Desde primera hora de la mañana de este sábado, Mazaleón ya respiraba un ambiente distinto. El sol acompañaba y, poco a poco, las calles empezaban a llenarse de mujeres de todas las edades que se preparaban para celebrar el día de Santa Águeda. Vestidas con el traje regional, las mazaleonenses se fueron concentrando con calma, saludándose, ayudándose a colocar el mantón o ajustando delicadamente el panistre -la cesta que contiene los mostachones- sobre la cabeza.
Se trata de una procesión que es Bien de Interés Cultural (BIC) Inmaterial, y que en la localidad se vive con intensidad. Este sábado, las mujeres se colocaron en fila y con estos panistres colocados sobre las cabezas, comenzaron el recorrido hacia la iglesia con un gran equilibrio. La rondalla de Mazaleón puso música a los primeros momentos, con guitarras y bandurrias que acompañaban los pasos y las conversaciones.
La iglesia acogió el acto central de la jornada: la misa en honor a Santa Águeda. La liturgia comenzó con unos minutos de retraso y, como curiosidad, fue más breve de lo habitual. Tras el sermón en torno a Santa Águeda, el cura salió a gran velocidad para poder llegar a oficiar otra celebración en Valdealgorfa. Aun así, el momento clave se mantuvo intacto, la bendición de los panistres. El silencio respetuoso, los cantos y la música desde el interior del templo envolvieron un acto que sigue siendo el corazón de esta festividad.
La salida de la iglesia estuvo encabezada por la imagen de Santa Águeda, portada por cuatro mujeres. Fuera no la esperaba solo el sol de la mañana, sino también un carro para ser transportada sobre ruedas. Esta novedad se ha incorporado este año ante la falta de mujeres que se ofrecen a cargar con la peana a hombros. El cambio no pasó desapercibido, ya que dificultó el avance en las curvas y, sobre todo, en las cuestas.
En la primera subida pronunciada, las mujeres se animaban unas a otras entre risas y gritos de «Venga chiquets», convirtiendo el esfuerzo en un momento compartido y casi cómplice. Desde la organización ya avanzan que el carro no volverá el próximo año, porque, como reconocen, «hace perder la esencia de la procesión, que es que la santa la porten las propias mujeres». "Yo misma me he ofrecido ya", ha adelantado la aguedera Begoña Gómez.
Cada dos años se quedan tres aguederas y entran tres nuevas, así siempre hay relevo"
Begoña Gómez. Aguedera saliente
Begoña ha sido una de las siete aguederas de la asociación de Mazaleón que se han encargado de la preparación de la festividad. «Aquí no hay cargos ni jerarquías, somos siete mujeres que representamos a todas», ha apuntado. Normalmente, son seis las mujeres que organizan Santa Águeda, pero este año se ha decidido reforzar el grupo porque, aunque la celebración dura un día, el trabajo previo es intenso.
Este año también tiene un sabor especial para Begoña, ya que es su último como aguedera. «Cada dos años se quedan tres y entran tres nuevas, así siempre hay relevo», ha explicado, animando a otras mujeres a implicarse y continuar con la tradición.
Tras la procesión, el ambiente se volvió más distendido. El vermut dio paso a la comida conjunta y, por la tarde, llegaron las actividades y sorpresas preparadas para todas las mujeres del pueblo. Risas, conversaciones largas y sensación de comunidad pusieron el broche a una jornada en la que Mazaleón volvió a demostrar que el día de Santa Águeda no es solo una celebración religiosa, sino una vivencia compartida que refuerza la identidad, la memoria y el protagonismo de sus mujeres.




















