Las pocas clínicas veterinarias existentes en el territorio están teniendo dificultades para encontrar a profesionales dispuestos a venir a trabajar en los pueblos. Como consecuencia, deben asumir amplias jornadas laborales. El fin de semana, además, no tienen capacidad para atender urgencias por falta de medios y personal, por lo que el servicio se queda descubierto y, en ocasiones, los animales deben ser derivados a las ciudades más cercanas.
En lugares como Alcañiz, el reciente cierre por jubilación de Agrobasa ha hecho que las demás clínicas deban asumir más pacientes y, por ende, horas de trabajo, aunque con el mismo número de trabajadores. Hay que tener en cuenta que hasta la capital bajoaragonesa llegan pacientes de pueblos adyacentes, y que los profesionales también deben desplazarse a otros consultorios más lejanos. En centros veterinarios alcañizanos como Agaba están buscando a un veterinario para cubrir un puesto, aunque todavía sin éxito. Tienen una plantilla de cuatro veterinarios, pero dos de ellas se encuentran de baja maternal, por lo que el día a día se complica más de lo habitual. "Las condiciones han mejorado muchísimo, pero sigue siendo una de las profesiones que genera más agotamiento físico y emocional", Eduardo Pablo Fernández, uno de sus veterinarios que a su vez señala que el gremio es uno de los que acumula mayor tasa de suicidios por ese estrés acumulado.
Aunque a día de hoy con los puestos completos, desde la clínica Elena Saenz también reconocen la problemática para encontrar personal. Igual que ocurre con el resto de servicios sanitarios, creen que los profesionales prefieren realizar su carrera en o cerca de las ciudades. «Sé de más compañeros que necesitan a gente para cubrir bajas, y no viene nadie», explica Pilar Espallargas, veterinaria de la clínica.
Falta un hospital de referencia
Entre las mayores dificultades a las que deben hacer frente se encuentra el no contar con un hospital de referencia cercano. Cuando tienen que hacer un TAC o una hospitalización de UCI, deben derivar a los animales a Zaragoza o Tortosa. «Es una falta de servicios que nos deja cojos. Da rabia no poder dar al paciente toda la atención que necesitaría», lamenta Espallargas. La situación empeora todavía más en los picos de trabajo, situados entre primavera y verano, es decir, cuando hay más personas en los pueblos.
Y a ello se une la problemática de las urgencias. «A día de hoy es imposible ofrecer ese servicio. Tendríamos que contar con personas que se dedicaran exclusivamente a ello. Un profesional no puede cumplir su jornada y después seguir disponible las 24 horas», concreta Eduardo. Contar con dicho hospital de referencia, explica Espallargas, podría solucionar esta cuestión. Pero aun así, su puesta en marcha sería compleja precisamente por las dificultades para encontrar personal: «Si no quieren venir a trabajar a clínicas pequeñas, con horarios fijo, todavía sería más difícil cubrir puestos que tengan que trabajar de noches».
Ante ello, los profesionales hacen lo que pueden para ofrecer las mejores condiciones a sus pacientes. «Hay servicios itinerantes para que la gente no tenga que ir hasta las ciudades, porque al final los viajes también se notan en la economía. En nuestro caso atendemos todas las urgencias que podemos entre semana», ejemplifica Fernández. Si es necesario, tampoco les importa «apurar el horario» para intentar encontrar una solución para los animales. «Se ayuda como se puede, y entendemos la frustración de la gente, pero no tenemos más medios. Si me llega una pata rota, yo puedo estabilizar, pero no tengo a un traumatólogo para que pueda operar».
El trato con los clientes es positivo para ambas clínicas, pero aun así, reconocen que en según que casos todavía se sienten poco valorados. «Hay quien todavía no es consciente de la presión que viene ligada a nuestro trabajo», cuentan. No obstante, pesa más la parte positiva, y animan a que otros compañeros apuesten por el medio rural. «Estar en clínicas pequeñas te permite coger mucha más experiencia. Los pacientes siempre suelen volver, eso es muy gratificante. Y todo ello sumado la calidad de vida que en una ciudad no tienes».








Soy Laura, de Alemania. Mi familia vive en 50700 Caspe. Tengo 23 años y soy auxiliar técnico veterinario, con 5 años de experiencia en clínicas privadas. Actualmente trabajo en la reconocida clínica veterinaria internacional del grupo IVC Evidensia en Hofheim, Alemania.
Ya he realizado prácticas con un veterinario en Caspe y me gustaría mucho trasladarme a España. Mientras mejoro mi nivel de español en el Centro Joaquín Costa en Caspe, puedo apoyarme en modernos traductores electrónicos simultáneos.
Estaré encantada de que se pongan en contacto conmigo si están interesados, a través de mi suegro en Caspe: Michael.Hegemann58@gmx.de