El sector porcino bajoaragonés ha reforzado las medidas de bioseguridad que ya aplicaba con mayores protocolos y controles ante el brote de peste porcina africana (PPA) detectado en Cataluña. Preocupa las derivadas económicas para un sector que es fundamental en la economía y el mantenimiento de la población de los pequeños pueblos que no para de crecer. Por ello estos días se miran al minuto las informaciones. Por el momento, el brote detectado en Collserola (Barcelona) sigue «contenido» en el área de seis kilómetros en la que se han encontrado 13 jabalíes que han dado positivo en el virus de la enfermedad, un número que se mantiene desde la semana pasada en palabras del consejero de Agricultura de la Generalitat, Òscar Ordeig.
En Aragón se celebran reuniones periódicas del comité de seguimiento de la Peste Porcina Africana (PPA) en las que se revisan los protocolos activos, el avance de las medidas de bioseguridad y las actuaciones preventivas en granjas, transporte y fauna silvestre. La última, este martes.

Mensaje de tranquilidad
La gran mayoría de granjas ya trabajan bajo el modelo de integración. Es decir, los ganaderos ponen su trabajo y su granja y la empresa para la que trabajan es la propietaria de los cerdos y la encargada de proporcionarles todos lo necesario para la cría. Desde el pienso, a los medicamentos, vacunas y la atención veterinaria, entre otros. En el Bajo Aragón Histórico tienen sede dos grandes empresas del sector, el grupo cooperativo Arcoiris y la Cooperativa Ganadera de Caspe, quienes lanzan a la ciudadanía un mensaje de tranquilidad: el consumo de carne de cerdo y de los productos derivados del cerdo es completamente seguro, y no existe riesgo de transmisión a personas ni por contacto con los animales, ni por ingesta de productos derivados.
Cooperativa Ganadera de Caspe comercializó en 2024 cerca de 700.000 cerdos y su censo ganadero se organiza en 30 granjas de madres y más de 200 explotaciones entre cebaderos y transiciones distribuidas en un radio de 150 kilómetros desde la fábrica de piensos de Caspe con presencia en las provincias de Zaragoza, Huesca, Teruel, Lleida, Tarragona y Castellón. Cuenta con 30.000 madres.
Su directora, Carolina Luna, habla de «preocupación» por las implicaciones en la exportación y asegura que la «prioridad máxima» es evitar que aparezcan nuevos focos, y sobre todo, impedir que la enfermedad salte al cerdo doméstico, «preservando a toda costa la bioseguridad en nuestras granjas» para recuperar el estatus de país libre del virus lo antes posible. Desde el último foco de PPA deben transcurrir 12 meses para poder recuperar esa condición.
En Cooperativa Ganadera de Caspe han reforzado todas las medidas de bioseguridad que ya aplicaban «de manera rigurosa» actuando a todos los niveles: las granjas, el transporte y los propios protocolos internos. «Dentro de la complejidad de la situación, se están aplicando todas las medidas necesarias para gestionarla de la mejor manera posible. El porcino español es un sector maduro, competitivo y líder a nivel de producción y exportación, y ha reaccionado muy bien, con agilidad y ejemplaridad. Llevamos años trabajando en bioseguridad y en acuerdos de regionalización, que hoy están siendo decisivos para limitar el impacto comercial de la enfermedad. Además, desde el primer momento ha habido una movilización rápida tanto del sector como de las administraciones para contener el brote. Tenemos que trabajar y colaborar todos unidos en la parte técnica, para erradicar lo antes posible este brote, y en la parte comercial, para mantener la reputación de un sector que alimenta de forma saludable a los consumidores de todo el mundo», destaca Luna.
A nivel económico, la directora detalla que las exportaciones de porcino alcanzan casi los 9.000 millones de euros, de los cuales más de 5.000 millones corresponden a exportaciones intracomunitarias a la UE, que están garantizadas. El acuerdo de regionalización, firmado recientemente con China, permite mantener la actividad comercial fuera de la provincia de Barcelona. En su caso, actualmente, ya tienen confirmado más del 75% del volumen económico generado sobre lo que exportaron el año pasado, y con previsión de poder garantizar prácticamente el 85% de sus destinos de exportación con la confirmación de países como Filipinas, Corea del Sur y Chile. «Desde el punto de vista comercial, es fundamental que se aplique la regionalización para poder reabrir cuanto antes los mercados fuera de la Unión Europea. La prioridad inmediata es garantizar la actividad de matanza en toda España, especialmente en el noreste peninsular. Un brote de PPA en Barcelona es un asunto serio para el país entero, y un problema en España repercute necesariamente en el conjunto de la UE», enfatiza.

Preocupación por la economía
Por su parte, Arcoíris cuenta con 484 socios en Teruel, Zaragoza, Castellón y Tarragona según su página web. Su presidente es Manuel Esteve, quien destaca en declaraciones a Matarraña Radio que la preocupación en el sector es «máxima» por las posibles pérdidas económicas derivadas como la pérdida de mercados y la bajada de las rentabilidades. Considera que el trabajo que se está haciendo por parte de todos los entes implicados es el adecuado, pero el control de la población de jabalís ya se debería haber regulado antes tal y como pedía el sector.
Según Esteve, las explotaciones ya estaban por debajo del precio coste y ahora con la peste esta situación aún se ha acentuado más. «Se está perdiendo 30 euros por cerdo que va destinado a matadero. Las granjas no resultan rentables», detalla. Apunta que antes de la aparición de la peste porcina el cerdo ya llevaba en descenso desde julio y hasta finales de noviembre ha bajado 50 céntimos en la lonja por un aumento de los sacrificios que estaba saturando el mercado. Con la peste, la lonja de referencia de los precios del porcino, Mercolleida, rebajó otros 10 céntimos el precio de la carne de cerdo.
«Somos un motor en el Matarraña y lo queremos seguir siendo, pero viene un año lleno de dificultades. La ventaja que tenemos también es que somos productores, pero a la vez sacrificamos nuestro ganado. Trabajamos dentro de la economía circular, lo que a la larga nos puede beneficiar», destaca Esteve, quien lanza un mensaje de tranquilidad a la ciudadanía. «Gracias a la profesionalidad de todo el sector, la calidad y la seguridad alimentaria está asegurado. Prueba de ello es que continuamos exportando prácticamente con los mercados que estábamos trabajando hasta ahora», afirma el matarrañense.







