El alcañizano Santiago Gracia, conocido por regentar el bar del polígono Las Horcas, fue el primer ingresado por coronavirus en el Hospital de Alcañiz. Unos días después, su padre comenzó a compartir habitación con él. Hoy, 'Los Santis' ya están en casa. Este jueves 23 de abril, día de San Jorge, no habrá Vencimiento del Dragón oficial, pero tenemos a muchos vecinos y vecinas del territorio que han vencido la batalla del coronavirus. Se puede salir adelante, y lo haremos entre todos.
El médico y exalcalde calandino, Antón Borraz; el cretense Ángel Rubio y su mujer Encarna, que se contagiaron en un viaje a Benidorm; el párroco de Caspe, Samuel San Miguel; las caspolinas Carmen, María Josefa y Mercedes; y 'Los Santis' son algunos de los héroes de esta historia. Héroes que solo tienen palabras de agradecimiento para los sanitarios que les atendieron, sus "verdaderos ángeles". Aquí sus testimonios:
Santiago Gracia, el primer ingresado por Covid-19 en el Hospital de Alcañiz

Santiago Gracia ingresó en el Hospital Comarcal de Alcañiz el lunes 16 de marzo, al mismo tiempo que se decretó el estado de alarma en todo el país. La semana anterior había acudido dos veces a urgencias con molestias cada vez más pronunciadas pero con tos y fiebre, nada de carga en el pecho o dificultades respiratorias como sí sintió el domingo, 15 de marzo. Fiebre alta y el pecho muy cargado y, ante la recomendación de no salir a un centro sanitario si se sienten síntomas, siguió el protocolo y llamó al teléfono de DGA. «Si te digo que llamé 150 veces no te exagero, estaba mal y asustado por todo lo que se estaba diciendo del coronavirus. Era el inicio de todo y la línea estaba colapsada», explica.
El lunes siguió llamando y descolgaron. «Me dijeron enseguida que acudiera al centro de salud porque tenía todos los síntomas». Así lo hizo, allí recibió el mismo veredicto y lo enviaron directo al Hospital donde quedó ingresado ese lunes a mediodía. Ya no tenía ni gusto ni olfato y la prueba, como todos temían, salió positiva. Santi fue el primer ingresado por Covid-19 en el Hospital de Alcañiz.
Los casos comenzaron a sumarse. Recuerda la visita del médico a los cinco días para comunicarle que había que doblar habitaciones. «Me dijo que la compartía con mi padre, ahí me enteré de su contagio», dice. A partir de ahí, el camino lo han hecho juntos y ambos con un final muy feliz. El 28 de marzo, su mejoría hizo que los trasladaran al Hotel Ciudad de Alcañiz y el 1 de abril recibieron el alta hospitalaria. A eso le siguieron 15 días de aislamiento total en una habitación en casa. Él ya tiene el alta y su padre, la acaba de recibir este miércoles. «Ahora somos como el resto, eso de ser inmune no está muy claro ni si es así ni por cuánto tiempo. Estamos confinados en casa como todo el mundo pero ahora tras el aislamiento, en común con mi familia», dice desde casa al otro lado del teléfono.
Convive con su mujer y sus dos hijas que le han tratado «mejor que a un rey». Ellas, al igual que su madre, han pasado también la cuarentena. Se aguanta el nudo en la garganta cuando habla de ellas. El aislamiento en casa lo hizo en una habitación de la que solo podía salir al baño y para todo lo demás, han estado al tanto de todo. «Para ellas pasar todo esto ha sido muy duro… Me fui un momento al médico y ya no volví», se sincera.
Los ángeles de «Los Santiagos»
Santi y su padre comparten nombre y eso les valió el cariñoso apodo de «Los Santiagos». «Solo tengo palabras de gracias, gracias y gracias para todo el personal… ¡pero todo! Desde el centro de salud hasta el Hospital y la gerencia del Hotel que puso las instalaciones a disposición. Desde limpieza hasta cocina… Todo el mundo nos ha tratado con un cuidado y un cariño que va mucho más allá de su trabajo, han sido nuestros ángeles de verdad», dice. Salieron del su ingreso entre aplausos, «un momento muy emocionante, se crea un vínculo muy especial entre pacientes y personal, no somos números, nos llaman por nuestro nombre y a nosotros con este apodo», sonríe.
