Unai Biel Lara nació en Barcelona en 2002 y aún no ha cumplido los 22 años y ya está disputando sus primeros Juegos Olímpicos como integrante del combinado nacional de waterpolo. No obstante, ya sabía lo que era defender los colores de la selección española en anteriores ocasiones. Forma parte del joven futuro del deporte español -de hecho, comparte edad con Alcaraz- y está disfrutando la experiencia de su vida en París. Lo hace teniendo presente todo el tiempo quién es y el esfuerzo que conlleva una modalidad deportiva como la que practica desde que siendo un niño se animó a probar de la mano de su padre, quien era natural de Samper. Hunde sus raíces paterna en Samper de Calanda, pueblo del que ha recorrido unas cuantas veces sus calles de fiesta, de vacaciones y tocando el tambor. Ahora no dispone de tanto tiempo como le gustaría para regresar pero lo tiene siempre presente porque "son las raíces familiares", tíos y primos siguen acudiendo con frecuencia y conserva buenas amistades. Sus abuelos están cerca de él en Barcelona, con la edad no viajan tan a menudo al pueblo pero Rafael Biel de los Santos y Antonia Calvo Sevil, "están locos por ir siempre". Es su nieto, el deportista olímpico, quien les pone vídeos de vez en cuando para que no lo echen tanto de menos. "Les pongo reportajes de internet, de La Comarca, y a veces me arrepiento porque se emocionan mucho. Es normal porque tienen allí su casa, su huerto y todo, es donde siempre han vivido, y ahora no pueden ir tanto", dice Biel.

El joven es integrante del Club Natación Atletic Barceloneta (CNAB) donde ha ido escalando desde la cantera. Desde la Villa Olímpica cuenta cómo se vive una experiencia como los JJOO desde el grupo de waterpolo que se ha asegurado ser primero de grupo y pasar a cuartos de final, fase que empezarán a jugar este miércoles. Llevan una impecable trayectoria hasta el momento y atrás dejan rivales como Australia, Hungría, Serbia y Japón. Este lunes a las 20.00 se enfrentan a la anfitriona, a Francia y en su casa ante miles de personas, uno de esos partidos que dice el samperino que "son los que gusta jugar".
Más de una semana después del arranque de los JJOO en París, ¿cómo estás?
Muy bien, son mis primeros Juegos y es una experiencia buenísima. Ahora ya lo tengo más asimilado, pero al principio sí que no me lo creía. Llegamos y ya la inauguración fue muy bonita, vivir la experiencia fue increíble y yo estaba como en un sueño. Ahora estamos en plena competición y centrados en lo que toca. Estoy con mucha ilusión, pero queda mucho porque el camino es largo y veremos a donde llega.
¿Cómo fue la inauguración en el río Sena?
Muy bien, había visto algunas otras por la tele y en vídeos pero esta creo que ha sido muy diferente y fue increíble. Lo único malo es que llovió, pero aún así fue increíble, un espectáculo muy chulo.
Imagino que los JJOO están en el horizonte de todo deportista, pero ¿esperabas que te llegara tan pronto? Tienes 21 años, no sé si es pronto o es lo habitual.
No soy el único, hay muchos de mi edad pero es difícil y lo habitual suele ser entrar un poco más tarde. He tenido la suerte. He estado trabajando durante todo el año para poder llegar sabiendo que igual iba o igual no iba, al contrario que otros compañeros, que no se puede decir que tenían la plaza asegurada, pero ya se lo habían ganado de años anteriores. Al final el equipo estaba casi hecho y sabía que se podía abrir un hueco para mí o igual no. Eso dependía de mí y no solo de mí, porque había otros compañeros que también tienen el mismo sueño y que entrenan duro como yo… Fue duro mentalmente porque estuve durante todo el año pensando y dándole vueltas en los entrenos. Al final ha salido bien, y estoy muy contento.
¿Qué importancia tiene la fortaleza mental?
Mucha, porque es muy duro. Desde hace casi dos años trabajo con una psicóloga deportiva que te da herramientas que te ayudan a relajarte y a que no te afecte. Yo le estaba dando vueltas todos los días al tema y en todas las competiciones, pero había momentos en los que no podía pensar en eso porque de hacerlo me distraía y me afectaba para mal. Tenía que usar la posibilidad de ser convocado como una motivación pero que no me afectara la presión de tener que hacerlo bien para ir a los Juegos.
La figura del psicólogo es más frecuente en clubes o debería serlo.
Sí, creo que el tabú sobre los problemas mentales ya está muy olvidado, acudir a la psicología es algo súper común y recomendable. Casi todos los deportistas lo usan y a cada uno le ayudará en su parcela y en lo que le afecte ya sea la presión o lo que digan, por ejemplo.
¿Cómo estáis viviendo todos juntos la experiencia en la Villa Olímpica? ¿Y qué pasa con las camas de cartón, son tan incómodas como parece?
