Durante cuatro días, 15 artistas han trabajado por dejar su estilo, su habilidad en el trazo y sus reflexiones plasmadas en los muros de Caspe. Pero sin duda, de estas cuatro jornadas, la actitud que más han reflejado ha sido la del compañerismo. A mitad de la mañana del domingo, unas horas antes de que acabase el plazo de finalización de las obras murales, dos de las ilustraciones no estaban todavía terminadas. Sin embargo, en ellas se podían ver las manos de los artistas que ya habían finalizado su trabajo dando pinceladas para ayudar a sus compañeros muralistas. Este mismo compañerismo se percibió también enormemente en la entrega de los premios, momento en el que se vio la felicidad compartida y el apoyo a los ganadores del primer certamen de pintura mural «Galería Cincuenta700» de Caspe.
La obra que quedó en primer lugar fue la que pintó la artista Anna Repullo en el parquin de la avenida Joaquín Costa, con un premio de 1.500 euros. Su ilustración muestra a dos mujeres en un plano medio en blanco y negro. Una de ellas lleva en brazos a su hijo, mientras que la otra sujeta una olla. Cada una dirige su rostro hacía direcciones contrarias, pero ambas hipnotizan del mismo modo. «La mirada de la segunda mujer parece real, es cautivadora», señalaron algunos vecinos durante las visitas guiadas por los distintos murales. Esta artista trabajó durante incansables horas para sacar adelante la obra. De hecho, el jueves, la primera jornada del certamen, ya se podía ver prácticamente terminada una de las dos figuras.
El segundo premio del certamen, de 1.000 euros, fue para María Barrachina y Silvia López, con su mural en la calle Alcañiz. Estas dos artistas aprovecharon el entorno en el que pintaban, un parque infantil, para dar rienda suelta a la imaginación y la creatividad y así representar un mundo de fantasía. Con ese fin, unieron el estilo de ambas: lo naïf y urbano se fusionó con el realismo y la fantasía. Las dos artistas quisieron destacar, en la explicación sobre su obra, su faceta de madres y la importancia que tiene para ellas la fantasía y dejar volar la imaginación, principalmente en los más pequeños.
Además de estos dos premios, hubo dos menciones para artistas estudiantes, de 500 euros cada una. La segunda fue improvisada en último momento. La primera mención fue para Laura Merayo e Irene Remón, quienes plasmaron un huerto con una persona trabajando en él. A este respecto, hicieron mención en la importancia de consumir productos locales. «También queremos recordar la huerta que había hace años en Caspe», señalaron las artistas. Asimismo, las dos estudiantes de Bellas Artes presentaron la obra y posaron en todo momento junto a cinco niños que residen en las inmediaciones del Parque José Antonio Labordeta, emplazamiento del mural, y que les ayudaron en la ejecución de la misma.
La segunda mención para estudiantes fue para Alba Lucia y Clara Romeo, por su ilustración de un mercado inclusivo. Este segundo premio fue una incorporación de último momento por decisión del jurado y del Ayuntamiento de Caspe por «los problemas y contratiempos que han tenido para realizar la obra». En el mercado de Lucia y Romeo aparecen productos del territorio como las olivas y sus derivados o los melocotones. Pero también aparece un niño negro con un dispositivo de detección de glucosa en el brazo y una niña con un implante coclear.
Además, de estas cuatro obras premiadas, participaron seis murales más. Uno de ellos, el de la calle Huerta Herradura, del artista Helder Cavalcante, hace mención a la tradición aragonesa, ya que en él aparecen varios cachirulos y un par de bandurrias. Pero también hubo lugar para el arte abstracto, como fue el caso de las pinturas de la calle Teruel, de Susana Juárez, o del parquin de la calle Hospital, de Daniel Vera. Este último utilizó dicho estilo para enmarcar un amanecer en el Mar de Aragón. El arte abstracto y figurativo también fue el estilo empleado por Elia Estévez, quien plasmó las formas y colores del río Ebro en el parque José Antonio Labordeta.
Por su parte, el estilo realista no solo triunfó de la mano de Anna Repullo. También fue el estilo utilizado por los artistas Oriol Arumí, Ingrid Tost y Sam Álvarez, quienes plasmaron una imagen de una madre dando el pecho, delante de un fondo de fábricas y humo, en la calle Cantarranas. «Hemos querido mostrar la naturalidad del ser humano frente a la industrialización, aunque se pueden hacer muchas interpretaciones», explicó Arumí ante el asombro del público, quien no tardó en mostrar su agrado con un gran aplauso.
«Yo siempre pinto mujeres porque me empecé a dibujar y pintar para entenderme a mí misma y eso es justo lo que quiero reflejar en mi mural, la introspección con uno mismo», reconoció la artista Alba Bla en la explicación de su obra ubicada en la calle Teruel. En ella aparece una mujer con los ojos cerrados junto a una luna en un fondo negro. Pero, además, la ilustración lleva consigo dos reflexiones: «A veces se me olvida respirar profundo» y «Desconectar del mundo y perderme en mi universo».
Más allá de estas 10 obras que participaron en el certamen, hubo un mural más que no entró en la competición pero que sorprendió de igual modo al público de las visitas guiadas. Este mural lo realizó la artista Marta Zapata. Sin embargo, pintó fuera del concurso, dado que su incorporación fue de última hora ya que el espacio, en la plaza Besteiros, se le había designado a una artista que finalmente no pudo acudir a la cita. Zapata una alusión al cartel americano «I want you» en el que aparece el Tío Sam señalando al espectador y llamando a los estadounidenses para ir a la guerra. De igual modo, la artista captó la atención del público a través de un arlequín que señala al espectador y debajo del cual aparece el emblema «We want u for the arts» (Te necesitamos para las artes). Este homenaje al arte estaba acompañado de figuras que practicaban disciplinas de las diferentes ramas artísticas.





















