¿Qué es lo que te motivó a iniciarte en el mundo del fútbol?
Recuerdo que mis padres nos ofrecieron jugar a mi hermano y a mí, porque aunque nosotros hacíamos taekwondo también le dábamos mucho a la pelota con mi abuelo en el patio de casa y los amigos en el colegio. Así empecé y continué, porque me motivaba mucho ser la única niña del equipo y que, cuando íbamos por los campos de Zaragoza, siempre se fijasen en mí y dijeran, ‘bueno, juega bien, juega bien’
Fuiste una de las precursoras del equipo femenino de Calanda. ¿En qué contexto surgió aquello?
Sí, yo estaba jugando y, en cuanto se creó y pude, ya con 13 años, me inicié ahí para jugar los sábados con los chicos y los domingos con las chicas. Lo compatibilizaba.
Más tarde, manteniéndote como jugadora, empezaste a ser árbitra de fúbol. ¿Qué es lo que te motivó a ello y también compatibilizarlo?
Mi madre me comentó que salía un curso de arbitraje y lo vi como una manera de seguir ligada a este deporte si en algún momento no podía seguir jugando. Me apunté y estuve arbitrando un tiempo en el Bajo Aragón. Luego ya, me vine a Madrid por estudios y aquí es donde continúo.
¿Cómo ha sido compatibilizarlo estos años?
Duro, porque es mucho esfuerzo físico. Entrenaba tres o cuatro días a la semana y, después, jugaba mi partido y arbitraba varios más entre sábado y domingo. Era agotador, pero yo estaba contenta. Y nunca he tenido que parar de hacer ninguna de las dos cosas . De hecho, también estudiaba a la vez en la universidad. Lo he sabido gestionar, por suerte.
¿Notaste diferencias en el trato entre ser árbitra y jugadora?
Cuando te inicias en el mundo del arbitraje, descubres que igual que los futbolistas el árbitro también falla. Es normal. Yo antes no era de criticar a los árbitros, pero desde el momento en el que me inicié en este mundo, si de algo me quejaba, dejé de hacerlo porque ya sabía desde mi propia experiencia lo difícil que es el trabajo.
¿Qué valoración haces de la presencia de las mujeres en el fútbol?
Cuando me inicié, en Aragón, había muy pocas chicas. Pero ahora está evolucionando mucho. De hecho, hace 8 o 10 años solo había 20 árbitras y ahora estamos en torno a 200 en la Comunidad de Madrid. Entonces, ver ese crecimiento, que cada vez hay más chicas interesadas y que apuestan por nosotras, para mí, también es muy motivante, porque antes no teníamos referencias y ahora sí.
¿Qué crees que tendría que pasar para que hubiese más equipos femeninos y que se tuviese más en cuenta a las mujeres en este deporte?
Todo parte de la base, desde que somos pequeños, que el niño o la niña puede elegir lo que quiere. Es bonito que cada vez haya más niñas que decidan jugar al fútbol.
Y dentro también del crecimiento de la mujer en el fútbol, ya no solo respecto al arbitraje, sino también en cuanto a jugadoras o profesionales en un club, ¿cuáles crees que son las claves para que siga yendo a más?
Es fundamental ver cómo está ahora mismo la Selección y la Liga Española. Se está apostando por nosotras y ahora mismo la verdad que, por lo menos desde la Federación de Fútbol de Madrid, se han creado unos grupos de árbitros que están constantemente ayudándonos, haciendo charlas y formaciones. Los árbitros de Primera División también nos acompañan, ellos están en las reuniones, nos dan trucos, nos enseñan cómo gestionar los partidos… Al final, las cosas requieren su tiempo y no podemos pretender que de hoy a mañana el fútbol femenino crezca tanto como el masculino, porque lleva muchos menos años jugándose.
En septiembre, además, fuiste la elegida para arbitrar el partido del Centenario entre el CD Calanda y el Real Zaragoza de Veteranos. ¿Qué supuso para ti esa experiencia volviendo a tu pueblo y también a tu campo?
Sí, la verdad que nunca había arbitrado en mi pueblo, no se puede, por eso fue un día muy bonito, de recordar muchas sensaciones de cuando era pequeña y al final desde una perspectiva diferente. Además, arbitrando a jugadores que yo solo había visto en La Romareda. Son muchos aspectos muy emocionantes.
Respecto al arbitraje siempre hay mucho ruido, ¿qué opinión tienes de ello?
Es muy complicado y además últimamente estamos en el punto de mira. Se ve muchísimo en Primera División. Ahora también me da mucha pena porque cada vez se quiere hacer más protagonista al árbitro, siendo que los protagonistas son los 22 jugadores que están en el campo.
¿Cómo es la preparación a nivel físico y mental para sobrellevar esas críticas?
A nivel físico nos ofrecen series de entrenamiento y planes mensuales. Yo, por ejemplo, tengo mi preparadora física. En cuanto al tema emocional, la verdad que antes, cuando mis errores habían sido más determinantes en un partido, todo eso me lo llevaba a casa. Somos humanos y tenemos constancia de los errores. Ahora he aprendido a gestionarlo un poco mejor, porque en el campo me olvido de la grada, se me taponan los oídos.
¿Qué perspectivas tienes para 2026?
Me encantaría arbitrar un Campeonato de España de Selecciones Autonómicas, porque lo he vivido como jugadora. Me gustaría tener esa oportunidad y también seguir ascendiendo en las categorías, por supuesto.
En cuanto a categorías, ¿el fútbol profesional es un sueño?
Sí, ¿por qué no? Este año tomé esa decisión de no continuar jugando al fútbol para intentar ascender en el arbitraje. Si en algún momento puedo, bienvenido sea.
¿Qué mensaje le darías a las chicas que ahora empiezan?
Que los tiempos están cambiando. Nunca me achaqué pensando que fuera un mundo de hombres, simplemente me gustaba y seguí mi instinto y mis ganas de aprender y mejorar.







