Es complicado que centenares de personas hagan silencio a la vez y todavía lo es más que de ese silencio se pase al llanto y a los aplausos en prácticamente un minuto y medio. Eso mismo ha sucedido esta tarde – noche de miércoles en La Estanca de Alcañiz con el eclipse solar cuando pasaban las 20.30 y el reflejo del agua mostraba una belleza que ha dejado bocas abiertas y lágrimas de felicidad a quienes estaban allí.
«Ha sido un momento que no sabíamos como sería y ha cumplido con creces con todas las expectativas. Me ha emocionado mucho poder sentirlo», decía Carmen Pina, vecina de Alcañiz. Ha acudido junto a su hijo y marido al paraje natural de Alcañiz y mientras se estaba produciendo el fenómeno ha sido incapaz de contener las lágrimas y compartir ese instante único. «Qué espectáculo, cómo brilla el agua. Mirad, es increíble este lugar», decía una y otra vez la alcañizana.
Su emoción ha sido compartida por alrededor de 300 personas, las mismas que las que han elegido este lugar para contemplar el fenómeno astronómico que muchos expertos coinciden es único en la vida. La expectativa era máxima y en La Estanca se podría decir que el idioma por excelencia era el inglés o el francés. De hecho, se escuchaba más a americanos que a vecinos de Alcañiz o personas procedentes de España. La mayoría han decidido acudir pronto ante la incertidumbre de no saber cuánta gente elegiría ese mismo emplazamiento y sobre las 18.30 algunas explanadas ya estaban llenas. Había espacio, eso sí, pero lo que era complicado era poder conseguir la esperada primera fila a orillas del embalse para captar la mejor fotografía.
La mayoría de los que había conseguido ese lugar llevaban mucho más tiempo que el resto y también venían hasta Alcañiz con todo tipo de telescopios para aprender sobre este fenómeno. Era el caso de Eduardo García procedente de Valencia y Castellón. Había elegido La Estanca por recomendación de un amigo. «Aquí hay un horizonte muy amplio y nos permite tener una muy buena visión», explica. Habían acudido con dos telescopios diferentes y una hora antes ya tenían cuadrado el sol perfecto para no perderse detalle. En su caso, desde hace unos siete meses empezaron a interesarse por el mundo de la astronomía y han venido con un telescopio de cielo profundo con un filtro solar para tratar de grabar un vídeo. "Lo más importante es disfrutar, eso lo tenemos claro" aseguraban.
De los aplausos se ha pasado a empezar a sacar bocadillos porque el eclipse había dejado con apetito a los que allí estaban. Se han escuchado hasta espontáneos «Viva España» e incluso música Indie del grupo Siloé cuando ha finalizado. Después, poco a poco, se han ido recogiendo las sillas y la gente ha partido de vuelta hacia casa. Allí ha quedado el bar La Perca que esta tarde de miércoles ha llenado desde primera hora su terraza, en la que mucho tienen ahí fotografiado un recuerdo que seguramente recuerden para siempre.
Familias enteras y Quintas, mezcla internacional con local en Pueyos
En Pueyos, las aves nocturnas se adelantaron al momento clave que todo el mundo esperaba. Sus cantos desde las copas de los árboles respondían que "sí", que efectivamente ya la luna iba a ocultar por completo al sol. La penumbra se iba echando, los pájaros trinaban cual atardecer y las luces del santuario se encendieron. En la explanada pronto se extendieron los aplausos y las expresiones de asombro. "No me lo esperaba así, es espectacular", decían entre cuadrillas mientras se seguía repitiendo la palabra estrella, la que ha terminado por eclipsar al propio eclipse: gafas.
"¿Me puedo quitar las gafas?", "me da miedo", "pues no mires ahora"... Y esa fue la tónica desde las seis y media de la tarde cuando empezó a llegar el grueso de personal. Coches nacionales, y la gran mayoría alcañizanos, se mezclaron rápido en la campa de aparcamiento entre matrículas extranjeras. Las francesas, las más numerosas, pero no las únicas. Familias enteras de otros países se han dejado ver y han conocido el santuario, se han sentado en sus merenderos a descansar y se han llevado en las anotaciones y en sus cámaras un buen pedazo de la historia y patrimonio alcañizano. Incluso la Quinta saliente ha quedado para comer en el local de la ermita y, ya de paso, cenar después de vivir un momento único juntos.
