Las puertas de la Casa del Mayor de Monroyo llevan abiertas desde el pasado 17 de diciembre y el trabajador social natural del pueblo, el joven Ángel Antolín, ya nota una mejora en los usuarios: «No tanto de autonomía, porque con suerte los usuarios son bastante autónomos, sino sobre todo a nivel emocional. Veíamos gente que al principio estaba tristona, decaída, sin ganas de hablar y el día a día ahora es más ameno». El invierno ha sido algo menos duro en la localidad, han destacado los residentes, después de que entrase como uno de los cuatro pueblos seleccionados en Aragón para albergar un proyecto piloto que representa, para la consejera autonómica encargada, Carmen Susín, un «nuevo modelo de cuidados de proximidad». Y además ayuda a fijar población, reafirma el alcalde local, el popular Miguel Gascón.
En estos primeros tres meses de vida, el arranque del centro ha sido muy positivo. Tanto que el regidor contrasta que hay tanto afluencia en el lugar como de peticiones para incorporarse. Y eso, destaca Gascón, pese a cierta resistencia inicial, porque siempre hay personas mayores muy dadas a conservar sus hábitos y reacias a cambiar de espacios. Por el momento, servicios como «el baño adaptado con asistencia aún no han sido utilizados, pero si a las personas más dependientes les hiciera falta, igual que hacen uso del servicio de comedor, recurrirían a esto», añade Antolín, quien además explica una de las piedras angulares del proyecto: se trabaja en coordinación con los servicios sociales básicos y el personal cualificado del ayuntamiento, como el técnico de deporte, para supervisar todas las actividades de ejercicio físico que se programen para los ancianos.
Calendario de actividades de estimulación
Y es que la Casa del Mayor no solo son las instalaciones convencionales de un domicilio. A su alrededor gira un calendario completo de actividades de estimulación y prevención como parte del programa autonómico para combatir la soledad no deseada. Todo ello ayuda a que los mayores de la localidad «permanezcan activos y es una garantía de bienestar», asiente Ángel y sonríen satisfechos usuarios como Manuel, Natividad, Elvira o Basilisa en la visita que este miércoles ha realizado al municipio la consejera de Bienestar Social en funciones.

Susín ha compartido un rato de charla con los vecinos, que le han agradecido como si les hubiera tocado la lotería haber sido agraciados con una de las primeras cuatro Casas del Mayor que hay en todo Aragón, aunque el director general de Mayores del Gobierno autonómico, Máximo Ariza, remarca que fue una apuesta realizada en base a unos criterios poblacionales pero que contó con la mayor «receptividad» por parte del Ayuntamiento, lo que es un «punto a favor». Ariza asegura que después de las primeras casas la demanda ha ido a más e irá, a la espera de concretar partidas porque «con las actuales circunstancias políticas» no hay todavía presupuestos de la comunidad para este año 2026.
«¿Por qué Monroyo? Habrá sido por influencia del alcalde», afirma con picardía Elvira Molinos, de 80 años. Gascón era uno de los más satisfechos este miércoles durante el recorrido de la responsable autonómica por las instalaciones municipales. «Está siendo un proyecto fundamental para el municipio y tenemos que continuar en esta línea, se ha generado muy buen ambiente y tiene el gran objetivo de que las personas mayores vivan en su entorno», asegura. «Queríamos que las personas mayores elijan dónde quieren vivir», enfatiza a su lado Ariza, «el que se ha currado» que la Casa haya abierto en Monroyo, incide Susín.
Preguntada la consejera por el mayor valor de estos hogares para personas mayores, ha destacado una palabra muy coreada por los vecinos de Monroyo hoy durante su visita: «Compañía, el solo hecho de no comer solo ya es mucho, es la diferencia entre comer todos los días solo y comer acompañado». Los usuarios dan fe. Natividad Fernández agradece que ya no come sola, vive con su hijo pero está todo el día fuera trabajando, dice, así que es una de las cinco personas que de momento hacen uso por 6 euros del servicio de comedor cinco días a la semana: «Aquí nos cocinan el primer plato y el segundo viene de la fonda del pueblo. Es una maravilla. Una comida estupenda». Susín y Antolín coinciden en que la garantía de que tienen una dieta equilibrada es un plus del servicio.
«Estamos contentísimos», aduce también Manuel Miguel, que va para 80 años y viene al comedor junto a su mujer, aunque solidariamente está «dispuesto a que corra turno si se presentan muchas solicitudes y hay quien lo necesite más» que ellos, que al menos están dos.
Como suele ocurrir en la charla con la consejera, se adueña de la situación la espontaneidad de los vecinos de este pueblo de 300 habitantes. «Esto es voluntario, no es una obligación, aunque abra a las 8 de la mañana no significa que estén ya ustedes aquí a primera hora. En alguna casa de algún pueblo nos dijeron que no les gustaba madrugar», bromea con ellos la alto cargo de la DGA. Susín ha destacado en su estancia en Monroyo la importancia de las Casas del Mayor como estrategia marco dentro del medio rural y para evitar el proceso vital de salir del pueblo por falta de apoyos. «Cada pueblo está construyendo su propia Casa del Mayor -añade-. A su medida».
"Hago pesas, salgo a andar, mejor que el sofá"
El pasado 12 de enero, además de las instalaciones puras y duras que el Gobierno de Aragón reamuebló, adecuó y financió la contratación de dos trabajadores sociales afincados también en el municipio, inició esa citada serie de actividades de estimulación adaptadas al entorno local que han devuelto mucha vida a los residentes. «Voy al gimnasio -afirma Manuel-; hago pesas, salgo a andar, hacemos música… es mucho mejor que pasar el invierno sentado en el sofá frente al televisor. Siempre que haga bueno, como hoy y lo permita el tiempo». El octogenario se asoma a comprobar el día soleado que se ha levantado en Monroyo.
«Sacarle a uno de su raíz es algo muy duro», le cuenta Elvira a Carmen Susín. «Alguno ya no va a soltar el sillón", bromea con ellos la consejera. "Desde luego yo no», espeta con naturalidad Natividad. En este sentido, la consejera en funciones ha hecho hincapié en el valor estratégico de este servicio: «Nuestra prioridad es que los aragoneses puedan elegir dónde envejecer. Las Casas del Mayor son una pieza clave para combatir la despoblación, ya que no solo ofrecen cuidados de proximidad y combaten la soledad, sino que también generan empleo local, como vemos aquí en Monroyo con profesionales vinculados directamente al territorio».

