Las botas de las tropas volvieron a pisar con fuerza la explanada del Santuario de Pueyos tal y como hicieron el 23 de mayo de 1.809. Esta vez fue el sábado bajo el sol de mediodía cuando se escuchó al tambor marcando el paso de las tropas españolas subiendo. Alcanzaron la explanada, el mismo espacio donde ese día señalado hace 216 años, 10.000 soldados españoles se enfrentaron a otros 10.000 franceses en la Guerra de la Independencia en lo que ha pasado a la historia como la Batalla de Alcañiz. De hecho, hay un monolito que lo recuerda, y recuerda también algunos nombres de quienes se dejaron la vida. El sábado, con el afán de homenajear a todos, el Ayuntamiento celebró una jornada de conmemoración que empezó con una escenificación en Pueyos y terminó por la tarde con una conferencia en el Liceo sobre la indumentaria de las tropas. «Desde 2009 con Amor Pascual como alcaldesa no se había conmemorado nada, entonces fue el bicentenario. Nos gustaría repetir porque es una parte importante de la historia de Alcañiz en un siglo XIX que fue bastante nefasto para España», valoró el concejal de Patrimonio, Carlos Andreu. No descartó establecer un acto de conmemoración bienal.
El grupo Voluntarios de Aragón se encargó de poner en escena lo que el Ayuntamiento de Alcañiz quiso conmemorar. «Alcañiz aguantó, los franceses nos infravaloraron porque se pensaban que se iban a enfrentar a cuatro guerrilleros supervivientes de Zaragoza, y no. Se encontraron con un ejército que llevaba tiempo ensayando en Valencia y que consiguió la victoria». Son las explicaciones de Luis Sorando, el portavoz de la agrupación recreacionista. La puesta en escena fue sencilla, con la llegada de la tropa, una ofrenda de coronas de laurel y flores en el monolito que recuerda a los caídos, y los discursos institucionales. El presidente de la Comarca del Bajo Aragón, José Miguel Celma, fue el primero en tomar la palabra desde el atril y lo hizo para referirse a la situación de Alcañiz como «encrucijada de caminos», lo que siempre le ha dado su lugar en la historia. Le siguió y cerró Andreu, como concejal del área de la que partió esta iniciativa. Invitó a los presentes a mirar a su alrededor y admirar el Santuario, un lugar con siglos de historia que año tras año cuidan y mejoran los quintos. «Esto es lo que significa un pueblo, una región y una nación, un esfuerzo conjunto a través de las generaciones», dijo y reflexionó sobre la importancia de valorar el pasado y la historia. Los quintos acudieron a la cita para repartir pastas y moscatel, también la Asociación Unión Musical Lira Alcañizana para poner la banda sonora, así como la Asociación Calatravos que colaboró.
El cierre llegó con las salvas que tiraron los soldados, sin duda, el momento más sorprendente porque más de uno se llevó un buen sobresalto a pesar de saber lo que iba a pasar. El broche fueron los aplausos del público que acudió y disfrutó de la puesta en escena desde la sombra. Para la segunda parte salieron de debajo de los árboles. «Acercaos todos, que no disparamos más», bromeó Sorando quien comenzó a explicar detalles de los uniformes. Explicación que amplió por la tarde.































Se debería reparar la piedra superior del monolito, que está rota.