El yacimiento arqueológico 'La Rehuerta', en Alcañiz, sumará un nuevo capítulo al patrimonio histórico de la ciudad. Desde este lunes, un equipo de voluntarios liderado por el arqueólogo José Antonio Benavente, trabaja en la recuperación de una necrópolis medieval del siglo VI d.C. La intervención cuenta con el apoyo de la concejalía de Patrimonio del Ayuntamiento, con un presupuesto aproximado de 5.000 euros y se prolongará cuatro meses.
"En tres jornadas de trabajo hemos descubierto unas 10 tumbas nuevas y posiblemente intactas", ha detallado esta mañana Benavente. Aunque no es la primera vez que se realizan labores en esta zona, hace 15 años comenzó un proyecto de investigación con la Universidad de Zaragoza donde aparecieron 25 tumbas.
Además de localizar el mayor número posible de tumbas para conocer la envergadura de la necrópolis, se prevé excavar hasta encontrar restos óseos. El objetivo es realizar estudios antropológicos y análisis de ADN para obtener una radiografía exacta de la población que vivió en ese asentamiento. "La idea es que los antropólogos puedan estudiar estos restos para conseguir información sobre la alimentación, y las enfermedades que han tenido, entre otros datos", ha detallado el arqueólogo.
Esta actuación tiene un doble objetivo: por un lado, avanzar en la investigación histórica y, por otro, convertir el espacio en un punto de interés turístico y cultural para Alcañiz. Carlos Andreu, concejal de Desarrollo y Patrimonio Cultural del municipio, ha destacado que no se destinaban ayudas para este tipo de investigaciones desde el año 2010, aproximadamente. Para él, destinar fondos a estas intervenciones "es fundamental para enriquecer el patrimonio y la historia de la ciudad".

Uno de los voluntarios excavando una de las tumbas./ G.R.
Un marcador de propiedad
La importancia de este yacimiento no reside solo en el número de enterramientos -se estima que hay unos 170 en toda la zona, incluyendo puntos como Alcañiz el Viejo- sino en lo que representan para entender la organización social de la época. Según el arqueólogo, estas tumbas, excavadas directamente en la roca, funcionaban como «marcadores de propiedad de territorios».
Es decir, la gente que hay enterrada en esta necrópolis "vivía justo encima, se encargaban de regaban los campos, eran dueños de las tierras y quienes la cultivaban". En definitiva, Benavente ha explicado que "el enterrar a sus seres queridos aquí era una forma de tener un documento de propiedad de un territorio".
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