La asociación Camino Natural Algars-Matarraña ha solicitado una reunión con los responsables de Caminos Naturales del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación para consultar la posibilidad de optar a ayudas o partidas económicas destinadas al arreglo de los tramos entre Maella y Mazaleón, y Fayón y Nonaspe, por su proximidad al río Matarraña y las afecciones sobre el terreno que provocan las crecidas. Tras la constitución de la nueva junta directiva, el pasado mes de julio, este ha sido el primer paso que se ha dado para continuar trabajando por este camino que discurre por 18 municipios del Matarraña, Bajo Aragón-Caspe y Terra Alta.
El proyecto de mejora de este camino se inició en 2015, tras la constitución de la asociación en 2010 para promoverlo, con el arreglo del tramo entre Beceite y Maella. Las siguiente actuación comenzó en 2018, entre la localidad del Bajo Aragón-Caspe y la ermita de Sant Joan (Batea). La intervención global terminó en 2020 con la adecuación del trazado hasta Beceite. Desde entonces, no se han realizado más trabajos sobre el camino: «hubo un impás por la pandemia y luego venían las elecciones por lo que se decidió que se esperaría a la formación de las nuevas corporaciones para continuar trabajando y ahora se está retomando», explica el presidente de la asociación y alcalde de Fayón, Roberto Cabistany.
El camino natural Algars-Matarraña está registrado en la Red de Caminos Naturales del Gobierno de España y constituye un gran reclamo turístico y de ocio para senderistas y ciclistas. Por ello, la asociación también prevé abordar con el Ministerio las posibles acciones publicitarias y de difusión que ofrece esta red. Asimismo, la junta está trabajando en la recopilación de datos para cuantificar el tránsito de personas. «Hemos enviado una encuesta a los ayuntamientos para que la puedan completar y recoger toda la información posible. Además de para saber el número de personas que visitan el camino, también es interesante analizar si pernoctan en el territorio y se quedan en consecuencia de la visita al camino», apunta el presidente.
2 nuevas delegaciones
Además de las mejoras en el camino y la promoción del mismo, la asociación también trabaja en la apertura de dos nuevas delegaciones que permitan contar con un espacio en cada provincia. Cuando se constituyó la entidad, se decidió ubicar la sede en Beceite y ahora se añadirán las delegaciones de Nonaspe y Caseres (Terra Alta).
Para mejorar la coordinación de las necesidades de mantenimiento y explotación del recorrido, obligaciones de la asociación, se aprobó la incorporación de las tres instituciones comarcales involucradas como socias y con derecho a contar con un miembro en la junta directiva. Esto permitirá articular sistemas de trabajo por comarcas que agilicen las labores de coordinación y que promuevan una gestión «más uniforme», comenta el presidente. Además, con su incorporación los ayuntamientos también esperan poder delegar parte de la carga de trabajo. «La gente no entiende de municipios, sino que quiere que el camino esté bien. Una visión más global garantiza que todo el trazado esté en condiciones y no solo algunos tramos», añade Cabistany. No obstante, esta nueva forma de organización no exime a los ayuntamientos de trabajar por el proyecto y deberán seguir colaborando.
La sequía, un cambio en el paisaje
El entorno del camino Algar-Matarraña es predominantemente seco aunque suele contar con aportaciones esporádicas en forma de precipitaciones a través de tormentas. Sin embargo, la pronunciada sequía que afecta al territorio está dejando huella en su paisaje que pierde su vigorosidad.
La junta directiva es consciente de los cambios climáticos que afectan al territorio pero mantiene cierto optimismo: «son ciclos y ahora quizá toca vivir un periodo de sequía», concluye Cabistany.








Tuve la suerte de hacer el tramo de Beceite a Batea con BTT y es espectacular, todo el rato paralelo al rio.
Sí, la sequía cambia el paisaje, pero también la contaminación visual que generan los molinos tanto de día como de noche. Es absurdo invertir recursos en zonas donde ni apuestan ni valoran su territorio y paisaje.