Resalta y no solo por su historia y antigüedad. La Vera Cruz de Caspe descansa todo el año en la capilla con más luz natural de la iglesia Santa María Mayor de Caspe. La de Santiago se encuentra a la izquierda del altar y, aunque todavía está pendiente de que se arreglen los problemas de humedades, destaca por su gran claraboya. En el centro de la capilla, la reliquia cumple 630 años desde su llegada a la localidad.
La fecha no es exacta, sino más bien orientativa, puesto que no se han encontrado documentos que lo confirmen. No obstante, la cofradía de la Vera Cruz y del Santísimo Sacramento la acepta ante la alta posibilidad de que el objeto llegara junto con los restos mortales de Juan Fernández de Heredia, Gran Maestre de la Orden de San Juan de Jerusalén. Heredia había pedido ser sepultado en la que, en 1396, todavía no se conocía como la Ciudad del Compromiso, más en concreto, en la capilla del Santo Cristo del que había sido su convento.
La Vera Cruz es un fragmento del Lignum Crucis -la cruz de Cristo- y constituye una de las reliquias más importantes del cristianismo. La parte que llegó hasta Caspe fue la que procedía del pectoral de Clemente VII, Papa de la obediencia de Aviñón, y que fue donada en 1934 a Juan Fernández de Heredia.
La cruz pectoral destacaba por contener un fragmento de considerables dimensiones del Lignum Crucis, de un palmo de alto y unos 15 centímetros de ancho; y estar engastado en una fina lámina de oro con celosías y adornado de perlas y piedras preciosas, explica el presidente de la cofradía, Domingo Albiac. Este es uno de los trozos conservados más grandes del mundo, detrás de los de París, Roma y Santo Toribio de Liébana, en Cantabria. Su ornamenta original, en forma de cruz pectoral fue adaptada a una para altar con un relicario exterior y un pie que quedó en paradero desconocido.
La Vera Cruz ha sido testigo de numerosos acontecimientos en Caspe. Uno de los más importantes fue la elección del rey de la Corona de Aragón, en 1412, tras la muerte sin descendencia de Martín I El Humano. La reliquia fue, de hecho, uno de los elementos sagrados que se emplearon en el Juramento de los Compromisarios, pocos meses antes de la celebración del Compromiso de Caspe.

Cierra la procesión del Santo Entierro
Este Viernes Santo la Vera Cruz volvió a cerrar la procesión más destacada de Caspe, la del Santo Entierro. Es la única en la que participa, portada sobre un paso y que reúne a las nueve cofradías del municipio en la procesión que también es la más larga, con una duración de unas tres horas. Su final también es especial con el cierre del sepulcro, un acto que impacta por el paso de la luz a la oscuridad dentro de La Colegiata.
Como novedad, este año ha comenzado media hora antes de lo habitual, a las 20.15, lo que ha implicado que la procesión comenzara con la luz del atardecer y no tardara en imponerse la noche y la iluminación de los pasos, velas y faroles. Bajo la atenta mirada de cientos de vecinos, las cofradías han procesionado con gran solemnidad por la parte alta y baja del municipio.
Procesión del Santo Entierro Caspe./ S.F.
Asimismo, desde tiempos «inmemoriales», destaca Albiac, la reliquia protagoniza además la bendición de términos cada 3 de mayo; y el 14 de septiembre es centro de la celebración de la Exaltación de la Santa Cruz, que va precedida de un quinario de celebraciones litúrgicas. De forma excepcional, el año pasado, se retransmitió en directo por televisión. El año pasado, por otro lado, se cumplieron 30 años desde que la cofradía del Santísimo Sacramento y la de la Vera Cruz se unieron en una sola.

Todos a una en Jueves Santo
Más allá del Viernes Santo, Caspe protagonizó uno de sus momentos más esperados con el acto de Romper la Hora que, a diferencia de los pueblos de la Ruta, se caracteriza visualmente por la división de color que se aprecia. Cada cofradía porta su indumentaria y forma una filas, creando una característica imagen en la plaza España.
Siete de las nueve cofradías, que son las que cuentan con banda, se unieron en un solo toque para, después, ofrecer sus exhibiciones. Al terminar el acto de Romper la Hora, todas salieron en orden y fueron entrando una a una sorprendiendo a los cientos de vecinos y visitantes con su destreza con los bombos, tambores y cornetas.
















