La provincia de Teruel volverá a jugar un papel especialmente sensible en las próximas elecciones generales del 29 de noviembre. Así lo sostiene el sociólogoa alcañizano Ignacio Urquizu, que analiza Aragón como un territorio especialmente útil para observar las tendencias políticas que después pueden reproducirse en el conjunto del país.
El CEO de Metroscopia considera que Aragón funciona, por sus características sociodemográficas, como una suerte de «España en miniatura»: combina una gran concentración urbana en Zaragoza con amplias zonas rurales y despobladas. De ahí que sus resultados puedan servir como indicador de tendencias nacionales. En el último ciclo electoral, señala, se observó un retroceso del Partido Popular respecto a sus expectativas, un importante crecimiento de Vox y una caída del PSOE, mientras que Chunta Aragonesista consiguió un respaldo destacado.
La participación, especialmente importante en Teruel
La clave para Teruel estará en la participación, porque con muchos menos votos es posible conseguir un diputado. «Variaciones pequeñas pueden servir para que un tercer partido que no se esperaba acabe entrando», explica. A su juicio, en las zonas menos pobladas los escaños son, «entre comillas, más baratos», por lo que cambios relativamente reducidos en la participación pueden terminar modificando el reparto final de representantes. Este factor aumenta la importancia de la campaña en territorios como el Bajo Aragón, donde la capacidad de movilización de los partidos y el arraigo de candidatos, alcaldes y concejales pueden tener un peso considerable.
Las preocupaciones de quienes viven en el medio rural y en las grandes ciudades no son, según el sociólogo, tan diferentes como podría pensarse. La vivienda y la inmigración aparecen como cuestiones compartidas. Lo que sí cambia es el comportamiento electoral. Urquizu apunta a una aparente paradoja: aunque las zonas rurales españolas son entre cinco y diez puntos más conservadoras que las grandes ciudades, la izquierda está resistiendo mejor electoralmente en pequeñas localidades y territorios del interior que en algunos grandes núcleos urbanos.
Una de las explicaciones estaría en el arraigo territorial. La presencia de candidatos, concejales y alcaldes permite especialmente al PSOE, pero también a otras fuerzas de izquierda, conservar una implantación que contribuye a movilizar el voto en los pueblos. Ese anclaje estaría ayudando a estas formaciones a resistir mejor en el medio rural ante el avance de posiciones conservadoras.
Vivienda e infraestructuras, claves en campaña
De cara a la campaña, Urquizu sitúa la vivienda entre los principales asuntos que pueden condicionar el debate político. Es un problema que, subraya, ya no afecta exclusivamente a las grandes ciudades. En el caso de Teruel, a esta preocupación se suma un asunto histórico: las infraestructuras. El sociólogo prevé que vuelvan a ocupar un espacio relevante en los discursos de los partidos, aunque advierte de que la ciudadanía deberá valorar la credibilidad de unas promesas que se vienen repitiendo desde hace años. El diagnóstico sobre la vivienda adquiere además características particulares en los pueblos. El problema no se limita al precio, sino que afecta directamente a la disponibilidad de inmuebles.
En cambio, considera que la despoblación podría perder protagonismo respecto a campañas anteriores. Durante la última década llegó a situarse en el centro del debate nacional, pero ahora cuestiones como la vivienda o la inmigración podrían desplazar los asuntos más locales y provinciales. Para Teruel y, específicamente, para el Bajo Aragón, Urquizu apuesta por las infraestructuras como uno de los temas propios que sí mantendrán peso durante la campaña.
Los jóvenes, otro voto a seguir
Otro de los factores que Urquizu considera determinantes es el comportamiento electoral de los jóvenes. Según su análisis, se trata de una generación más conservadora que las anteriores, pero también marcada por una importante brecha política entre hombres y mujeres jóvenes. El sociólogo señala que ellas se sitúan considerablemente más a la izquierda y muestran posiciones más feministas, mientras que entre ellos existe una mayor inclinación hacia la derecha. Esta polarización generacional puede beneficiar especialmente a las fuerzas situadas en los extremos del tablero político y Urquizu apunta particularmente al potencial crecimiento de Vox entre los hombres jóvenes.




