Las citas con el pediatra se han convertido en un «juego» para los pequeños de Alcañiz, Andorra, Calanda y Caspe desde que el arte transformó las salas de espera y las consultas de sus centros de salud. Ahora pueden sumergirse en un cuento de animales o, incluso, aterrizar en un planeta del Sistema Solar. En 2024, el Servicio Aragonés de Salud encargó a la asociación sin ánimo de lucro 'Believe in Art' humanizar estos cuatro espacios y antes de que terminara el año ya estaban listos para «entretener» a los pacientes de 0 a 14 años.
Detrás de la ONG contratada están dos andorranas que son historiadoras del arte, Beatriz Lucea y María Luisa Grau. Desde 2013, gracias a una cartera de 150 artistas y 80 voluntarios, han pintado cien habitaciones y espacios comunes dentro y fuera de la comunidad aragonesa. Un ejemplo es el Hospital de Alcañiz, donde fue intervenida la sala de Oncología y, posteriormente, Pediatría. «Empezamos pensando en la parte de la infancia, porque los niños tienen menos herramientas que los adultos para enfrentarse a un momento complicado. Aspanoa nos abrió las puertas de la Unidad de Oncopediatría del Hospital Miguel Servet de Zaragoza. De ahí, fuimos pasando de una planta a otra gracias al boca a boca y, ahora, tenemos una larga lista de espera», explica Lucea.
Cada proyecto es único, ya que se crea desde cero teniendo en cuenta la «idiosincrasia» del lugar. «Lo primero que hacemos es ir a mirar el espacio, porque hay que interpretarlo. Influye desde su forma arquitectónica -el tipo de paredes, la altura de los techos o la iluminación- hasta los elementos que suele haber, tanto de aparatología médica como de cartelería. A veces está muy saturado, por lo que a lo mejor tú vas con tu buena intención y haces un dibujo maravilloso, pero lo que estás haciendo es sumar más estrés visual», detalla Lucea. Estas visitas sirven también para que los sanitarios cuenten a la asociación «qué pasa ahí»: si se espera mucho rato o poco, si hay muchos niños, si son más pequeños o mayores...
Con todos estos datos analizados, eligen al artista que consideran más indicado por el lenguaje plástico que suele utilizar en su trabajo. En el caso del centro de salud de Alcañiz se escogió al zaragozano David Guirao; para Andorra a Roberto Morote, autóctono del municipio; en Calanda intervino uno de sus vecinos, Héctor Vidal; y en Caspe se seleccionó a la turolense Alicia Blasco.
Animales en Alcañiz
David Guirao tuvo que enfrentarse a un gresite que cubre las paredes del centro de salud de Alcañiz casi en su totalidad. Los pequeños azulejos en tonos azules miden más que la altura de una persona y solo dejan libre hasta el techo un lienzo en blanco de poco más de un metro. Según lo que se hiciera en la sala de espera de pediatría, podía convertirse en un sitio «muy estresante». Se pensó en Guirao porque «interpreta los espacios como nadie» y «es capaz de hacer magia». No se equivocaron, el resultado fue «increíble». «Jugó con ese gresite que para nosotras era un poco rollo porque nos quitaba sitio de pintar y lo integró completamente. Hizo de la necesidad virtud», señala Lucea. El zaragozano desarrolló toda una iconografía de animales que interactúan con el gresite. Por ejemplo, unos azulejos se convierten en gotas de agua cuando un zorro, una jirafa, una gallina y un tucán reman una canoa.

Una selva en Andorra
La sala de espera de pediatría de Andorra fue el caso contrario al anterior. La superficie para pintar era enorme, sin embargo, tantos metros en blanco eran en sí mismos «un reto». A él se enfrentó Roberto Morote. «Tuvimos la suerte de que la localidad cuenta con un ilustrador increíble. Además, acababa de ser papá, por lo que la implicación, que de por sí hubiera sido seguro al 100%, pues fue ya al 200% porque ahora tiene que ir mucho con su bebé», destaca Lucea, entre risas. También aquí los animales fueron los protagonistas, aunque de un estilo diferente. Son de gran tamaño, hechos con una paleta en tonos pasteles, «divertida y enérgica». Se intervino todo el espacio, incluida la parte baja de la pared cubierta de baldosa blanca y las puertas. «Parece que te sumerges dentro de un cuento», apunta Lucea. Se trata de una selva, con grandes árboles, lianas y plantas, en la que interactúan un elefante, una jirafa, un león, un gorila, un mono y diversos pájaros. También hay un pequeño océano con una ballena y un pulpo.
Iconos de Calanda
A diferencia de los dos centros de salud anteriores, en Calanda la parte intervenida fue el interior de las consultas pediátricas. Héctor Vidal, artista local, propuso dibujar elementos representativos del municipio que son muy reconocibles por los vecinos e, incluso, por los de fuera. «Fue muy divertido. Llevó al terreno infantil, usando un lenguaje que roza casi el comic, al cineasta Luis Buñuel, a los melocotones, a la Semana Santa, al fútbol..», precisa Lucea. El objetivo es que los sanitarios tengan recursos con los que «entretener» a los niños cuando tengan que hacerles pruebas que no son agradables.
De Caspe al Sistema Solar
En Caspe, la turolense Alicia Blasco, una joven con un «talento increíble», no solo embelleció la sala de espera de pediatría, sino que propuso un juego de pistas, con preguntas y respuestas. La temática elegida fue el Sistema Solar, así que los diferentes planetas, enmarcados en sellos postales, recorren las paredes del pasillo. Además, Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno vuelven a aparecer en cada una de las puertas, de modo que «el niño no entra en una consulta sino en Saturno», por ejemplo. «Los planetas también es algo muy cercano para los pequeños. El propósito, de nuevo, es que se entretengan hasta que les atiendan o que no piensen en que les van a pinchar», subraya Lucea.
Ampliación a otros centros
De momento, 'Believe in Art' no ha recibido el encargo de humanizar otros centros de salud, sin embargo, Lucea «está segura de que los habrá». «Cada vez va a ir a más, porque, por un lado, el resto de centros se pican en el buen sentido de la palabra; y por otro, el Salud cada vez tiene más claro que pintar no es una frivolidad», afirma Lucea, quien recuerda que «está demostrado científicamente que el arte vinculado a la sanidad reduce el nivel de estrés».













