Entre esa primera bata blanca que todavía conserva Jorge Sancho, uno de los socios fundadores de ‘El Síndrome’ y el título de ganadores de las carrozas de 2023 -por sexta vez en su historia- han pasado ya 40 años- y casi todo «sigue igual». Era 1984 cuando el bar El Gato Negro de Alcañiz, lugar en el que solían encontrarse varios grupos de amigos fue testigo de la creación de lo que sería una peña con muchos años de historia y cientos de anécdotas en las espaldas. «No teníamos nombre ni nada y nos juntamos con la cuadrilla, que les llamábamos los del Rangel porque eran los clientes de ese bar».
No solo fue Sancho el que estuvo detrás de toda la organización, sino que también le acompañó ‘Jose Luis Martínez, (‘Pepinero’) Fidel Marzo’, cada uno de edades distintas y hasta con diez años de diferencia entre ellos. «Ha habido más socios fundadores, pero nosotros hemos sido los que hemos estado durante los 40 años al pie del cañón y no hemos fallado ninguno», dice, emocionado. En cuanto al nombre y a la bata tan característica de ‘El Síndrome’ y, que siempre llevan puesta, sea en la parte del cuerpo que sea, la historia se remonta al contexto social de los años 80 y 90 cuando la enfermedad del SIDA acaparaba los titulares de todos los informativos. «En ese momento era de lo que todo el mundo hablaba y decidimos darle la vuelta y llamarnos ‘El Síndrome’».

Lo siguiente ya fue utilizar la bata blanca como distintivo haciendo referencia a un médico y patentaron el logo. «La bata, la mayoría la conseguimos de los carniceros del pueblo porque nos las daban. La primera todavía la conservo, aunque ya es de color amarillo (ríe)». Durante prácticamente los 10 primeros años de ‘El Síndrome’ sus integrantes convertían la peña en su propia casa desde el día 8 hasta el 13 de septiembre. «Hacíamos de todo allí, hasta incluso dormir. Las madres nos cosían cojines muy grandes y los llenábamos de alpaca, después los poníamos en un rincón -donde no molestaban- y quien quería podía dormir ahí». Empezaron unas 35 personas y hubo un tiempo que estaban hasta 300 y el bidón de vino que tenían en local les acompañaba siempre. «Cuando éramos jóvenes no se limpiaba, ni tampoco recogía y ahí guardábamos toda la basura. El último día era casi imposible entrar por el olor que desprendía», recuerda.
Las carrozas siempre han sido su acto favorito de las fiestas y en su camiseta tienen selladas seis estrellas que según Sancho pronto sumarán la próxima porque volverán a ganar las carrozas estas fiestas. «Hubo un año en el que construimos un barco vikingo, pero como no éramos expertos no tomamos medidas. Al salir del local no cabía por la puerta y todo se solucionó con un acelerón y diciendo que el barco había venido de una batalla porque se nos rompió». Para estas patronales han hecho una camiseta conmemorando el 40 aniversario. En el local «juntos al igual que siempre han estado» celebrarán casi medio siglo de vivencias pasadas y de todas las que quedan por contar.











