Roque Lahoz Marín y su familia no olvidarán jamás lo vivido este pasado jueves 12 de septiembre. El día ya era especial de por sí. El ariñense cumplía nada más y nada menos que 100 años de vida rodeado de sus seres queridos, quienes lo definieron como "un ejemplo a seguir, por su implicación en su pueblo y su esfuerzo para dar una buena a sus hijos". No obstante, la jornada resultó ser todavía más especial: ese mismo día Roque también fue reconocido como el vecino más longevo censado en Ariño, su pueblo de toda la vida, al que ha visto evolucionar y junto al que ha ido creciendo a lo largo de los años.
No mucha gente puede presumir haber cumplido 100 años y por ello mismo la familia de Roque preparó una gran tarta acompañada de un número 100 como uno de los detalles para la ocasión. En este día tan especial también quisieron recordar parte de su historia. "Ser homenajeado como el vecino más longevo del pueblo es la demostración pública de admiración y respeto hacia alguien. Para nosotros es un honor que reciba este merecidísimo nombramiento", defiende la familia.
Nacido un 12 de septiembre de 1924, este ariñense no vivió una adolescencia fácil. A sus 12 años de edad conoció lo que era una Guerra Civil, y a los 16 ya estaba trabajando en la mina. Aún así, "su curiosidad y ganas de saber y trabajar" hicieron posible que pudiera aprender un empleo, convirtiéndose en mecánico y siendo el responsable hasta su jubilación del taller de la empresa minera del pueblo. "A lo largo de su vida has vivido la evolución de los coches, y también del mundo de la minería. Ha visto el cierre de la mina de Ariño, aquella que le quitó muchas noches de sueño pero que también le dio tantas anécdotas que recordar hoy", cuentan sus familiares.
A lo largo de todos estos años Roque también ha sido testigo de otros tantos cambios en el pueblo. Él mismo fue quien llevó los ladrillos hasta la Atalaya cuando aún no había camino para poner el poste repetidor de la televisión, y a quien llamaban cuando las tormentas hacían disparar el interruptor y el pueblo se quedaba sin televisión, tal y como recuerda su familia. El ariñense incluso llegó a ser concejal del Ayuntamiento y juez de paz durante unos años, otros dos cargos que confirman su labor incansable. "Dio la oportunidad de estudiar a sus hijos. No disfrutó de grandes vacaciones ni exóticos viajes, pero su casa era el lugar elegido para celebrar fiestas y días señalados. Es un ejemplo a seguir por sus nietos y bisnietos", añaden orgullosos sus seres queridos.
La familia de Roque también recuerda con especial cariño las fiestas de los quintos o las celebraciones familiares a las que el ariñense asistía, donde cantaba sus queridas jotas. Para ellos "bailar con él era dejarse llevar y a veces hasta podías sentir lo que era volar". Por ello, en su 100 cumpleaños, quisieron conmemorar todas estas vivencias, además de lanzarse un especial mensaje: "Nos encanta escuchar todas tus historias. Sigues recordando todo y teniendo interés por lo que sucede en el mundo y en nuestras vidas. Gracias por todo lo que nos sigues aportando, lo que nos has enseñado, tu saber evolucionar con el tiempo, tu esfuerzo y tu ayuda en todos los sentidos".








Mi gran recuerdo y cariño ,que siendo un adolescente entre a trabajar bajo su mando.Trabajador incansable y de las pocas personas ya en vida que levantaron este pais.FELICIDADES.