Pues bueno, no son las más cómodas, la verdad… (Ríe) A ver, no está mal. No es un hotel pero bueno…
No es para tanto, entonces.
No es para tanto, no. Estar en la Villa Olímpica es una pasada por la experiencia de estar con todos los deportistas españoles y de otros países y ver a gente que ves en la tele y que admiras incluso. El otro día estaba por aquí Pau Gasol, o ves a Rafa Nadal. Es muy guay esto, pero bueno, puedes admirarlos un segundo y ya, cuando toca competir hay que olvidarse de eso y centrarse.
¿En waterpolo te ha sucedido? ¿Te has enfrentado o compartes equipo con gente a la que admiras?
Sí, total. Tengo compañeros con lo que por suerte ya comparto equipo en el club, y yo los veía en 2012 en las olimpiadas. Está Felipe -Perrone-, por ejemplo, que ya fue a las de 2008 y aquí sigue y tengo la suerte de compartir club con él. Le he visto jugar desde que yo tenía 5 ó 6 años y lo he admirado siempre. Jugar desde hace años con él es una pasada y que me pueda ayudar y enseñar es un auténtico privilegio. En otros equipos también, pero como contra todos hemos jugado ya en competiciones anteriores aquí ya no me encuentro nada nuevo.
¿Cómo vivís el ambiente de los partidos desde dentro de la piscina?
En todos los partidos ha estado está llena de gente. Hasta ahora hemos jugado en una con una capacidad para unos 5.000 espectadores (la piscina olímpica de París) y se ha llenado siempre. Hay muchos españoles que nos animan, acompañan y nos dan fuerza. Ahora, a partir del lunes, vamos a la piscina de natación (La Défense Arena con 15.000 personas) y también se espera lleno.
Y ahí os espera Francia, con la racha que lleváis, un mero trámite... ¿no?
(Ríe) ¡No, no, no! Será especial porque son los locales y hay que ir a ganar y también a disfrutar porque será un espectáculo. Ellos van a ir a ganar también, están en casa y en la piscina grande que estará llena en las gradas. Pero a nosotros nos gusta jugar en estos espectáculos y hay que disfrutarlo y aprovecharlo.
Será apabullante pero al final es donde gusta jugar, entiendo.
Al final es lo que mola, jugar estos partidos.
¿Cómo empezaste a jugar a waterpolo?
Empecé con mi padre, porque él iba a nadar y como extraescolar me llevó también y allí me dijeron si quería probar el waterpolo. Desde entonces, que tendría unos 6 ó 7 años, he seguido jugando. Poco a poco fui mejorando, empecé en el Poble Nou y luego me fui al Barceloneta y allí sigo.
¿Cómo ha sido la progresión en la cantera?
Entré en Infantil de segundo año con 13 ó 14 años y también en el Centro de Alto Rendimiento en Sant Cugat, y fui entrenando en el primer equipo del club. Seguimos ahí y muy bien porque, de momento, estamos en buenos años compitiendo en Europa y ganando prácticamente todo en España. Pero hay que seguir.
Hay que mantener el palmarés, que igual es lo más díficil.
(Sonríe), el pasado se olvida rápido, hay que seguir arriba trabajando.
¿Qué nivel de disciplina implica el waterpolo a este nivel?
Mucho, aparte es un deporte de agua y no es nuestro ambiente habitual. Solemos hacer doble sesión tres días a la semana, un par solo una sesión, y el fin de semana jugamos un partido con descanso el domingo. Entrenamos bastante, pero te acabas acostumbrando y al final, es que es lo que te gusta, tampoco nos vamos a quejar.
Poco tiempo te queda para otras cosas y entiendo que viajar a Samper de Calanda se complica. ¿Qué significa para ti el pueblo?
Es parte de mis raíces paternas. Mis abuelos han vivido allí muchos años y también mi padre y mis tíos. Ahora mis tíos y primos están en Zaragoza pero todas las semanas están en Samper porque tiene allí su casa de fin de semana y vacaciones. Samper es una parte de mi vida importantísima y tengo muchos recuerdos de ir los veranos, de disfrutar las fiestas y de estar con toda la familia porque era donde nos reuníamos. Y no solo en verano, también en Semana Santa con los tambores… Es una parte de mí y eso es muy bonito. Los últimos años me ha costado mucho ir, pero el contacto está. Tenemos muchos amigos en el pueblo y también la familia propia y otras, porque siempre tienes relación con muchas más. Mi madre no es de Samper pero es una más, y mi hermana es la que puede escaparse un poco más; pero yo los últimos años apenas he tenido vacaciones.
Haces gala de samperino por lo que veo.
Claro, siempre.
Has mencionado la Semana Santa, ¿cómo se te da el tambor?
(Sonríe) De pequeño sí que salía a tocar el tambor y ahí están las fotos, aunque empecé a tocar el bombo. No descarto retomarlo, un año que tenga vacaciones en Semana Santa volveré. Tengo el bombo y la túnica de mi padre.














