Raquel Ibáñez acude a diario al laboratorio en Zaragoza desde Híjar, donde reside. Lo hace en el tren que conecta el Bajo Martín en La Puebla de Híjar con la capital aragonesa. En la ciudad residió desde que comenzó la carrera universitaria hasta que consiguió una beca en investigación que le permitió unos años de estabilidad y regresar al pueblo, "que es lo que quería". Dedica el día a día a investigar en cáncer y le apasiona lo que hace, aunque nunca tuvo claro qué quería estudiar. Sólo sabía que haría ciencias, que era lo que desde pequeña le había gustado y le seguía gustando. Cada día es distinto en el laboratorio donde investiga la aplicabilidad de fármacos que crean a partir de proteínas, entre otras muchas cosas más. De hecho, el grupo tiene la patente de una proteína con la que trabaja y ella figura como una de las inventoras. "Es un orgullo", sonríe.
Cuando se cruzó en su vida la Bioquímica no se lo pensó y se matriculó. Ya obtuvo el Doctorado en Bioquímica y Biología molecular y celular en 2021, ha hecho todos los másteres y cursos que ha podido y sigue haciéndolos. Es consciente de que no todas las niñas lo tienen tan claro aunque sientan que esa sea su vocación y por eso el pasado martes lideró, junto a la urreana Rebeca Sanz Pamplona, el Día Mundial de la Mujer y la Niña en la ciencia. Ambas, que comparten muchos trayectos en tren, trabajaron juntas en una jornada coordinada por la DPT que se retransmitió desde Urrea de Gaén a todos los colegios de la provincia de Teruel. "Siempre que he podido y me lo han pedido he participado en charlas o actividades de este tipo. Lo del martes es importante con los niños porque se trata de despertar vocaciones y las chicas tienen que ver que ellas también pueden dedicarse a esto", añade.
Fuiste una de las dos científicas que acercaste este mundo a escolares de los colegios turolenses. ¿Las niñas siguen dudando?
Sí, aunque espero que cada vez menos. De pequeña veía a científicos en la tele y eran todo hombres pero yo no me fijaba en eso, sólo quería hacer eso que hacían. Pero sí hay muchas niñas que dudan y las estadísticas dicen que así sigue sucediendo, así que, es necesario este tipo de actividades. Hemos avanzado muchísimo en general en todos los ámbitos, pero queda mucho por hacer. Arrastramos cosas antiguas y el camino es seguir inculcando la igualdad en todos los ámbitos hasta alcanzarla.
¿Qué reflejan esas estadísticas?
En carreras como la mía había más chicas que chicos pero luego a los puestos de mando llegan más los hombres. Mi impresión personal es que es la mujer la que sigue siendo la que antes renuncia al trabajo en caso de tener que elegir. Hay que soportar también presión de publicar constantemente, de salir al extranjero, precariedad… Esto va cambiando, pero sigue sucediendo como una de esas cosas que digo que seguimos arrastrando del pasado.
¿Cómo empezaste tu carrera?
Nunca tuve una idea clara, me dejo llevar y es un poco mi personalidad en todo. Lo único que tenía claro era que me gustaba la ciencia desde pequeña. Quise estudiar Farmacia pero sólo estaba en la privada o lejos de casa, pero descubrí Bioquímica y entré. Soy la segunda promoción en Zaragoza y me encantó porque tiene mil ramas que aprendes. ¡Me gustaban tantas asignaturas…! (ríe). Ahora estoy con una beca de las que solo salieron cuatro, así que, si mis méritos me han traído hasta aquí la estoy aprovechando al máximo. Se me termina en octubre, así que, con más razón.
Has mencionado la precariedad. ¿Sigue siendo un sector muy castigado? Hacéis un bien común.
Sí, pero a veces parece que como ese bien es a largo plazo se puede prescindir y no. La ciencia es cara, requiere de inversión. Siempre estás enlazando becas, contratos, el paro… Yo no me quejo porque no me ha ido tan mal y eso que entre unos y otros contratos he trabajado de otras cosas ajenas a este sector. Con la beca pude volver al pueblo y no estar atada a Zaragoza.
Eres de Albalate y resides en Híjar. ¿Se puedes combinar con el laboratorio?
Voy y vengo con el tren, sobre todo. Con el abono gratuito es una maravilla y te evitas todo el gasto de gasolina y de aparcar en el centro de Zaragoza. Me organizo con mi jefe para cubrir todas las horas y no hay problema.
¿En qué trabaja el grupo?
Depende de la época. Durante un tiempo nos dedicamos a producir proteínas recombinantes, que es lo que usamos como fármacos. Las hacemos en bacterias o en levaduras, luego las purificamos y esas proteínas es lo que usamos para testar como fármaco. Primero lo hacemos sobre células tumorales que tenemos nosotros. Están en cultivo porque si les das de comer son inmortales, y las congelamos para testar si el fármaco que hemos hecho mata.
¿En uno o en varios?
Tenemos varias líneas que células tumorales: pancreas, colon… y de esos mismos tipos de tumores, varias células con sus características y marcadores. Eso te va dando pistas del mecanismo de acción de cómo va a actuar ese fármaco. Aparte tenemos la parte de inmunología, que no es un tratamiento que mata y ya vale; nosotros queremos un tratamiento que vaya dirigido hacia las células tumorales y que no ataque a las sanas. Una vez comprobado todo esto y muchas más cosas vamos con ratones, los ensayos preclínicos.
¿Frustra no ver el resultado deseado?
No, porque haces tus hipótesis y luego sale otra cosa pero te plantea otra vía para indagar por qué puede pasar eso… Siempre hay algo que te sorprende, a mí me encanta. Y si ya se pudiera investigar más cerca del pueblo, sería la panacea (ríe).
Lo bueno de ir dejándose llevar es que no cierras puertas a nada...
Hay muchas cosas que me gustan, como la enseñanza. Estoy dirigiendo un trabajo fin de máster y dirigí otro a un estudiante de la universidad de Turín. La dualidad de enseñar mientras investigas me gusta mucho, me da mucha satisfacción poder transmitir lo que sé en habilidades y conocimientos. En cuanto al grupo, como nunca sabes dónde seguirás, al menos que quede un legado y que quien entre siga esa investigación.
¿Cuándo se encontrará la cura del cáncer? Es la eterna pregunta.
El cáncer es algo dinámico porque las células que han sobrevivido son resistentes. Yo apuesto mucho por la combinación, porque por cuantos más frentes ataques a la célula tumoral más probabilidades hay de que muera porque no todas son iguales. Al 100% creo que es imposible eliminarlo, pero hay que seguir investigando porque cada año avanzamos mucho. Hay más casos pero se consigue que la gente viva más y con más calidad de vida. Ahora se analiza mucho el tumor y se aplican tratamientos casi personalizados. Pero es que todo depende de muchos factores porque hay tantos cánceres como personas, no hay dos cánceres iguales, y dentro del mismo cáncer no hay dos células iguales.









Qué gusto da leer a esta chica tan humilde y con tanta sabiduría. Eres muy grande Raquel.