 a Zaragoza. Estudié Ingeniería Industrial en la Escuela de Ingenieros de Zaragoza y al día siguiente de terminar la carrera, con 22 años, tuve la fortuna de encontrar trabajo, eran otros tiempos. Fue en la Central de Andorra, donde estuve del 82 al 97, 15 años. Entré de becario y llegué a ser el director durante los últimos años. En aquella época el contacto con Alcañiz era más habitual, veníamos muchos días a comer, cenar o a pasear por las tardes. Después me trasladé con Endesa a Madrid y allí fui responsable de todas sus centrales durante dos años; y después me marché a Santiago de Chile para encargarme de todo el negocio de la empresa en Latinoamérica. Allí estuve 11 años y nacieron mis dos hijas pequeñas. Toda la familia tenemos pasaporte de Chile. Después regresamos a Madrid y en enero de 2010 dejé Endesa y me incorporé a Acciona.
Estuvo en los años del boom de Andorra y la Central, ¿cómo valora su cierre en junio del próximo año?
Mi primer contacto con la Villa Minera fue cuando aún no había terminado la carrera con una beca de verano a los 19 años, entonces estaba en construcción. Ya en el 82 empecé a trabajar. Era el inicio de la puesta en marcha de la Térmica, los años álgidos. Era una industria fantástica desde el punto de vista tecnológico, para cualquier ingeniero era lo máximo trabajar en ella. Era la industria con la tecnología más novedosa de Aragón pero las cosas cambian, la tecnología y las formas de trabajar. Es un final conocido desde hace 40 años pero siempre complejo porque afecta a personas pero en cuatro décadas se han podido, o se han debido, de planificar algunas soluciones.
«La Central fue una industria fantástica pero los tiempos cambian y su final es conocido aunque difícil porque afecta a personas»
¿Cuál es su relación actual con Alcañiz?
Vivimos en Madrid y yo viajo muchísimo. Prácticamente todas las semanas estoy fuera de Madrid y, muchas veces, de España. Tenemos dos citas obligadas con Alcañiz, Semana Santa y Nochevieja. El miércoles por la noche ya estamos aquí, es una fiesta obligada. Participamos en el Nazareno y a tocar el tambor, mis tres hijas salen de baturras en la procesión del sábado. También venimos la noche de fin de año para reunirnos con la familia.
¿Ha transmitido Alcañiz a sus hijos?
Tengo cuatro hijos y los dos primeros son aragoneses y los dos últimos, chilenos. No aprendieron de pequeños pero los cuatro tocan el tambor porque siempre lo han oído y vivido. Este año salieron en las procesiones y tocaron. Para ellos venir a Alcañiz es una devoción, no una obligación.
«Para mis hijos venir a Alcañiz es una devoción. Viajamos en Semana Santa desde el miércoles y en Nochevieja»
¿Qué significa ser pregonero de las fiestas de su pueblo?
Un inmenso honor y orgullo. Cuando me llamó el alcalde, Ignacio, fue una agradable sorpresa. También supone una gran responsabilidad porque debo hacerlo bien ya que me estará escuchando mi madre y en estas cosas las madres no perdonan (risas). He dedicado el mes de agosto en la playa para pensar qué explico. Ya fui pregonero de la Semana Santa en 2007. Entonces vivía en Chile y me llamó el por entonces alcalde Carlos Abril. Cuando vives fuera que se acuerden de ti en tu pueblo y te llamen para dar el pregón es una gran satisfacción.
Desde su visión, ¿cómo ve Alcañiz?
Casi siempre las cosas desde fuera se ven mejor que desde dentro. Desde aquí hay una tendencia natural a ser mas crítico pero viniendo dos veces al año y en una de ellas aprovecho la procesión de los tambores o el Nazareno para dar toda la vuelta y ver todo; pues no cabe duda que Alcañiz cada vez está mejor. Recuerdo cuando veníamos al Castillo a tirarnos piedras porque no era nada y hoy es un lugar fantástico. El Parador, la plaza, la Torre Gótica,… no solo en cuanto a restauración del patrimonio también destaco la hostelería, el turismo, el ocio… Tengo muchos amigos de Madrid que me llaman porque vienen a pasar un fin de semana aquí y me piden recomendaciones. Alcañiz está en el mapa. Hay restaurantes en Madrid donde en la mesa colocan aceite de las Reales Almazaras de Alcañiz, algo bien sorprendente. Desde dentro se puede ver en un sentido mas crítico pero desde fuera se ve que Alcañiz evoluciona. Cada vez hay mas riqueza, industria, grúas, edificios, comercio, actividad,… esta mañana era imposible entrar por el tráfico. Es el centro neurálgico de la comarca y, cada vez más, el nivel de vida es superior.








Bien dicho, en 40 años cobrando de Endesa el ayuntamiento hubiese podido invertir más en el pueblo, pero es muy bonito cobrar muy bien y jubilarse pronto con una buena paga,