El eclipse total de Sol es uno de esos fenómenos sobre los que no ha faltado información y desinformación. La ciencia no se libra de los bulos y noticias falsas que impactan en el día a día al público general, y ante ello la labor de profesionales como la periodista Rocío Benamente, que suma una trayectoria de más de diez años trabajando en periodismo científico, es clave. Benavente, además, creó en 2018 y coordinó durante cuatro años la sección Maldita Ciencia de la Fundación Maldita.es. Actualmente, es adjunta de dirección y coordinadora de estrategia de sostenibilidad y desarrollo en la entidad. Además, asistirá como participante al VIII Curso Nacional de Periodismo Especializado de Alcañiz con un taller sobre cómo trabajar bulos en situaciones de emergencias y crisis.
Parece que la ciencia es objetiva y que la información debería ser más confiable pero, ¿hay muchos bulos?
Hay muchísimos bulos. La ciencia es un área de la sociedad y de la actualidad, como puede ser la economía, la política o el deporte; en la que aparecen bulos siempre que hay algo que centra la conversación pública. Parece que la ciencia es muy objetiva, pero es una actividad humana como todas. Tiene sus riesgos, sus conflictos de intereses y su negocio alrededor. En este campo, la pandemia fue un evento que, primero, atrajo mucho la atención de todo el mundo y en el que hubo un proceso de polarización y tensión social.
¿Es más complicado para el público detectar la desinformación?
Sí. Es muy fácil adoptar un lenguaje que parece científico para decir cosas que quizá no sean ciertas y eso hace muy complicado para la mayoría de la gente poder diferenciar lo que sí es legítimo de lo que no. Cuando alguien utiliza esa terminología para desinformar nos cuesta más darnos cuenta que en otros campos donde sí estamos más familiarizados con los conceptos.
La Inteligencia Artificial está propiciando también la creación de contenido destinado a difundir bulos…
La IA es una herramienta que ha hecho que desinformar sea mucho más fácil y barato, pero no ha inventado técnicas nuevas. Hemos visto vídeos que utilizan a personas entrañables, mayores, expertos e, incluso, médicos generados con Inteligencia Artificial que, en otro momento, habría llevado más tiempo crear. Lo que ocurre es que están llegando a mucha gente y el contenido cada vez está más perfeccionado. Me acuerdo cuando decíamos que había que contar los dedos de las manos porque la IA se liaba pintándolos y ponía de más. Ahora, ya lo hace perfectamente.
Si cada vez el realismo es mayor, ¿cómo vamos a poder distinguir los bulos que está impulsando el contenido creado por IA?
Volviendo a los básicos porque que estés viendo algo en una foto o en un vídeo no significa que sea verdad y es muy difícil encontrar en el propio contenido algo que te ayude a darte cuenta. Ante esto, hay que rastrear de dónde ha salido, quién lo ha emitido, dónde se ha publicado… Ese tipo de cosas que siempre han estado para comprobar los contenidos.
Desde Maldita.es, ¿se ha detectado si la IA está generando más desconfianza entre el público?
La Inteligencia Artificial ha sido para mucha gente una cura de humildad porque quien creía que no se la podían colar, se está dando cuenta de que eso ya no es así. A todos nos pueden colar algún bulo a poco que nos despistemos. Esto está bien porque quiere decir que nos hace conscientes de que el mundo mediático y digital es complicado y hay que estar un poco atento. Sin embargo, por otro lado, está teniendo un efecto que ya existía antes y que ahora se está potenciando que es el de “bueno yo por si acaso no me creo nada”. Ese escepticismo está muy bien y es necesario ejercer ese pensamiento crítico, pero también deberíamos poder diferenciar a quién creer y a quién no. Es decir, dar valor a las fuentes que son fiables, sólidas, oficiales y que están basadas en conocimiento. Por ejemplo, cuando hay una catástrofe o una crisis es súper importante saber diferenciar una fuente fiable. Necesitamos tener un consenso de que hay cosas fiables, hay fuentes autorizadas y hay mensajes que deben ser escuchados y seguidos y otros que no.
Entonces en vez de protegernos con el escepticismo, dejamos espacio a discursos como el de la ultraderecha que se aprovechan de situaciones de crisis como la emergencia migratoria en Ceuta…
Sí y lo que hace es romper los lazos de confianza y los consensos sociales. Hablábamos antes de que la ciencia parece neutral y algo en lo que todos estamos de acuerdo, pero en la pandemia mucha gente puso en duda el conocimiento científico y no porque la información fuese más o menos sólida, sino por descartar totalmente la confianza en una institución. Entonces si caes en ese absoluto escepticismo, se da pie a discursos muy extremos que tienen un impacto. Parece que responden solamente a una forma de hablar, pero acaban afectando a la vida de las personas migrantes o de otros grupos vulnerables.
¿Qué se puede hacer desde el periodismo?
El periodismo tiene una oportunidad de convertirse en un punto de referencia y confianza de la ciudadanía, pero, para eso, hay que asumir que a veces el periodismo no ha hecho las cosas muy bien y se ha aprovechado de estos vaivenes para sacar rédito. El periodismo tiene que reivindicarse como una profesión porque no es lo mismo opinar o contar cosas en redes sociales, que seguir un proceso periodístico con unos filtros y unos mecanismos de comprobación y de rectificación cuando es necesario. Lo de nunca reconocer que te has equivocado perjudica mucho la confianza, por lo que el periodismo tiene que ser el primero que haga un ejercicio de autocrítica. Después, puede reivindicar su lugar como un servicio ciudadano y profesional.
En su taller va a trabajar sobre los bulos en situaciones de emergencias y crisis, ¿cómo lo va a plantear?
Lo primero es entender el contexto general en el que funciona la desinformación ahora mismo. Esto no es una cuestión individual en la que alguien suelta un bulo y otro lo comparte. Hay todo un ecosistema sobre el que esto está construido que tiene que ver con cómo funcionan los algoritmos de las plataformas o el periodismo. También hay que analizar qué pasa en las situaciones de crisis, en las que emociones se ponen en marcha y qué huecos ocupa la desinformación. Abordaremos qué podemos hacer los ciudadanos, periodistas e instituciones para reducir este problema, aunque ahora mismo no estamos en situación de decir que lo vayamos a solventar ni que lo podamos evitar 100 %. Todos tenemos nuestra responsabilidad y tenemos que entender que todos tenemos un móvil en la mano y una red social en la que el botón de compartir está ahí, llamándonos todo el rato al pulgar. Apretarlo o no es nuestra responsabilidad.
En casos de emergencias como la Dana de Valencia, los incendios de este verano o la crisis migratoria en Ceuta que comentábamos, ¿se aparta del foco la información para dejar paso a los bulos, sobre todo, con fines políticos?
Estas crisis sacan el lado más duro de los mecanismos de la desinformación y eso tiene un impacto en la ciudadanía inevitable porque todos somos humanos y nos afloran emociones cuando vemos cosas que creemos que son terribles e indignantes. La desinformación se aprovecha de las emociones negativas, como la rabia o el miedo, que preferiríamos que no tomaran el control en estas situaciones.
Frente a esto, ¿en qué momento se encuentra la Fundación Maldita.es?
Creemos que somos más útiles que nunca y sentimos que estamos haciendo un servicio ciudadano que mucha gente utiliza, aprecia y comparte. Esto hace que nos sintamos muy realizados porque es un trabajo durillo en el que te tienes que meter hasta el fondo en estas situaciones tan tensas en las que a lo mejor hay una parte de la ciudadanía que no quiere saber nada.







