La gran acogida de la versión e-book hizo que Planeta publicara su libro con el sello Booket
El dicho «nadie es profeta en su tierra» no se puede aplicar a Rosa Blasco. La alcañizana estuvo a punto de llenar el viernes el Palacio Ardid en la presentación de la edición en papel de su novela El sanatorio de la Provenza. Acompañada de su amigo el librero Miguel Ibáñez y de la concejal de Cultura, Berta Zapater, la presentación fue muy amena.
La primera incursión en la literatura de Blasco, médico de profesión, se publicó primero en versión e-book y debido a su éxito ahora se ha editado en papel por Booket, el sello de bolsillo de la editorial Planeta. «Año y medio después de haber enviado el libro a muchas editoriales, me propusieron publicar en versión e-book en Click Ediciones (antigua Tagus). Aquello fue hace cuatro años y gracias a las más de mil personas que lo compraron legalmente, salió en papel», comentó la alcañizana, médico especialista en Medicina Familiar y Doctora en Historia de la Medicina. Su profesión está muy presente. El protagonista es un médico entregado y a través de la trama se ve cómo funcionaba un hospital en el siglo XIX.
El libro se ambienta en La Provenza francesa en el siglo XIX con un médico que llega a Saint-Rémy y debe investigar unas muertes ocurridas en un sanatorio mental. La historia surgió en un viaje familiar. Se alojaban en Saint-Rémy y el último día descubrieron el sanatorio en el que estuvo el pintor Van Gogh. «Una parte funciona como tal pero otra es visitable, también la habitación, y la sensación de cruzar a otro tiempo me encantó. Mi tesis doctoral versó sobre el Hospital de San Nicolás de Bari de Alcañiz y estudié mucho sobre ellos. Ver aquel me impresionó y pensé que podía acoger una trama».
En Alcañiz se atendió a soldados heridos de las guerras de Cuba y Filipinas. Al Hospital acudían los pobres porque a los ricos se les atendía en casa. Se les daba vino e, incluso, en otro siglo era común que dos compartieran cama. Fue interesante ver de qué enfermaba la gente y sus profesiones, las raciones de comida y qué bebían», precisa Blasco.







