Los cimientos de la Semana Santa se mantienen gracias a todos aquellos que no olvidan a los que empezaron el camino. Y ese esfuerzo es precisamente lo que Alcorisa reconoce este año con la entrega del Tambor de Honor a la Cofradía Virgen de Los Dolores, la más antigua de la localidad junto a la de La Sangre de Cristo, y la única imagen que participa en todas las procesiones de la Semana Santa alcorisana.
Sus orígenes se remontan a antes de la Guerra Civil, aunque el documento más antiguo del que se tiene constancia data de 1939, tal y como cuenta Olga Velasco, presidenta actual y encargada de recoger la distinción. De hecho, fue el esfuerzo de mujeres como ella lo que marcó el camino para que la cofradía perdure hasta día de hoy. «Se preocuparon de seguir la tradición y de captar a personas para hacer una buena cofradía. Tuvieron la valentía de hacerse cargo de esa tarea. Por eso este Tambor de Honor, sobre todo, es para ellas».
En el caso de Velasco, empezó a presidir a La Dolorosa en 2016, cuando se pidió colaboración para formar un nuevo grupo con el que renovar la junta. Su intención no era ocupar el cargo, sino meramente ayudar, aunque finalmente fue elegida por mayoría. Diez años después, este 2026 será su último año, doblemente especial al recibir el Tambor de Honor en nombre de todas sus integrantes, las de ahora y el pasado. «Aquí nadie es más que nadie. Siempre trabajamos juntas», señala.
A lo largo de estos años, cuenta Velasco, la cofradía ha evolucionado mucho. En sus inicios, por ejemplo, sus integrantes tenían que dejar de ser socias cuando se casaban. No obstante, todo ello cambió alrededor de 1987, cuando un grupo «con mucha constancia» consiguió legalizarla tal y como se conoce en la actualidad, con más de 90 integrantes.
Durante todo este tiempo, aquello que siempre se ha intentado mantener, eso sí, es la esencia: el respeto por la oración y el fervor religioso de la Semana Santa. Su atuendo sigue siendo negro, con la medalla de la Dolorosa como protagonista, mientras que su momento más especial va ligado explícitamente a esa faceta religiosa propia de estos días. «Creo que hablo por todas cuando digo que la procesión de El Encuentro entre la Dolorosa y el Cristo, madre e hijo, es la más especial. En mi caso, me emociono muchísimo todos los años», reconoce Velasco.
Y si de algo se siente orgullosa tras estos 10 años, es de que a ellas se hayan unido nuevas integrantes, entre ellos varios hombres. Aun así, todavía queda camino y por ello hace un llamamiento a que se sumen más vecinos para asegurar la continuidad de la cofradía: «Hay un concepto equivocado de nosotras. No somos una cofradía de personas mayores. Nos hemos hecho mayores perteneciendo a ella. Ahora necesitamos a nuevos integrantes, sobre todo jóvenes, para salvaguardar su legado».
Ese es, de hecho, el compromiso para la nueva junta en estos próximos años. «Por mi parte, me despido contenta. Hay que dar paso a gente nueva, y con nuevas ideas. El relevo generacional tiene que llegar».







