Esta Semana Santa será la primera en la que Pere Esteve Albesa será el encargado oficialmente de dar las entradas con su corneta a sus compañeros y a los tambores en las procesiones de Calaceite a sus 36 años. En su familia no existía tradición por la Semana Santa pero hace más de una década un compañero de trabajo le preguntó si quería participar porque faltaban personas para tocar la corneta y decidió apuntarse.
Le dejaron una corneta, comenzó a acudir a los ensayos y ya no ha parado. Ahora dos de los veteranos ya han decidido retirarse tras casi cinco décadas y le ha tocado a Pere ponerse al frente para que las cornetas no dejen de sonar por las calles de Calaceite. «Estos años ya me decía que el día que plegara lo sustituiría yo. Lo importante es que la tradición siga y no se pare. Nuestra Semana Santa es antiquísima», apunta Pere.
El calaceitano desprende vitalidad, pasión por su pueblo y mucha voluntad para que todo vaya hacia adelante. Y es que la cofradía de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y de la Santa Espina no es la única entidad de Calaceite en la que participa activamente.
Su inmersión en la Semana Santa se la ha ido transmitiendo a la familia que ha construido con su mujer, Irene Alcalá Heredia, de 32 años. La joven también se animó a adentrarse en la Semana Santa, en este caso con el tambor; y lo mismo ocurrió con los más pequeños. Su hijo, el pequeño Pau; y su sobrina, María Ramos Alcalá, de 13 años, la hija de la hermana de Irene. María comenzó con tan solo tres o cuatro años y dentro de una semana esperan que sea el estreno del pequeño Pau con el tambor.

Irene se crió en Granollers (Barcelona) aunque su familia es de Calaceite, de la fonda Alcalá; y siempre acudían al pueblo cuando podían hasta que se instaló definitivamente cuando «se enamoró». «De pequeña ya veía cuando iban a ensayar a la ‘bassa’ y cuando con 12 años comencé a tener amigas y cuadrilla empecé a tocar el tambor porque la mayoría también lo hacían. A Pere y a mí nos gusta mucho y se lo hemos inculcado primero a nuestra sobrina y ahora a nuestro hijo», explica Irene.
La Semana Santa es la tradición que comparten tía y sobrina. Para María son días para disfrutar con Irene y Pere, ya que sus padres no participan. «Toco el tambor desde los cuatro años, es algo que hago especialmente con mis tíos y mi abuela es la que se encarga de cuidar la túnica», explica María.

Todos coinciden en que la participación ha bajado en los últimos años y animan a los calaceitanos a que se decidan a procesionar y a perder la vergüenza por coger un instrumento. Todos han aprendido los toques de Calaceite de oído y a base de ensayos y de práctica. En el caso del tambor sí que tuvieron un profesor un par de años que les enseñó nuevos toques que han incorporado. «Hemos llegado a ser 80 tambores y 10 cornetas en las procesiones. Ahora en los ensayos estamos pocos pero es cierto que muchos que viven fuera se animan a tocar en las procesiones aunque no hayan practicado porque los toques no cambian», explica Pere.
Este año se estrenaron el pasado domingo en el Vía Crucis al monte San Cristóbal y ya esperan con ganas el Jueves y el Viernes Santo. Destacan la «emotividad» del final de la procesión del Santo Entierro cuando entra el paso de «lo llit» hasta el altar con el sonido envolvente de los tambores en el interior de la Iglesia y la salve cantada por los vecinos.







