Sobre el recibidor de la casa descansa un calendario. Tiene unos años y está lleno de fotos familiares y alusivas al mes que ilustran. «En marzo nadie cumple años. Pero, ¿qué pasaba ese año en marzo? Pues que en Urrea es Semana Santa», dice Pili. «Es que para nuestros padres no había nada mejor que Urrea, era su pueblo y desde críos hemos crecido con eso y también hemos crecido en el pueblo», añade Ana. Son hermanas y, como todos los años, han vuelto a la casa de sus padres desde Zaragoza. Es la semana más importante del año y lo primero es preparar los mandiles blancos que cubrirán los balcones. «Eso lo tenemos claro, nos lo inculcaron a fuego. Si es Domingo de Ramos hay que coserles la rama de olivo, que también hay que saber hacerlo», ríen. «Es lo primero que hacemos al llegar, sacar brillo a los balcones», añaden. Este gesto es uno de tantos que han visto hacer en casa y que han interiorizado. Este año volverán a hacer todos los rituales que ya salen sin pensar, pero esta vez sí tendrán un pensamiento. Es la primera Semana Santa que la familia afronta sin Joaquín Sanz Montañés y Felisa Martín Cerrada, los padres de Ana y Pili, y también de Joaco, Javier y Fernando. Los dos descansan en Urrea de Gaén, su amado pueblo; Felisa, desde hace tres años, cuando su partida coincidió además con el inicio de la Semana Santa y ese Jueves Santo, los suyos rompieron la Hora por ella. Joaquín murió este año, y las hermanas recuerdan con un escalofrío cómo le cantaron la despedida los rosarieros. «Este año sí que será diferente…», dicen sentadas en torno a la mesa del recibidor, un lugar de la casa en el que pasan muchas cosas. Es ahí donde Joaquín tocó unos redobles el año pasado sobre el tambor de una de sus nietas antes de que la joven saliera a la calle. La vivienda está en la plaza junto a la iglesia y ofrece unas vistas privilegiadas. «En los últimos años a mi madre la instalábamos en el balcón y no veas cómo disfrutaba… Por aquí pasa todo y todo el mundo; incluso cuando se abre la puerta de la iglesia se ve hasta el fondo», señala Pili.
En ese mismo recibidor de la casa se hizo la conexión videollamada Urrea con personas que no podían estar, una de las conexiones fue con Estados Unidos, país en el que vive Joaco. «Durante años no pude venir en Semana Santa, pero cada Jueves Santo mi madre me llamaba desde la cabina que había en la puerta de casa. Yo tenía que buscarme un teléfono y me telefoneaba al lugar donde estuviese para que escuchase Romper la Hora. Aguantábamos cinco minutos y colgábamos, porque no podíamos hablar, solo escuchar y sentir», apunta Pili. Igual que los hijos y los nietos siempre han estado aunque no estuvieran presentes, el matrimonio también va a estar. Su esencia se encuentra en cada rincón de una casa que han cuidado, mimado y querido como si viviesen de seguido en ella.
Ambos nacieron entre 1930 y 1932 en Urrea, pero se instalaron en Zaragoza y formaron su gran familia con cinco hijos que llegaron a este mundo entre 1960 y 1971. Luego llegaron Inés, Manuel, Jorge, Jaime, Patricia, Martín y Nicolás, los siete nietos. «Fines de semana y todos los veranos nos dejaban aquí, realmente no se fueron nunca», cuenta Ana. «Incluso para todos mis sobrinos, que ya es otra generación y están muchos en el extranjero este es su pueblo, y todos tocan los tambores y sin dudarlo», apunta Pili. En casa siempre se lo vieron hacer a su padre, los chicos desde niños pasaban las horas en las calles con el tambor y, ellas, tras salir de hebreas, en cuanto se abrió la veda para las niñas hicieron lo propio. «Lo cogimos con muchas ganas y no lo hemos soltado», ríen. «Hacemos lo que podemos, que en este pueblo hay gente que hace arte con el tambor», advierten.
Admiten que les cuesta quitarse el tambor para hacer otras cosas en la procesión, pero si es preciso, se hace. No obstante, en casa tienen a Manuel, marido de Ana, que se puede decir que es pamplonés de Urrea. «Echan mano de él para lo que es preciso, tiene hasta paso asignado», bromean y él asiente y con orgullo. «Yo estoy encantado», dice. Suele salir empujando uno de los pasos de la virgen. «Se conoce a todo el pueblo, entre eso y que sigue con el huerto de mi padre, es uno más», añade su mujer. «Fíjate si mis suegros tenían amor por su pueblo que en cuanto se jubiló, Joaquín se hizo un huerto y aquí se pasaban meses desde primavera a Navidad casi», dice Manuel con mucho cariño cada vez que habla del matrimonio y del pueblo. En sus tiempos el abuelo salía con su tambor, pero se lo quitaba si había que empujar un paso o cantar con los rosarieros. Una vez se lo quitó y, sin saberlo, para dejar un valioso documento al empuñar una cámara, algo nada habitual entonces. Era finales de los 60 y filmó en Súper 8 procesiones sencillas en calles de tierra, mucha austeridad pero las mismas ganas. «Ni entonces ni ahora apenas encontrarás a nadie mirando porque aquí, tanto quien se queda como quien viene, en la Semana Santa participa todo Urrea».
Vídeo que grabó Manuel Buil, hijo de Ana y Manuel, para el concurso convocado por Adibama en 2015. Arriba, las imágenes en Súper 8 que rodó su abuelo Joaquín a finales de los 60.