Hubo momentos muy difíciles por la gravedad de la neumonía que le llevó a convivir 17 días con oxígeno. Poco a poco fue mejorando y su padre también. Cada avance era un impulso de ánimo para ellos y para el personal sanitario. «Solo para colocarse todas las protecciones y trabajar en las condiciones en las que se han visto tienen un gran mérito», añade. Padre e hijo
pusieron mucho de su parte manteniendo una actitud positiva. Evitaron todo conocimiento de noticias y el entretenimiento se centró en lectura, programas de todo tipo menos informativos y contacto con el exterior con las redes sociales y mensajes. Así preservaron su particular burbuja. «Piensas mucho pero hay desterrar lo malo haciendo el esfuerzo que conlleva porque si no, te hundes», reflexiona.
«Animan mucho los mensajes de apoyo que te llegan al móvil o te traslada la familia… Eso da mucha energía», explica antes de hacer extensivos los agradecimientos a toda la gente que ha estado junto a ellos. «No nos han faltado manos y ofrecimientos y es muy gratificante ver cómo se ha volcado la gente en lo que pudiésemos necesitar», añade. La familia es conocida en Alcañiz y en buena parte de los alrededores ya que Santi regenta el bar del polígono Las Horcas y su camión tampoco pasa desapercibido. Su única obsesión era no haber contagiado ni a su familia ni a sus tres empleadas ni a sus clientes. Por ese lado, puede estar tranquilo. «Lo que venga en lo laboral, lo afrontaremos de la mejor forma», apunta.
Piensa en que tiene pendiente muchas celebraciones y es que media familia cumple años en abril y él mismo cumplió los 51 ingresado. «En un hotel de cuatro estrellas, eso sí», bromea. «Lo celebraremos todo en cuanto se pueda y eso sí será memorable», concluye.
El médico y exalcalde calandino, Antón Borraz

El lunes 23 de marzo Antón Borraz comenzó a toser y su saturación se puso a 90. Sin dudarlo, el exalcalde calandino (PP), médico jubilado y residente en Zaragoza, se fue al Hospital Miguel Servet. Ingresó esa madrugada con un PCR positivo y una radiografía pulmonar «que no les gustó a los médicos que le atendieron». «Es una sensación horrible porque te comunican el ingreso y dejas a tu mujer ahí en urgencias; sin saber si la vas a volver a ver. Es una enfermedad inhumana y muy injusta», lamenta. Subraya que, «aunque un día te encuentras bien, al otro se puede complicar».
Le ingresaron a él sólo en una habitación. Pasaba los días viendo al personal sanitario entrar y salir para tomarle las constantes y hacerle pruebas. Recibía llamadas de amigos y familiares y podía escuchar y ver a sus nietos. «Tenía el móvil conmigo y me sentí muy querido y apoyado por gente muy importante», explica.
La medicación funcionó para Antón y el 31 de marzo salió del hospital, aunque ha permanecido en cuarentena hasta este martes. Sólo tiene palabras de agradecimiento hacia el personal que le atendió, desde el primero hasta el último y, como médico, también tiene importantes reivindicaciones.
La primera es que se tienen que hacer test a todo el personal sanitario y trabajadores de centros residenciales. «Es una vergüenza que no se hagan PCR a todos. No sólo por ellos, sino también por los pacientes. Cuando acudes al médico, no piensas en que te puede estar contagiando el sanitario», reflexiona. «Y si no los hacen, por lo menos que les dejen hacerlos a los ayuntamientos», sentencia. También denuncia que no se hagan pruebas a los curados como él. "Me dicen que no me la hacen. ¿Cómo puedo estar seguro de que ya no lo tengo y no lo puedo contagiar?", reclama.
Por otra parte, lamenta que hasta esta semana no se hayan realizado autopsias. «¿Cómo vamos a luchar contra el virus si no sabemos cómo actúa y lo que hace?», se pregunta indignado. Pone énfasis en la necesidad de investigar la enfermedad y se muestra muy crítico con la gestión de la crisis sanitaria.
No obstante, quiere trasladar también un mensaje de ánimo. "Hay que luchar contra él porque podemos superarlo", desea.
