El incendio se produjo en una vivienda de la localidad el pasado 5 de enero y se investigó al principio como un accidente
Parecía que ahí acababa esta terrible historia, pero los vecinos de Chiprana siempre sospecharon que había algo más detrás. En la investigación, ahora cerrada, consta la biografía del menor, que explica que se trata de un chico conflictivo que había pasado ya por los servicios de Menores de la Generalitat de Cataluña, mientras vivió en Cataluña. Sus padres se separaron y lo reclamaron al trasladar su residencia a Aragón. El fallecido, psicólogo clínico de profesión con consulta en Lloret de Mar, Zaragoza y Chiprana, fue quien finalmente lo acogió en su casa.
El ministerio público lo ha acusado de un delito de asesinato con las agravantes de ensañamiento y parentesco, otro de incendio y otro de amenazas a la madre en el ámbito de la violencia familiar. Por todos ellos ha pedido la pena máxima para un menor de edad: ocho años de internamiento en un centro cerrado.
Claves del suceso
El suceso se produjo en la víspera de Reyes. Sobre las 16.30, se declaraba un incendio en la primera planta de la vivienda situada en el número 6 de la calle de Oriente.Cuando los bomberos del parque de Caspe de la Diputación de Zaragoza acudieron al lugar la vivienda estaba en llamas y se oía a un hombre pidiendo ayuda. Guiados por las imágenes de una cámara térmica y por sus gritos, los bomberos lo encontraron tumbado en un pasillo del primer piso.
A pesar de la gravedad de las lesiones, A. A. C. no perdió la consciencia e incluso pudo hablar en la ambulancia que lo trasladó a la Unidad de Quemados del Miguel Servet, donde ingresó en estado crítico y falleció el 18 de enero, tras haber permanecido sedado todo el tiempo.
En el momento del incendio se encontraba en la casa su hijo, un adolescente de 16 años que había salido por la terraza escapando de las llamas. En el pueblo se comentaba la suerte que había tenido el joven de salir sano y salvo, fortuna que no había acompañado a su padre, ya que tenía movilidad reducida debido a los dos ictus que había sufrido hacía un tiempo.
Investigación
La Guardia Civil abrió una investigación para averiguar el origen del incendio y aclarar lo sucedido. Como es habitual en estos casos, los agentes de la Policía Judicial hicieron una inspección ocular de la vivienda, tomaron muestras y fotografías e interrogaron a los testigos, entre ellos el adolescente. Pronto detectaron que algo no encajaba en las declaraciones del menor.
Sus sospechas se vieron corroboradas también por los informes médicos y forenses, que indicaban que la víctima tenía las lesiones más graves en la cabeza y en la cara y luego se extendían por el torso. También que eran compatibles con que hubiera sido rociado con un líquido inflamable (que identificaron posteriormente como alcohol de quemar) y luego prendido fuego.
Descubrieron también que la convivencia con el adolescente –que cumplirá 17 años el mes que viene– había sido muy complicada por la agresividad que demostraba con sus familiares más cercanos, desde su madre o su abuela y las parejas de ambas o con su hermana pequeña, según ha podido saber este diario.
Según fuentes conocedoras del caso, el menor ha negado ser el autor del crimen y ha dicho que fue la propia víctima quien se quitó la vida. La afirmación ha sido desvirtuada con contundencia por los informes policiales y médicos, pero es relevante la explicación que da de lo ocurrido ese día.
Al parecer, había salido el viernes 4 de enero con sus amigos, llegó de madrugada y el día 5 se levantó muy tarde, lo que le valió el reproche de su padre. Él se defendió preguntándole si le había comprado algo para Reyes y ahí se desató una discusión que, según la acusación, la zanjó rociándole alcohol de quemar y pegándole fuego, aprovechando que su padre iba en silla de ruedas a raíz de haber sufrido dos ictus.







