Daniel Remón (Madrid, 1983) presenta su segunda novela 'Ciencia ficción' (Ed. Seix Barral) este jueves 23 a las 20.00 en Santos Ochoa en Alcañiz, tierra a la que le unen lazos familiares. Tiene una dilatada carrera como guionista y un Goya a Mejor Guion Adaptado por 'Intemperie'.
'Ciencia ficción' parte de una experiencia personal, pero ¿cuánto hay de autobiográfico en la historia?
Parte de la experiencia personal porque escribo desde ahí normalmente, es algo que me sale solo, pero luego con el proceso de escritura cada vez me voy alejando más y más de cosas que directamente me hayan pasado a mí. Tiene más que ver con cosas que le han pasado a gente que conozco, situaciones que me rodean o libros que he leído. Creo que al final uno pone de su experiencia casi sin darse cuenta pero es una novela y es ficción.
Aquí no hay capítulos pero sí una estructura en géneros como el romanticismo, el ensayo o drama. Empezando ya por el título.
El narrador es un guionista que ha sido muchos años profesor en una escuela de cine y ha hablado mucho de estos géneros. Más que una historia de amor, la novela es una historia de un relato de un recuerdo, de cómo recuerdan uno y el otro y también de cómo recordamos frente a lo que imaginamos porque son cosas que se van mezclando. En ese recuerdo van apareciendo flashes o pedazos de una historia que más o menos van encajando en distintos géneros y algunas cosas nos parecen más cómicas, otras más trágicas según lo recordamos. Al final, los géneros son simplemente formas de acotar o de meter las experiencias en una caja, formas de mirar. Creo que encajaba bien en la novela esta forma de contarla.
En la vida tendemos a comparar las situaciones con las series, películas y en el libro hay varias referencias.
Sí, cada vez más estamos rodeados de eso que se llama contenido y estamos todos todo el rato consumiéndolo. Sobre todo, viendo series más que otra cosa. Es inevitable que tengamos todos en la cabeza ese tipo de ficciones tanto literarias como cinematográficas. Cuando conoces a alguien ya no vas a esa relación digamos limpio en el sentido de que no tienes otras experiencias en la cabeza porque constantemente estamos comparando aunque no queramos. Comparamos con otras cosas que hemos visto o que nos gustaría vivir.
¿Este consumo de contenido influye en crear unas expectativas a la hora de iniciar una relación? Se ha vendido el concepto de amor romántico, por ejemplo, pero luego la vida es otra cosa o debería serlo.
La vida real es otra cosa y en una pareja creo que siempre los dos tienen muchas expectativas sobre el otro por lo que generamos mucha presión sobre el otro, sobre nosotros mismos y sobre la idea de pareja. Creo que tiene que ver con el amor romántico y estas historias que nos han contado desde que somos pequeños de que a veces el amor tiene que ser la solución a todas las cosas o de que nuestra relación tiene que ser para siempre o si no lo es, fracasa. Toda esa presión que colocamos sobre la idea del amor creo que seguramente es perjudicial para nosotros o que nos lleva a no vivir la experiencia en el presente.
En el libro se hacen muchas referencias a redes sociales y, sobre todo, a películas, y lo hace abarcando a muchas generaciones. Creo que cualquiera que se adentre en este relato se verá reflejado en algo o sonreirá con alguna película. ¿Lo consideras así?
Me alegra pensar que sea así. No ha sido algo demasiado deliberado pero es verdad que empecé a ver películas siendo muy pequeño. Mi primera pasión y mi primer amor es el cine antes que la literatura. Veía mucho y sigo haciéndolo pero ya no tanto, y era una fascinación. Creo que sí, que se habla de muchas películas desde los años 30 hasta, de repente, una forma de enfrentar una relación un poco más de una forma más actualizada o eso que se llama relaciones abiertas, redes sociales… La idea es que casi todo el mundo que haya estado enamorado o haya tenido algún tipo de vínculo sexo-afectivo pueda verse de alguna manera en el libro ya sea en él, en ella o en un punto entre ambos.
Tocas también el tema del duelo y, además, de manera tan cercana como es la pérdida de los padres y en este caso en edades tempranas. ¿Cómo te marca?