El cretense Ángel Rubio y su mujer Encarna se contagiaron en un viaje a Benidorm

El cretense Ángel Rubio comenzó a encontrarse mal durante la segunda semana de marzo tras disfrutar con su mujer, Encarna Muñoz y un matrimonio familia de ambos, de un viaje en Benidorm. El ingreso hospitalario de Ángel se produjo el 18 de marzo, cuando sus síntomas eran ya muy graves y apenas podía dar más de 4 pasos sin fatigarse. Sin embargo, una semana antes, comenzó en primer lugar con gastroenteritis y conforme avanzaban los días la fiebre alta y la sensación de ahogo fueron ganando terreno. Rubio estaba experimentando claro síntomas de coronavirus y por ello alertó a los servicios sanitarios. En un primer momento desde la autoridad que centraliza los ingresos a nivel de Aragón y al que está sometido el Hospital de Alcañiz desaconsejaron su ingreso y dudaron de que el paciente pudiese tener esa enfermedad. Sin embargo la salud de Ángel iba deteriorándose a pasos agigantados hasta el punto de que se ahogaba al ir desde su habitación al baño.
Finalmente recibieron una llamada de que una familiar con la que viajaron a Benidorm, presentaba los mismos síntomas y había sido ingresada en un hospital de Zaragoza a través de su hijo cardiólogo tras haber dado positivo por coronavirus. Ángel califica como una «odisea» las llamadas y ruegos que tuvieron que hacer su hija y su mujer para que lo ingresasen. «Fue clave el hecho de que mi familiar diese positivo. Ahí logró convencer el médico de atención primaria a la autoridad sanitaria del hospital para que me viniesen a buscar. De no haber sido así estoy convencido de que no lo hubiese contado», afirma Rubio.
Ese mismo día se avisó al centro hospitalario. Seis horas después, en torno a media noche, acudió una ambulancia de guardia a buscar a Ángel. «Me recogieron dos chicos muy muy amables, totalmente vestidos y aislados que daba miedo y me trasladaron. Se ve que venían ya de recorrer media provincia porque ese día solo había una ambulancia preparada para toda la provincia», explica. El cretense estuvo nueve días ingresado en el hospital hasta que el día 26 de marzo lo trasladaron al Hotel Ciudad de Alcañiz donde permaneció hasta el día 30 hasta que recuperó la oxigenación.
Ángel lo manifiesta a las claras, pese a los escasos medios con los que el personal cuenta, tal y como observó, la calidad humana y profesional de médicos y enfermeros le pareció sobrehumana. «Tenemos unos grandes profesionales que lo dan todo ¡O más que todo! Gracias a ellos estoy aquí. Pasé unos momentos muy muy malos, lo que viven dentro los profesionales es terrible, pero me salvaron la vida y me trataron extraordinariamente bien», añade. Uno de los momentos más duros que recuerda Ángel, dentro de la gravedad en la que se encontraba, fue el día que falleció su vecino de habitación por coronavirus.
Mientras la salud de Ángel iba empeorando los días previos a su ingreso hospitalario, su mujer Encarna comenzó a presentar síntomas de la enfermedad y alertaron, de igual modo, a las autoridades sanitarias. Sin embargo en su caso la sintomatología fue mucho más leve y pasó la enfermedad en su hogar. «Ahora mismo nos encontramos a salvo. Pero lo que hemos pasado ha sido muy duro», explica Encarna. Durante los primeros días de retorno a casa, Ángel explica que todavía se sentía fatigado pero día a día iba notando una más que notable mejoría. Durante los 14 primeros días en su vuelta a casa, el médico de Cretas lo llamaba a diario para preguntarle por su estado y constatar esta mejoría. Actualmente han desaparecido todos los síntomas de la enfermedad. «No puedo decir que esté al 100% pero sí al 95% y es lógico después de estar tan malo y tantos días parado. El médico me ha dicho que todo está perfecto. Creo que un buen paseo me sentaría muy bien pero ahora toca cumplir con el estado de alarma», apunta.
Pese al excelente ánimo de Ángel y Encarna, no pueden evitar emocionarse al recordar a sus nietos. «Están a solo 50 metros de mi casa y no puedo ir a verlos ni abrazarlos. Será lo primero que haga y me emociono solo de pensarlo», relata un Ángel Rubio visiblemente emocionado. Asimismo, el matrimonio solo tiene palabras de agradecimiento a todos los vecinos de Cretas. Tras conocer el ingreso hospitalario de Ángel, los joteros cretenses, que cada día salen a sus balcones a las 8 de la tarde a cantar jotas y aplaudir junto al resto de vecinos, dedicaron todos los días una jota a Ángel.