En cuadrillas y entre familia, la peregrinación se extendió a la zona de los depósitos donde en otras ocasiones se han hecho ensayos. El aspecto del cerro recordaba mucho a Moto GP. Neveras portátiles, sombrillas y hasta mesitas y hamacas ha habido. Eso, los que acudieron a la merienda y para vivir la experiencia. Junto a ellos, estaban los que iban a por la foto soñada. Entre despliegues de filtros, de recortes de última hora a las gafas para tratar de apañar el móvil, han estado por otro lado los pro, los que con artilugios de todo tipo como telescopios y cámaras con grandes objetivos se han dedicado a vivir la experiencia midiendo y saboreando cada segundo.
La noche efímera del eclipse ha devuelto rápido el día. Las aves se han callado y las luces de los monumentos se han apagado. Pasados apenas 20 minutos ha vuelto a anochecer, esta vez de verdad ya hasta el día siguiente. En ese momento en Pueyos se va dispersando la gente. Los que han venido de visita recogen con la calma, lo hacen con la satisfacción de que el viaje ha merecido la pena porque ha sido, simplemente, perfecto. Los de aquí del terreno alargan la conversación, unos se van a ir de vacaciones pronto y comentan. Reina el buen humor y también la satisfación por haber despejado la incógnita de qué iba todo esto de lo que tanto se ha hablado y la sensación es de querer más. Ríen y celebran lo bonito que ha sido. No falta el grupo que se despide con un jocoso: "Hasta dentro de cien años".
Personas de todos los continentes en el Cabezo del Cuervo
Francia, Países Bajos, Murcia, San Francisco, Cataluña y diferentes puntos del Bajo Aragón. Este miércoles en el Cabezo del Cuervo de Alcañiz se escuchaban acentos de medio mundo, pero todas las miradas apuntaban hacia el cielo. Más de un centenar de personas eligieron este mirador, ya que es un lugar privilegiado con diferentes alturas de visión y sin contaminación lumínica. Horas antes, el lugar fue transformándose en una especie de campamento improvisado con sillas, mesas, neveras, cámaras y telescopios.
El espacio lo ocupaban familias, grupos de amigos y aficionados a la astronomía. Algunos habían recorrido apenas unos kilómetros y otros habían cruzado países e incluso continentes. La alcañizana Alicia Altaba había subido preparada para prolongar la noche y contemplar después las Perseidas. «Hemos venido con la mesa, las sillas y la cena, con el objetivo de disfrutar de una experiencia única en este siglo». Entre los visitantes internacionales estaba Koen, llegado desde Países Bajos junto a una organización dedicada a realizar actividades de observación de estrellas. Habían llegado a Alcañiz el día anterior y tenían previsto marcharse al siguiente. «Es uno de los mejores lugares para ver el eclipse, debido a la gran visibilidad que hay», explicaba sobre la elección del Bajo Aragón.
También se desplazaron miembros de una agrupación astronómica desde Vic (Cataluña), uno de ellos era Jesús Gabaldón. Él señalaba que «hemos elegido esta zona por que se encuentra en el centro de cobertura al 100% y por su buena visibilidad». Su intención era fotografiar las diferentes fases desde el principio hasta el final para poder llevarse un gran recuerdo de este 12 de agosto. Tres telescopios de asociaciones y particulares estuvieron además a disposición de los asistentes para observar el fenómeno. Además, el espacio contó con tres baños y cubos de basura. Pese a la afluencia, el público mantuvo un comportamiento respetuoso durante toda la tarde, dejando el lugar como si nadie hubiera estado allí.
Conforme avanzó el eclipse, el ambiente comenzó a cambiar. Las conversaciones dejaron paso a las miradas constantes hacia el cielo. Los observantes se preguntaban cuando llegaría el minuto y medio de oro. La expectación fue creciendo hasta que llegó el momento que todos esperaban. Durante la totalidad, el Cabezo del Cuervo pareció detenerse. El silencio inicial duró poco, puesto que los asistentes rompieron a aplaudir y entre el público comenzaron a escucharse gritos de «¡olé, olé!». Los visitantes esperaban emocionados. Meses de preparativos desembocaban en apenas unos instantes capaces de poner la piel de gallina.
Antes de que comenzara, la alcañizana Raquel Castañer ya intuía lo que podía suceder. «Seguramente sea la única vez que pueda ver este evento, yo creo que será mágico para mí». Y mágico fue también el ambiente que quedó en el Cabezo del Cuervo. Cuando la luz regresó, el silencio dio paso de nuevo a las conversaciones, la alegría de quienes acababan de vivir un momento difícil de olvidar. Las familias se abrazaban, los niños reían y la emoción se palpaba. Personas llegadas desde lugares separados por miles de kilómetros habían terminado compartiendo desde lo alto de Alcañiz un mismo recuerdo: el eclipse total de sol de 2026.
