Sho-Hai, Carlos Sadness y otros nueve artistas hicieron vibrar al público durante 18 horas seguidas
18 horas y 11 actuaciones después la música se detuvo en Alcañiz. El Aragón Sonoro Festival retumbó por toda la capital del Bajo Aragón desde las 12.00 del sábado hasta las 06.00 del domingo en un evento que, de repetirse el año que viene tras el cambio de gobierno municipal, tiene visos de poder convertirse en algo grande. Alcañiz se transformó por un día en el epicentro de la música no comercial de mano de once artistas aragoneses o con raíces en la comunidad. El objetivo del festival era aunar distintos estilos alejados de esas canciones que se repiten en la radio y, a tenor de lo visto, se cumplió con creces.
Podría decirse que el público respondió. Especialmente, en las actuaciones diurnas (gratuitas), con un gran ambiente tanto en la plaza del Mercado por la mañana como en la plaza Mendizábal a partir de las 15.00. El tramo de día del festival fue la excusa perfecta para tomar el vermú o para beber la primera cerveza de la tarde y provocó que multitud de alcañizanos salieran a la calle para disfrutar de Tachenko, Psychedelic Lemon, Holy Piña, Mr&Mr DJ»s y Florida&Hermosso. Grupos de amigos, familias con niños y hasta una despedida llenaron el centro de la ciudad en una imagen poco habitual más allá de las fiestas de septiembre o de Moto GP.
Por la noche el panorama fue algo distinto. Quién sabe si por el hecho de tener que pagar entrada (12€), por la «competencia» de los pueblos cercanos (varias localidades celebraban sus fiestas), por la acumulación de horas de fiesta o por una mezcla de todos los factores, la Pista Roja terminó ofreciendo una imagen un tanto desangelada salvo en el concierto de Carlos Sadness. No obstante, las cifras de asistencia fueron notables y se superaron las expectativas de la organización con casi 1.000 entradas vendidas.
Carlos Sadness fue uno de los artistas más aclamados por el público | Adrián Monserrate
TéCanela y sus rumbas inauguraron con alegría el escenario nocturno seguidos del folk de El Verbo Odiado. Después Pecker, que también actuó en acústico por la mañana, mostró todo su repertorio y variedad de estilos para dejar paso a la inconfundible melena de Carlos Sadness. El artista, que recordó en varias ocasiones sus raíces aragonesas, no defraudó e hizo enloquecer a sus seguidores cuando interpretó éxitos como «Qué electricidad» o «Te quiero un poco».
El cambio de tercio fue notable cuando Sho-Hai irrumpió en el escenario acompañado de su rap hardcore y de sus bases de bombo y caja. El rapero zaragozano ofreció un concierto frenético, lleno de energía, en el que apenas dejó respiro a sus fans. No faltaron referencias a Violadores con clásicos como «A las cosas por su nombre» ni tampoco temas actuales como «Desnudo» o «Viejos ciegos». El broche final lo puso la DJ Ms Von Disko, que supo medir a la perfección la temperatura de la pista para combinar estilos desde el reggaeton hasta el remember.
Un festival cercano
Merece la pena destacar lo cercano del festival y de sus artistas. Prácticamente todos los grandes nombres del cartel disfrutaron de las actuaciones como un grupo más de espectadores, lo que provocó que se dieran un baño de multitudes. A Carlos Sadness, Sho-Hai (litro de calimocho en mano, por cierto) o Pecker todavía deben dolerles las mejillas de posar para las fotos.