«Estoy muy muy agradecido a todos mis convecinos. Fue algo muy emocionante y que no puede describirse con palabras», explicó el cretense. Unas jotas que sí pudo escuchar en directo Encarna desde su confinamiento en su hogar. El mismísimo presidente de la Conferencia Episcopal Española, el cardenal Omella, mandó palabras de ánimo a Ángel a través del móvil. «El cariño que me hicieron llegar desde Juan José, al alcalde, pasando por todos y cada uno de mis vecinos me llegó al corazón y solo tengo ganas de que esto acabe y ver a todos mis vecinos», concluye.
El párroco de Caspe, Samuel San Miguel

Samuel San Miguel es conocido en toda la Comarca del Bajo Aragón-Caspe como el párroco de la capital. Es una persona muy querida por la sociedad caspolina, y está colaborando a su manera para hacer frente a la crisis sanitaria. El pasado 22 de marzo, una semana después de que se decretase en España el estado de alarma, San Miguel decidió sacar ese mismo domingo la Veracruz a la puerta de la Colegiata Santa María La Mayor. Con esta reliquia, -como le contaron los mayores al cura que llegó hace 10 años a la localidad- se lanzaban las rogativas antaño ante cualquier adversidad como una catástrofe, epidemias o una sequía, por ejemplo.
También estuvo realizando una misa diaria desde sus redes sociales, en las que es muy activo. De un día a otro, dejó de emitir sus vídeos en directo y publicó una fotografía desde el hospital de Alcañiz, donde permaneció varios días ingresado tras dar positivo por coronavirus. «Nunca olvidaré todas las muestras de cariño que he recibido estos días, Dios les bendiga a todos», expresó el párroco de Caspe. «Todos los días rezo por todas esas personas que todavía no han superado el terrible virus». San Miguel espera que esta situación traiga «algo de aprendizaje» para que la sociedad se enfrente a «los otros virus que asolan a esta sociedad desde hace mucho tiempo como son las violencias, la pobreza o las guerras».
María Josefa, Mercedes y Carmen, tres caspolinas residentes en las Hermanitas de los Ancianos Desamparados

Las caspolinas María Josefa de 67 años, Mercedes de 93 años, y Carmen de 85, son otras supervivientes del coronavirus. Se enteraron de que eran positivas hace unas cuantas semanas en la residencia en la que viven, llamada Hermanitas de los Ancianos Desamparados, gestionado por monjas. Desde entonces, todas ellas han permanecido aisladas en sus habitaciones. Este jueves será el día en el que vuelvan a encontrarse con el resto de residentes en las zonas comunes.
«Tenemos muchas ganas de ver a la gente, he visto a un par de compañeros por el pasillo de lejos y ya me he emocionado», explica Carmen. Esta caspolina de 85 años es una de las residentes que menos tiempo lleva viviendo en el centro. Entró a comienzos de febrero y en marzo contrajo la enfermedad. «Me di cuenta de que tenía algo porque me sentía muy decaída, no tenía olfato, tenía fiebre… pero nunca he tenido una actitud negativa, sabía que iba a recuperarme», comenta con una gran sonrisa. «Ahora me encuentro muy bien, totalmente recuperada». El tiempo dentro de su habitación lo ha invertido leyendo, viendo la televisión y tejiendo.
«He estado cosiendo lana hasta que se me ha acabado, tengo un montón de regalos para mucha gente». Carmen ha tejido un gran número de bolsitas de colores para guardar los móviles y otros enseres, los cuales repartirá entre familiares y compañeros de la residencia. Dice que lo mejor de todo es que se ha dado cuenta de la gran suerte que ha tenido llegando a esa residencia, donde todo el personal «es de primera y le han tratado estupendamente». Carmen tiene dos hijos (María Josefa que vive en Madrid y Lorenzo que está en Cambrils), cinco nietos y cuatro bisnietos. Lo que más desea ahora mismo es volverles a ver y darles un abrazo.







