Las risas y los comentarios en voz alta van anunciando su paso por las calles de Calanda. El taller infantil despliega todas las mañanas su plan de rodaje en el que participan una decena de jóvenes entre 8 y 12 años. Marcos del Río es el profesor y es su primera experiencia en estas lides. Se mueve de un sitio a otro con los nueve participantes que lo rodean como un enjambre. La casa de cultura, el CBC o la plaza de toros, entre otros sitios, son escenarios.
El resultado se verá este viernes por la noche en la gran pantalla en el castillo. En la sesión de clausura en la que se entregarán los premios, el público y ellos mismos verán cómo ha quedado el trabajo de toda la semana.

A Marta le ha sorprendido la cantidad de recursos que se necesitan para rodar. «Yo pensaba que para grabar solo se necesitaba una cámara, pero se necesitan un montón de cosas», dice. A su lado, Índigo, añade el tiempo. «Lo que me ha flipado es ver que un corto de cinco minutos puede llegar a ser un rodaje de cinco días».
Marcos sonríe porque han captado la esencia de la industria audiovisual. «Participan en todo el proceso, desde la lluvia de ideas inicial hasta pasar por todos los roles que hay un rodaje y que sean actores y actrices, pero también combinen con sonido, luces, cámara, que sean ayudantes de dirección… Todo», explica.

La historia mezcla rodaje con cámara e Inteligencia Artificial en la parte de efectos especiales. «Es un tema controvertido y vamos a ver cómo queda el experimento», apunta Del Río, que este año ha fundado Alkimia, «la primera productora de contenido de IA en Aragón».
En cuanto al argumento, la historia gira en torno al hallazgo por parte de tres niñas de una cinta secreta y prohibida de Buñuel. Se meten en los mundos del director y tienen que conseguir salir para llegar a casa a comer.

Una de las niñas es Selma, que además, repite en el taller. «Yo estoy súper bien», advierte y se detiene en una parte del rodaje. «Hay un momento que es una especie de juicio y las tres actrices somos las mismas juezas y a mí me encanta», avanza. Selma, Índigo, Marta, Pedro, Álex, Ana, Martina, Julieta y Ángela son los jóvenes alumnos que lo están dando todo. «La experiencia está siendo muy buena, están poniendo todo de su parte», valora Del Río.

De niños a adultos comprometidos
El taller es una de las iniciativas con más solera que promueve el festival. Del Río quedó atrapado por el cine cuando empezó a estudiar audiovisuales para hacer eventos y televisión, pero comenzó con la asignatura de cine y descartó el resto.
A otras personas este taller les abrió un mundo nuevo, les descubrió un lenguaje y participar en el engranaje de algo que forma parte del día a día y está en todas partes como es lo audiovisual. Es lo que le pasó a Alejandro Espada González, calandino que creció a la par que el festival y que ahora está en la coordinación de invitados y en todo lo que sea preciso. «La principal virtud es la continuidad y ver lo que funciona y ampliarlo, como por ejemplo, los encuentros de Aragón y México, que cumplen tres ediciones», valora.
El festival está en su memoria desde que tiene uso de razón. «Comenzó en 2005, yo tenía cuatro años y mi madre ya venía a todas las proyecciones y me traía», dice. El vínculo se estrechó cuando se apuntó a los talleres. «Doy fe del amor que se genera por el cine, de lo que aprendes y de lo bien que te lo pasas, que es necesario siendo un niño», sonríe.
Espada ha crecido. Es historiador y acaba de publicar con Zafiro Ediciones su primera novela. Es narrativa fantástica, lleva por título ‘Columnas de sangre’ y no se aventura a predecir si le gustaría a Buñuel. «Sí que comparte algo con él y el surrealismo como es la distorsión o la creación de una nueva realidad para criticar algo de la nuestra. Ojalá le gustase, sería un honor», sonríe.