Ariza ha resaltado por su parte que «este no es un modelo rígido, sino que se adapta a la realidad de cada pueblo». De hecho, como cuenta Ángel, han confeccionado una agenda elegida por los vecinos, con el horario que han escogido y las actividades preferidas. De ellas, la memoria y la atención ha sido el prioritario. Para Basilisa Pallarés, de 78 años, ayudarles en el combate de los primeros síntomas de envejecimiento es impagable. En conversación con LA COMARCA, el trabajador social ilustra los «retos» que les han puesto en las últimas semanas. Por ejemplo, les han borrado en un mapa los nombres de las calles del pueblo para comprobar que todos supieran llegar a su destino con la memoria visual como única ayuda; o les han propuesto llegar al supermercado sin atravesar escaleras, o si tienen que hacerlo, «adiestrarles» sobre cómo evitar las caídas y por qué lado deben apoyarse en las barandillas. Propuestas para un envejecimiento saludable y autónomo, en suma.
En presencia de los responsables, los trabajadores del centro destacan también lo importante que es este servicio como herramienta de prevención. «Solo vamos a pedir pastillas al médico cuando nos duele algo. No trabajamos el resto del tiempo con los servicios sociales y sanitarios para que el mayor se mantenga activo», en situación de bienestar y es un pilar esencial para el cuidado de las personas ancianas que pueblan los núcleos pequeños como Monroyo, añade Ángel.
El proyecto impulsado por el Gobierno de Aragón para pueblos de menos de 500 habiantes se ha implantado primero en Monroyo, Libros, en Teruel, Murero (Zaragoza) y Peraltilla (Huesca) con la ambición de transformar el modelo de atención a la tercera edad en los pequeños municipios. La consejera destaca por ejemplo que el caso de Peraltilla, donde se han aprovechado unas antiguas escuelas infantiles, es excepcional, porque los usuarios disfrutan de grandes ventanales de luz en todas las instalaciones, jardín y es muy amplia. La de Monroyo es algo más recogida, convienen aquí las autoridades, pero está provista de todos los servicios imprescindibles para hacer de él un lugar acogedor.
Alternativa a las residencias
De acuerdo con la información de la Consejería regional, las Casas del Mayor se presentan como una «alternativa a las residencias o centros de día tradicionales», ha apuntado la consejera en funciones. Este servicio está dirigido específicamente a personas mayores autónomas o con un grado I de dependencia que necesitan ayuda puntual para realizar las actividades de su vida diaria, fundamentalmente en las áreas de higiene, alimentación y tiempo libre. Los vecinos como Basilisa dan cuenta de cómo hace un tiempo se había puesto en marcha un centro de día en Monroyo, pero «no funcionó. No se preparó como este lugar", opina.
Para garantizar una atención personalizada y profesional, el Gobierno de Aragón financia tanto la adecuación de las infraestructuras como el coste del personal encargado de atender a los usuarios, que son como máximo cinco por cada espacio. Luego, al resto de actividades, como es el caso de Monroyo asisten 14 personas según sea la propuesta. «El servicio también está pensado para irse ampliando con la demanda», ha explicado la responsable autonómica. Aquí han venido vecinos de Torres de Arcas y algún otros enclaves para tomar nota de cómo funcionan las instalaciones y en su caso solicitar el servicio al Gobierno aragonés para optar a él en futuras convocatorias.

En el caso de Monroyo, al centro acuden de continuo Gloria B. (89 años); Manuel Miguel L. (79 años); Nieves F. (77 años); Andrés A. (74 años) y Ángeles C. (72 años), mantiene un horario de atención personalizada por las mañanas –servicio de comida incluido, de lunes a viernes-, mientras que de 16.00 a 18.00 horas se desarrollan las actividades comunitarias abiertas.
El centro destaca por ofrecer un enfoque práctico en sus talleres. Tiene estimulación física y cognitiva; ejercicios de fuerza para tareas cotidianas (como tender la ropa o cargar la compra); y como citábamos juegos de memoria que utilizan el vocabulario local y la orientación por las calles de Monroyo.
El comedor tuvo un inicio progresivo, desde finales de febrero funciona cinco días a la semana, facilitando una alimentación equilibrada a los usuarios. Dan paseos saludables, ayudan a tomar conciencia de la prevención de las caídas, asisten a celebraciones vinculadas al calendario local, como San Antón o actividades intergeneracionales con el colegio del pueblo. «Asistimos a la escuela de adultos y ejercitan nuestras habilidades, nuestra memoria sobre todo. Es una gozada», termina Basilisa. El centro está adaptado al ritmo del municipio. Y dentro, «estamos con en el salón de nuestra casa», remata Ángeles.









