El sueño de muchos triatletas se hizo realidad este fin de semana para Roberto Ruiz, oriundo de Andorra. Ruiz viajó hasta la icónica isla de Kailua-Kona, Hawái, para participar en el prestigioso IRONMAN World Championship. Allí, se enfrentó a más de 2.400 atletas de 85 países, todos clasificados en pruebas previas celebradas en distintos rincones del mundo. Esta histórica competición, que regresó a la isla tras celebrarse la edición masculina del año pasado en Niza, retomó su recorrido tradicional: casi cuatro kilómetros de natación, 180 en bicicleta y un maratón de 42 kilómetros. Para Roberto, este viaje no solo fue la culminación de años de esfuerzo, sino también un reto físico y mental que dejaría huella.
Desde el otro lado del Atlántico, y con la satisfacción de haber cumplido su objetivo, Roberto reflexiona sobre su experiencia. «La verdad que estoy muy contento. Disputar el campeonato del mundo en Hawái es el sueño de cualquier triatleta, y para mí ya era un regalo el solo hecho de estar aquí. Terminar en el puesto 18 de mi grupo de edad y 54 entre todos los participantes amateur es algo que nunca olvidaré», comparte con una sonrisa que atraviesa el teléfono, evocando el eco de los aplausos que aún resuenan en sus oídos.
Prepararse para el desafío
Roberto no oculta el esfuerzo que ha supuesto esta travesía. Tras haberse clasificado en 2022, ha tenido que esperar más de lo previsto debido a la decisión de trasladar la edición anterior a Francia. «Había muchas ganas acumuladas. El año pasado no se pudo celebrar aquí, y eso hizo que este viaje tuviera un sabor más especial. Venir a Kona, después de tanto tiempo, era casi una necesidad», expresa.
La preparación para el desafío ha sido rigurosa, como lo exige la mítica prueba hawaiana. Ruiz ha ajustado cada aspecto de su entrenamiento para enfrentarse a las duras condiciones de la isla. «Es difícil simular el calor y la humedad de Kona en España, pero hice todo lo posible por prepararme. Entrené en interiores, con calefactores y humidificadores, para acostumbrar mi cuerpo a esas temperaturas extremas. Aun así, la isla siempre te pone a prueba; es parte de su encanto y su dureza», explica. Y es que Kona no perdona: sus campos de lava, el calor abrasador y los vientos impredecibles convierten cada kilómetro en un desafío constante para el cuerpo y la mente.
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La batalla mental y física
A lo largo de la carrera, Roberto vivió momentos de todo tipo. Desde la natación en las aguas cristalinas de la bahía de Kailua, que describe como «una experiencia increíble», hasta el maratón final, donde sintió que peleaba no solo contra el cansancio físico, sino también contra el agotamiento mental. «Los primeros 20 kilómetros fueron bien, pero luego salimos a la autopista, a correr entre campos de lava. Allí no hay público, es un tramo largo y solitario, donde solo estás tú y tu mente. Es fácil dejarse vencer por la fatiga, pero sabía que no podía rendirme», relata, evocando la soledad de aquellos minutos en los que el mundo parecía desvanecerse bajo el sol implacable de Hawái.
El viaje hacia Kona no estuvo exento de complicaciones. Ruiz cuenta que perdió parte de su equipamiento durante el trayecto, lo que añadió un extra de nervios a los días previos a la competición. «Nos perdieron la maleta donde llevaba piezas importantes para la bicicleta. Fueron dos días de mucho estrés, pero por suerte, todo llegó a tiempo y pude montar la bici para entrenar», recuerda. Aun así, la presencia de su pareja, Raquel, a su lado fue fundamental para afrontar las dificultades. «Siempre viajo con ella. Su apoyo es indispensable, y verla en la meta fue lo mejor del día», transmite con sinceridad.
Kona, la isla que nunca duerme
El ambiente que se respiraba en Kona era único, casi mágico. «La isla se transforma durante el Ironman. Desde las seis de la mañana hasta la noche hay gente corriendo, pedaleando, entrenando. Es impresionante. Y los voluntarios, nunca había visto algo así: siempre con una sonrisa, incluso después de horas de trabajo», comenta, subrayando la energía contagiosa que se vive durante esos días.
Para Roberto, estar en el Mundial de Ironman no era solo una meta deportiva, sino una experiencia de vida. «Es la Meca del triatlón, el lugar donde se han vivido las batallas más épicas. Poder estar aquí, competir y medirme contra los mejores del mundo es algo que siempre había soñado. Más que un resultado, es una sensación de orgullo y agradecimiento», culmina
Después de la batalla, el descanso
Tras meses de ardua preparación y sacrificio, el triatleta andorrano planea ahora un merecido descanso. «Me ha costado un año de entrenamiento constante llegar hasta aquí. Ahora quiero tomarme unas semanas para descansar, disfrutar de otras actividades y compartir más tiempo con mi familia», alega.
La historia de Roberto Ruiz es la de un apasionado por el triatlón que ha sabido hacer realidad un sueño, enfrentándose a uno de los retos más exigentes del mundo deportivo. Con humildad y dedicación, ha demostrado que el esfuerzo y la perseverancia siempre encuentran su recompensa en la meta. Aunque no descarta regresar algún día a la isla, por ahora su próxima aventura es tomarse un respiro y disfrutar del momento. «Kona siempre estará aquí, y espero que yo también», concluye.








La maquina total!!!
Bien por el andorrano, algo positivo para el pueblo después de tantas cosas negativas.
Tu sacrificio es tu recompensa en la meta.enhorabuena.
Enhorabuena campeón tu si que vales. Esto si que es llevar a Andorra a los confines de la tierra, muchas gracias.