La historia de las penitentas-aquellas que salen a procesionar en la Semana Santa de Calanda en cumplimiento de una promesa, para dar gracias o por una protección concedida- quedará para siempre recogida gracias a María Pilar Albacar. Tras siete años ocupándose de su organización antes de cada procesión-un cargo que todavía asume-, esta calandina ha creado un manuscrito con los preceptos a seguir en esta tradición, de la cual apenas hay información escrita a pesar de contar a día de hoy con más de 40 integrantes, en su mayoría mujeres. «No hay ningún dato en los archivos de la iglesia, ni tampoco en el Pilar de Zaragoza. El propio sacerdote Mosén Vicente Allanegui (precursor de la tradición tamborilera) tan solo las nombra por escrito en seis líneas. Para mí era importante darles su espacio, y que la poca tradición oral quedara recogida, sobre todo para las generaciones venideras», explica Albacar.
La presencia de las penitentas y penitentes en las procesiones es una tradición que asombra a vecinos y locales, probablemente por su aspecto y por el secretismo en torno a ella. Tal y como se recoge en el manuscrito ideado por Albacar, el cual ha sido cedido a la Coordinadora y puede consultarse en el Museo de la Semana Santa, sus integrantes deben salir a procesionar vestidos de negro, con guantes, sin mostrar el rostro y con los pies descalzos. Está completamente prohibido desvelar la identidad del resto de personas que participan en este acto, y nadie puede hablar con ellos mientras se espera en la iglesia. Los cocoteros, además, son los únicos que les guiaran en cada procesión.

Dichos preceptos están ya integrados entre la mayoría de los vecinos de Calanda, quienes siempre han mostrado respeto hacia estas figuras. Ahora bien, el libro también recoge otras tantas reglas en torno a las penitentas quizás más desconocidas con las que se pretende demostrar su importancia y, sobre todo, que el orden de sus apariciones tiene un porqué detrás.
De esta forma, por ejemplo, se explica que en la procesión del Jueves Santo primero saldrán siempre tres de ellas como representación de María Magdalena, María madre de Jesús y María de Cleofás, y que, tras ellas, lo hará el resto del grupo. También se da cuenta de que en la del Viernes Santo son ellas quienes eligen el paso de la cofradía tras el que se quieren situar. «Nos lo comunican y nosotras cumplimos con ello porque lo más importante es su fe», explica Albacar. Como curiosidad, además, también se hace saber que si se le concediera un indulto a un preso y quisiera participar en una procesión, este estaría bajo la custodia de las penitentas.
Lo cierto, no obstante, es que resulta imposible recoger todas las curiosidades sobre esa tradición en pocas líneas, y por ello Albacar recomienda consultar el manuscrito y, como no, visitar Calanda para presenciar su aparición en primera persona.
Quienes la han hecho posible a lo largo de los años siempre han sido mujeres. Esther García lleva 47 vistiéndolas y acompañándolas. Junto a ella también han estado Carmen Aguilar, Isabel Barberán, y, desde hace siete años, la autora de este gran manuscrito, quien ahora ha hecho posible también que su historia, para la cual no ha habido nunca fecha exacta de inicio, ahora, por fin, quede para siempre reflejada en papel.







