Más de 900 días y 900 noches son los que separan el antes y después de una vida «plenamente normal», que cambió por completo, en un instante, y «sin pensarlo» para la mayoría de los ucranianos. Aquel 24 de febrero de 2022, fecha en la que se inicio la invasión rusa fue un volver a empezar para muchos de ellos y todavía sigue todo igual con la esperanza de que algún día termine este mal sueño.
Ahora, en estas fechas se cumple más de un año y medio desde que llegó a Andorra el último grupo de refugiados (enero de 2023) con autobuses fletados por Forestalia tras el inicio del conflicto. Desde entonces, una parte de ellos, aproximadamente unos 90 de las 200 personas que vinieron repartidos en cuatro autobuses siguen ahí, rehaciendo su vida, día tras día, con la esperanza de que termine pronto esta amarga etapa de sus vidas.
«Llegué con el primer autobús junto a mi hijo Bogdam de 16 años. Teníamos solo dos maletas y muy poco dinero, recuerda. No sabíamos hablar castellano, pero tratamos de estar animados y con fuerzas para así poder trabajar y enviar dinero a Ucrania para los familiares que seguían y siguen ahí, mi hermano, mi abuela y mi madre, que están ahora residiendo en una zona ocupada», explica Viktoria Khmelnytska, una de las refugiadas que tuvo que dejar su vida por completo y su trabajo como comercial en una fábrica de sofás en Ucrania o la misma que ahora centra su trabajo como coordinadora del proyecto social de Forestalia desde hace dos años. «Los que se quedaron ahí no tienen ninguna oportunidad para trabajar y nosotros debemos aprovecharla lo máximo que podamos», recalca.
Como ella, 30 personas (más mujeres que hombres) tienen en Andorra y en los pueblos de alrededor su nuevo puesto de trabajo, que consiguieron a través de Arajob (Empresa de Trabajo Temporal) ubicada en Zaragoza y que ha sido «clave» en este proceso. Algunos de sus empleos corresponden a la misma profesión que tenían en Ucrania, aunque son la minoría y otros de algo totalmente nuevo. A pesar de ello, todos persiguen un mismo objetivo: «el de sobrevivir», en palabras de Kinga Krzysztofek, coordinadora del proyecto social de Forestalia.
Se dedican al sector de la construcción, personal de limpieza, hostelería, administración, trabajan en fábricas de todo tipo y lo hacen en empresas del territorio. «Están empleados casi todos los que vinieron, excepto unas tres o cuatro personas. Estamos contentos por haber podido ayudarlos durante todo el tiempo. Hemos hecho todo lo que ha estado en nuestros manos, a algunos les ha costado más que a otros, pero han podido adaptarse y el balance es positivo», explica la coordinadora.
2 años trabajando
En el caso de Viktoria Khmelnytska trabaja desde septiembre de 2022 en el proyecto social de Forestalia y la integración con el entorno y el trabajo «ha sido buena». «Al principio vivíamos en el centro Ítaca a cuenta de Forestalia y después nos trasladamos a las casas tuteladas. Durante esa época nos lo pagaban todo: las comidas, el alojamiento y todas las facturas o necesidades que podíamos tener hasta que empezamos a trabajar». Ahora son ellos que se administran «como lo hacían antes en Ucrania» y con lo que les queda lo envían a su país para ayudar a los que están ahí.
Viktoria tiene contrato fijo y su tiempo libre lo dedica a aprender español o pasar tiempo con su hijo. La primera de las actividades la realiza junto a otros ucranianos y lo hace en las clases que se ofrecen totalmente gratuitas de forma semanal gracias a un grupo de cuatro voluntarios formado por profesores que ya están jubilados. «Mi español es un poco ‘loco’ y quiero aprender a hablarlo perfectamente. Las clases nos van muy bien porque después en el trabajo nos sirve para mucho», señala. Su hijo, Bogdam que ya cumplió la mayoría de edad mientras residía en Andorra, también sigue aquí y está «integrado». «Tiene amigos españoles y ucranianos y hablan perfectamente, mucho mejor que nosotros (ríe)». «Ahora es una persona adulta y busca trabajo, igual que todo el mundo», añade.
Más de 30 niños
No solo fueron los adultos los que tuvieron que empezar su vida desde cero, ya que muchos de ellos vinieron acompañados de sus hijos en busca de una vida mejor. En la actualidad, son un total de 35 niños los que residen en Andorra y sus edades comprenden desde los pocos meses hasta los 17 años o incluso mayores de edad. Llevan tanto tiempo que algunos de ellos ya nacieron aquí, en la villa minera. «Hubo uno que no pudo elegir mejor fecha para nacer en España y lo hizo el día 12 de octubre, coincidiendo con el día de la Hispanidad y del Pilar», detalla Kinga Krzysztofek. Desde que llegaron Forestalia se hizo cargo de sus gastos hasta que las familias pudieron asumir su manutención «Se han pagado clases de fútbol o comprado el material para que pudieran realizarlas. También se les ha ayudado en el proceso de matrícula o en lo que fuera necesario en cada momento», explica Krzysztofek
«Queremos quedarnos aquí»
Han pasados dos años y medio desde «que empezaron desde cero su nueva vida en Andorra» y cuando se les pregunta por sus previsiones de futuro Viktoria que vive en Andorra junto a su hijo Bogdam lo tiene claro. Su futuro pasa «por «seguir construyendo una vida en la villa minera, igual que muchos otros que residen aquí». «La idea es quedarnos en España y sé que otros ucranianos, que están en la misma situación, también tienen ese pensamiento». «Ahora mismo hay muchos que no tienen su casa de Ucrania, porque la guerra se la ha destruido por completo por lo quieren seguir estando aquí», añade.
Por su parte, desde la propia coordinación del proyecto social recalcan que es difícil saber cuáles «serán las intenciones de cada uno de ellos, ya que forma parte mucha gente y cada uno tiene unas prioridades distintas y parten de situaciones diferentes. «Por ejemplo, si hay una madre soltera con dos hijos es más complicado volver a un sitio que ya no tiene nada y probablemente esa persona se quede en Andorra». «Los que son más jóvenes quizás busquen algo en ciudades más grandes, no obstante, sí que hay muchas personas que nos han confirmado que se quedaran en Andorra, al menos durante bastante tiempo», concluye.








Menuda vergüenza,Arajob es una ETT creada por Forestalia para que los propios Ucranianos traídos aquí den beneficio a Forestalia y así es una forma de ganar dinero fácil.
Parte del salario de esa gente para ellos ….