En esa hora en la que los trasnochadores avanzan con pasos torpes buscando un lugar donde refugiarse de los rayos del sol siguen sucediendo cosas en las calles de un pueblo en fiestas. Y es que, cuando para unos termina una jornada que se ha alargado hasta el amanecer, para otros muchos empieza un nuevo día con una programación de actos que sigue. Uno de esos días es el 16 de agosto y en La Puebla de Híjar no es un día cualquiera, es el que honra al patrón San Roque y al santo tienen dedicado un arco capilla bien imponente en la calle del mismo nombre. La imagen siempre está ahí en su hornacina pero cada 16 de agosto sale a recorrer el casco urbano poblano en la procesión en su honor. Este viernes volvió a hacerlo porque los vecinos de la calle no lo dejan de lado. Siempre están pendientes de él.
Todavía quedaba algún desnortado vagando por las calles buscando su peña o su casa para descansar este viernes a las nueve de la mañana, cuando Consuelo Sanz pasaba la escoba con brío en su puerta. Su preocupación a esa hora, a pesar de sus más de noventa años y de su reciente operación de la vista, era dejar la calle limpia antes de la procesión. Entre los restos de la fiesta se entremezclaba algún cascote de una pared en estado dudoso que la mujer apartó a la acera. Hora y media antes ya se había celebrado misa en esa capilla con el santo presidiendo y apenas quedaba poco más de otra hora para que empezase la procesión y luego la misa en la iglesia.
Pronto se sumó a ella Alejandro Sierra, que esperaba a los demás para bajar al santo de la capilla y colocarlo en su peana. "La verdad es que es una tradición querida y todo lo hacemos de manera voluntaria. Cada uno ya sabe qué hay qué hacer y no faltan voluntarios, de momento, porque todas las manos y ayudas son bien recibidas y ojalá se sumase más gente para que esto no parase", reflexiona. Consuelo, que se va a arreglar para ir a la procesión, sonríe cuando recuerda tiempos pasados. "Aquí se hacía mucha fiesta, se ponía una mesa larga de aperitivos para todos y había mucha gente", dice. Antes de que suelte la escoba llega la brigada municipal, que cada día se emplea a fondo y también en fiestas, y tras ellos aparece el camión de Lideba con sus pistolas de agua a presión para los restos más duros. Con la calle, ahora sí, bien limpia, Consuelo se retira para prepararse e ir a la procesión.
Mientras tanto, llegan los refuerzos de Alejandro y en unos minutos el santo está bajado de la capilla, atornillado a la peana, con el polvo quitado y el ramillete de albahaca del bastón sustituido por uno nuevo. A sus pies luce un centro floral y más albahaca que va dejando un reguero de perfume bien fresco por donde va avanzando. Este año luce faroles nuevos, además. "Todo se paga con la voluntad que aporta la gente y te dan sus donativos de corazón. Esta vez le tocaba faroles porque desde antes de pandemia estábamos mirando y nunca nos decidíamos, pero ya era hora, antes también se renovó la bandera... Siempre hay 'detallicos' además del mantenimiento de la capilla todo el año", añade Mercedes Suñer, otra de las vecinas. Entre ella y su marido Miguel Asión, Alejandro Sierra, Paco Alonso, José Carlos Castañosa y Javi Sauquillo han arreglado y sacado al patrón a hombros en la procesión. De llevar la bandera se ha ocupado Antonio Cerdán, y de surtir de albahaca la familia de Adolfo como lleva haciendo años de forma altruista.
Antes de las 11.00 van llegando más vecinos. No faltan las hermanas Gimeno que también saben lo que es colocar y preparar la albahaca, y tampoco faltan los dulzaineros Azofra sin los que nada sería lo mismo. Ellos marcan el paso de una procesión alegre, de verano y en la que el olor de la albahaca va purificando y despejando la mente de los que se van sumando a la comitiva. Este año lucía el sol pero acompañaba una agradable brisa que todavía esparcía más el olor de la planta. Primero se llevó al patrón a la iglesia, allí se reunió con los curas y con las 26 Mozas de Fiestas que lo escoltaron en la procesión por las calles luciendo sus trajes de baturras, un detalle que secundó alguna familia más. Al regreso, y tras la celebración de la misa en la iglesia, ya de vuelta a la capilla se añadieron a la fiesta los gigantes. Con sus bailes pusieron la guinda a unas celebraciones por San Roque en una mañana radiante.
La Puebla, que este miércoles celebró su chupinazo, pregón y carrozas, sigue de fiestas hasta el domingo.