El tema del duelo es algo que fue surgiendo durante la escritura. Yo al principio quería hablar de una historia de amor o más bien de la memoria de un amor, y como está contado desde el punto de vista del narrador, ahí hay un agujero, un fantasma que de alguna manera es el personaje de Jimena y un poco la novela que ella podría haber escrito. Hay una ausencia y fue apareciendo también el fantasma del duelo porque aunque no quiera, sigo escribiendo de eso y la muerte de mi madre y de la de mi padre más tarde aparecen en casi todo lo que escribo. A veces es a mi pesar, pero están ahí.
Sin embargo, no suena trágico, lo combinas con toques de humor.
Me gustan y me interesan los libros que tienen cierta ligereza. En el caso de ‘Ciencia ficción’ estoy hablando de una pareja que se conoce, vive un tiempo juntos y se separan, es decir, que no hay nada aparentemente más o menos traumático que lo que podemos vivir cada uno en cualquier relación y me parecía casi obligado hablar de eso con ligereza y con humor. Creo que esos momentos se mezclan todo el rato en la vida, lo que es humorístico y lo que es dramático. Me gustaba también esa contraposición y narrar la novela en géneros cuando la realidad no viene en géneros, somos nosotros los que vamos colocando las cosas en algún lugar para tratar de entenderlas.
Seguro que mucha gente se ve reflejada en palabras o expresiones que empleas. Son toques sutiles.
Me encanta que la gente sonría leyendo la novela, también yo me he reído escribiéndola.
¿Ser guionista y escritor va unido o lo separas? Entiendo que hay mucho de guionista en tus libros.
Sí, al final es mi oficio y la forma en la que me gano la vida desde hace veinte años. Soy guionista, he escrito muchas más películas y series que literatura, pero en un momento dado de mi carrera sentí que me faltaba algo o que quizá las pretensiones que tenía con respecto al lenguaje no se cumplían en el cine donde todo depende de mucha más gente, de financiación, de que haya directores y un largo etcétera. Tenía muchas ganas de escribir algo que dependiera únicamente de mí, algo que desde el principio hasta el final fuera mío. Cuando has escrito muchas películas te das cuenta de que muchas veces se caen por el camino, se quedan en otra cosa o no se llegan a hacer porque hace falta dinero, sobre todo. Escribir es gratis, puedes escribir lo que quieras, son palabras y se pueden construir mundos de forma gratuita, con muy pocos medios y eso me parece algo muy interesante de la literatura que cada vez me gusta más pero intento compaginar las dos actividades.
Con pocas palabras construyes una escena al lector. Mano de guionista, supongo.
(Ríe) Me alegro de que sea así. El oficio te enseña cuestiones que tienen que ver con la estructura de narrar una historia desde la forma más clásica hasta la más compleja, y hay fórmulas que se tienen más o menos muy asumidas cuando uno ha hecho bastantes guiones. Luego está eso: que aprendes a economizar porque en cine cada palabra cuesta dinero. De alguna manera tiendes a condensar y me parece una virtud, aunque luego hay otras cosas que me pueden parecer defectos.
Vienes a Alcañiz este jueves 23 y creo que vienes a una tierra donde tienes algunos vínculos. ¿Qué hay de cierto?
(Sonríe) Sí, así es. Con Alcañiz en concreto no, pero tengo algunos vínculos familiares en el Bajo Aragón. Uno es a través de Julián Casanova y sí que veo a mucho en Madrid a su hijo Miguel porque los dos primos nos dedicamos al guion. Al menos un par de veces al año voy a Aragón pero nunca he estado en Alcañiz y tengo muchas ganas. Tengo sangre aragonesa porque mi padre era de Sofuentes, un pueblecito junto a Sos del Rey Católico, y mi madre era de Ariza.
¿Y venir a rodar a la provincia de Teruel es posible? Esta tierra está en pleno apogeo.
Cierto es. Eso me cuentan aragoneses con los que he trabajado en Madrid. Ojalá, pero yo escribo y todo lo que pase luego ya sí que no depende de mí.







