La campaña de la almendra bajoaragonesa está siendo extremadamente desigual. En el secano los árboles ya están padeciendo enormemente los efectos de la falta de lluvias en este último año y algunos ya se encuentran secos, mientras que en las zonas de regadío del Bajo Aragón-Caspe la cosecha ha sido «buena», aunque por debajo de las previsiones iniciales. En todo Aragón habrá unas mermas de entre un 25 y un 30% por la falta de agua en la margen derecha según calcula el sindicato UAGA. La estimación de 22.000 toneladas aproximadamente se quedarán en apenas 17.000 o 17.500.
En el secano, el almendro sufre los efectos estructurales de la sequía que van más allá de la reducción de la cosecha. El Bajo Aragón lleva un año sin ver llover con intensidad desde que en septiembre de 2023 cayeron 60 litros y las consecuencias son árboles secos que sus propietarios deberán arrancar y volver a plantar. Esto supondrá que deberán esperar unos seis años para que vuelvan a tener capacidad de cosecha rentable. De media, entre un 10 y un 15% de los almendros se encuentran secos y habrá que arrancarlos.
Las lluvias de la semana pasada fueron beneficiosas para los almendros, pero no suficientes. En el Bajo Aragón y el Matarraña cayeron alrededor de 50 litros por metro cuadrado y se necesitarían otros 50 más para poner los árboles al día de cara a la siguiente campaña. Además, en los secos ya no hay marcha atrás.
«Es pronto para dar cifras en el secano pero posiblemente el rendimiento cáscara-pepita baje bastante. Además, estamos viendo que muchas almendras no llevan nada dentro, siempre se da algún caso pero este año observamos que es en un porcentaje bastante alto», explica el agricultor de Valdealgorfa David Andreu, responsable del sector Frutos Secos en la comisión ejecutiva de UAGA. Para aliviar esta situación el sindicato pide a la administración ayudas para hacer frente a los costes de las nuevas plantaciones.
Luces y sombras en el regadío
En el Bajo Aragón-Caspe, la situación es la contraria gracias a la implementación del regadío en la mayor parte de las explotaciones. Las buenas temperaturas de mayo, la ausencia de heladas y grandes granizadas, motivaron que la primera previsión de la cosecha fuera «muy buena» y de mayor tamaño que la temporada pasada, tal y como apunta el gerente de la empresa nonaspina Frutos Secos Ráfales, Diego Ráfales.
Sin embargo, desde UAGA señalan que, pese a una muy buena floración, «el cuajado del fruto no fue tan bueno». «No sabemos por qué. En la recolección se ha visto que no ha salido lo esperado, se ha recogido la mitad, aproximadamente. La situación en el Bajo Aragón-Caspe ha sido pareja a la del resto de la margen derecha del Ebro», recalca Andreu.
La cosecha suele comenzar a principios de agosto pero este año, al igual que otros muchos cultivos como la fruta de hueso o la oliva de Caspe, se ha adelantado cerca de 10 días. Pese a la buena previsión de la campaña, algunos agricultores alertan de la actual escasez de agua que ha conllevado restricciones en el riego, sobre todo, en la zona del Regallo. Concha Molina, agricultora y representante de UAGA Caspe, señala que las explotaciones vecinas se tuvieron que turnar los días de riego para que todos pudieran llegar al final de la recogida. «Si no se termina de regar la almendra, esta no abre. Además, tras la recolección hay que regar bien los árboles para que se recuperen de cara al año que viene», recalca. Las últimas lluvias han dado un respiro a la zona que, aunque sigue con medidas extremas, ha incrementado ligeramente las reservas de agua.
Pese a los contratiempos, los agricultores han visto la campaña con «optimismo» porque el precio de la almendra «continúa al alza dado que en Estados Unidos el estocaje es menor que otros años». «El kilo irá un euro por encima, aproximadamente, por lo que si el año pasado las almendras guara se vendieron entre 3,15 euros y 3,20, este año estará sobre 4,00 o 4,20. Aun así, no estamos cubriendo costes», remarca el responsable sindical de la campaña de frutos secos.
Cada vez son más las explotaciones que pasan de secano a regadío con el objetivo de garantizar lo máximo posible su producción de almendra. Sin embargo, la sequía y sus consecuencias también empiezan a amenazar a estas producciones.







