La claridad con la que ya se desperezó la mañana hizo presagiar que la jornada dominical se desarrollaría como estaba previsto, aunque los ojos no se apartaron del cielo cargado de nubes en un vaivén de claroscuros. El día anterior granizó en parte del territorio. Alcañiz se había salvado pero la alerta meteorológica seguía activa. El domingo comenzó así y así continuó dejando que se celebrase al aire libre uno de los momentos más especiales en la capital bajoaragonesa como es el Día del Voto. A la virgen se le pidió desde el altar que no escatime en lluvias y que libre a esta tierra de la sequía. De hecho, el origen de esta romería es una rogativa por esta cuestión datada en el siglo XVIII. También se le pidió protección para todos y en un domingo tan especial como era el primero de mayo, para las madres. En la explanada de Pueyos, el padre Juanes ofició la misa que precedió a la imposición de medallas a la nueva Quinta. La Eucaristía sirvió como despedida de la Quinta del 78 -correspondiente a los nacidos en el 58- y que han pasado todo el año velando por la virgen y el santuario y efectuando mejoras en el entorno. «Este santuario está hecho de trocitos de corazón de alcañizanos que han dejado su huella a lo largo de los años, es una bonita herencia que dejar a los vuestros, la devoción por la virgen y por este lugar», dijo el párroco.
No es difícil encontrar inscripciones con los años de las diferentes quintas en los rincones que cada una ha adecentado durante su año. Desde escaleras hasta empedrado del suelo, pasando por balcones o fuentes, entre otras muchas obras. «Queda mucho por hacer, pero más bancos no», añadió el cura despertando las risas cómplices de los oyentes que asintieron con la cabeza mientras otros la giraban en busca de esos asientos con los que parece que ya es suficiente. Animó el cura a los que entran invitándoles a pensar el cometido del santuario antes de efectuar sus mejoras, y también les invitó a disfrutar de este año en el que «seguro recuperarán amistades y habrá reencuentros», y les deseó lo mejor para un año en el que reina la hermandad y el consenso y nunca hay discusiones. «A menos que yo sepa», apuntó. Tranquilizó a los nuevos, que no solo acudirán a Pueyos a trabajar, sino también, «y siguiendo el ejemplo de los apóstoles, también a almozar». El buen humor de Juanes concordó a la perfección con la jornada luminosa en la que quintos y quintas, tanto entrantes como salientes, se vistieron con sus ropas claras primaverales y celebraron este día rodeados de familiares y de amistades que subieron a acompañar. En algunos casos fueron receptores de la medalla que debía recoger algún padre, madre o hijo, fallecido. Hubo un recuerdo para todos ellos, también "para Santos y Manuel, fallecidos recientemente".
Un día luminoso y festivo
Como el Día del Voto se festeja, la misa fue cantada y bailada gracias al buen hacer del Mini Grupo del Bajo Aragón que llevó el folclore aragonés a lo más alto del cerro. Allí peregrinará cada semana la Quinta del 79 para ir haciendo sus trabajos en la ermita. «Bancos no, pero ventanas sí», dijo el prior entrante, Carlos Bernús, dando una idea de por dónde pueden ir parte de los trabajos que vayan realizando. Tendrán la compañía de la Quinta del 78 que, aunque saliente, dispondrá de un espacio en el que se podrán reunir este año. «Seguiremos en un local arriba que se llama el local del Pozo y vendremos a disfrutar aunque este año también hemos disfrutado mucho, y si la quinta entrante necesita ayuda ahí estaremos», dijo el prior saliente, Fernando López. Una de las huellas que dejan es la recuperación de mantos y trajes de la virgen, una labor que se agradeció a las quintas con un sonoro aplauso que pidió el párroco desde el altar. A esta quinta que se despide les queda pendiente la edición de una publicación con parte de historia que han ido recopilando en archivos.
«Hoy es un día para estar orgulloso de estas fantásticas quintas que mantienen el santuario; como alcañizano y como alcalde lo estoy doblemente porque esta tradición se mantiene, sigue viva», celebró el alcalde, Miguel Ángel Estevan, que recordó que el ayuntamiento siempre está apoyando «como ha sido siempre». Tras las fotos de rigor y la última de familia en el altar, la romería enfiló cuesta abajo para disfrutar de la comida en familia.


