Pedida de mano en Santa Bárbara
Las altas temperaturas no han impedido que decenas de personas subieran hasta la ermita de Santa Bárbara de Alcañiz. Algunos lo han hecho a pie; otros, en coche, pero todos con un mismo objetivo: disfrutar del eclipse desde uno de los miradores más privilegiados de la ciudad. Aunque durante las primeras horas apenas había coches y solo un par de grupos de personas, a partir de las 19.00 los huecos para aparcar comenzaron a escasear. Poco a poco, varios grupos de visitantes ascendían por la empinada cuesta que conduce hasta la ermita, cargados con sillas, mochilas y botellas de agua.
Los aficionados más apasionados por los eclipses habían llegado varias horas antes de que comenzase el fenómeno para asegurarse los mejores lugares desde los que contemplarlo. Ataviados con gorros y protegidos del calor, se repartían por el entorno de la ermita grupos llegados desde distintos puntos de España, como Barcelona o Madrid, pero también visitantes procedentes de lugares mucho más lejanos, como Escocia o Estados Unidos.
Entre los asistentes se respiraban emociones muy diversas. Algunos mostraban ciertas dudas sobre la seguridad de observar el eclipse, incluso utilizando gafas homologadas. La mayoría, sin embargo, esperaba con entusiasmo el momento de contemplar un fenómeno de estas características. Las diferencias de idioma tampoco parecían ser un obstáculo. Los visitantes se acercaban unos a otros para conversar, compartir anécdotas y comentar sus experiencias. Entre ellos se encontraba un grupo de estadounidenses que había viajado expresamente para volver a disfrutar de un eclipse.
Este grupo había vivido su último eclipse total en Estados Unidos y llegó a España el pasado martes con la ilusión de repetir la experiencia. A ellos se unió un matrimonio escocés que nunca había presenciado un fenómeno de estas características. «Es la primera vez que vamos a ver algo así, y nos parecía más especial aún que fuera en un país tan bonito como lo es España», declaraba uno de ellos. El grupo también explicaba que había elegido Santa Bárbara «de casualidad», después de recorrer durante el día anterior distintos puntos en busca del lugar idóneo para contemplar el eclipse.
La jornada no terminaba con el fenómeno astronómico. Aunque la expectación por el eclipse era la protagonista de la tarde, el grupo estadounidense también tenía previsto salir de fiesta después para aprovechar al máximo su estancia en España. Incluso se planteaban prolongar su tiempo en la ermita para contemplar las Perseidas, que disfrutarán de su mayor esplendor esta noche. Permanecerán en el país hasta el viernes, cuando tomarán un vuelo de regreso a sus respectivos hogares.
No todos los visitantes habían recorrido miles de kilómetros para llegar hasta Alcañiz. Es el caso de Jaime, que se desplazó desde Barcelona, ya que tiene unos amigos en la ciudad. También tuvo en cuenta las condiciones del lugar a la hora de escoger Santa Bárbara: «He venido aquí porque tiene un clima seco y poco húmedo. Además, desde la ermita de Santa Bárbara tienen unas vistas fantásticas para disfrutar de este eclipse».
A medida que la Luna comenzaba a cubrir por completo el Sol, todas las miradas se dirigieron hacia el cielo. Algunos pedían silencio para poder disfrutar del momento; otros rompían la quietud con exclamaciones de asombro ante la oscuridad que iba apoderándose del paisaje. Pero, mientras la atención de la mayoría estaba puesta en el cielo, ocurrió algo inesperado. El hombre que había viajado desde Estados Unidos tomó la mano de su pareja, se arrodilló ante ella y, en mitad de la totalidad, le pidió matrimonio. A su alrededor, los asistentes rompieron en vítores y aplausos, mientras la emoción se apoderaba de más de uno. «No me lo esperaba, no sé cómo ha podido mantener esto en secreto durante todo el viaje», confesaba la futura novia, todavía temblando de emoción.
Cuando la totalidad llegó a su fin, el cielo recuperó poco a poco su luz y Santa Bárbara volvió a llenarse de conversaciones. Los asistentes comentaban todavía lo que acababan de presenciar mientras algunos emprendían el camino de regreso al pueblo y otros se apresuraban a recoger sus pertenencias antes de que las carreteras comenzaran a llenarse.































































