"¿La mayor dificultad para pintar? Que tengo 83 años". Joaquín Sanz, a quien todo el mundo en Urrea de Gaén -y más allá- conoce como 'El Molinero', se pregunta y se responde sobre algo que lleva haciendo toda la vida. Es artesano y en Urrea su huella se esparce por todas partes. Incluso da la bienvenida a quienes entran al pueblo desde Híjar con el Monumento al Bombo ubicado junto al colegio. Ya tiene unos cuantos años la escultura, pero él no ha echado el freno creativo.

Entre el huerto y su taller suele pasar buena parte del tiempo cuando está en Urrea. En Zaragoza, comparte sus conocimientos en pintura con más gente que quiere aprender. La cuestión es que si Urrea llama, él siempre está disponible. Este año ha respondido a una llamada por partida doble de manera altruista con dos capillas religiosas: la virgen del Rosario y la virgen de Arcos.

La primera se encuentra en el interior de la iglesia San Pedro Mártir obra del arquitecto Agustín Sanz. Las personas que se encargan del cuidado de la imagen le solicitaron consejo para ver qué podían hacer para que la santa estuviese más arropada. "Son amigos y lo hice", apunta Sanz. En este caso, quiso que el trampantojo que tenía que pintar encajara en la arquitectura neoclásica del templo. "Aunque la capilla es rococó, es la que había ya antes de la iglesia, que pertenecía al Duque de Híjar", dice Sanz. "Pero yo quería que encajara más dentro del conjunto de la iglesia, un neoclásico de líneas puras, sencillas, nada recargado; y así fue", añade. El resultado ahí queda en forma de dos luminosas columnas que enmarcan a la virgen.

Además de a su propia experiencia, Sanz 'El Molinero' se ha encomendado a la pintura impresionista. "He procurado que tengan frescura porque me gusta mucho la pintura impresionista y ese es el efecto que causa, no se busca la perfección academicista, es otra cosa", reflexiona.

Este ha sido el modo de proceder en la segunda capilla, una sugerencia que le llegó a raíz del gran cambio que experimentó la virgen del Rosario. En este caso se trata de una capilla abierta en la calle y está dedicada a la virgen de Arcos, cuya festividad se celebró el mes pasado cuando ya se pudo disfrutar del resultado con la misa de calle.

La diferencia es notable y en ambas contó con la ayuda de personas como Germán Monforte, que, además de aparejador, es para Sanz un amigo. "Está muy vinculado con la parroquia y, sobre todo, es muy buena persona", apunta convencido de que este tipo de trabajos fortalecen los lazos personales. "Siempre he considerado que una obra en el pueblo no debe ser particular de uno, sino que hay que involucrar a gente y que sea colaborativa. Creo que en los pueblos debemos ir juntos por el interés común", reflexiona.









