Los cabezudos de Alcañiz tendrán que esperar un año más para danzar y pasear al son de las risas y los murmullos de la gente por las calles de la localidad al no haber fiestas patronales, aunque la espera merecerá la pena porque su próxima aparición será por todo lo alto con un nuevo y renovado vestuario gracias a las alcañizanas Carmen Centelles y Concha Bernal. Estas amigas y vecinas de la calle Calderero han confeccionado de manera voluntaria seis nuevos trajes para que los personajes más cabezones de la capital del Bajo Aragón luzcan sus mejores galas en las próximas fiestas. Estas modistas también confeccionaron de manera desinteresada tres reposteros para sustituir los anteriores y modernizar los balcones del consistorio de Alcañiz en 2018.
Carmen y Concha son dos costureras, ahora jubiladas, que siguen desarrollando su profesión como entretenimiento. Estas mujeres de mediana edad siempre lucen una sonrisa cargada de amabilidad que encandilan a quien las mira. Su personalidad frenética las hace brillar con luz propia, aunque lo que más reluce en ellas son sus corazones, que desprenden un sinfín de bondad, amabilidad y solidaridad. Desde hace varios años colaboran con el Ayuntamiento de Alcañiz para intentar ensalzar la belleza de la localidad adornándola con puntillas, bordados y encajes.
Por amor a la costura
A pesar de no ser amigas desde la infancia, estas mujeres tienen el don del hilo en la sangre ya que se criaron entre telas, máquinas de coser y patrones. Al hablar de aquellos años en los que aprendían a zurcir y coser botones, todavía se les iluminan los ojos lo que demuestra que el amor por la costura sigue vivo en su interior. Algo que también tienen en común es una personalidad explosiva cargada de humor e ironía, por lo que no es de extrañar que la idea de crear adornos textiles para su localidad naciese de una inocente broma. «Todo empezó cuando mi hija fue reina de las fiestas. Concha y yo estábamos sentadas en la plaza viendo la presentación, me quedé mirando los reposteros que colgaban del balcón y pensé que se veían desteñidos y viejos. Así de broma le dije a Concha: «seguro que tu y yo los apañaríamos en un momento» y Concha me contestó: «ay, pues sí, aunque los podríamos hacer nuevos». Y así fue», cuenta Carmen con su característica melodía risueña.
El siguiente paso fue ponerse en contacto con el ayuntamiento y la encargada de ello fue Concha, que quien según su amiga, conoce a todo el mundo porque habla por los codos. Las señoras comunicaron al consistorio la intención de crear unos nuevos reposteros y el ayuntamiento, encantado con la idea, les facilitó todo el material necesario y un diseño con el escudo de la localidad que fue bordado a máquina. «Como los reposteros se cuelgan en el balcón y están expuestos a la lluvia y el sol, queríamos confeccionar algo resistente. Por ello, compramos telas aptas para estar expuestas al clima», explica Carmen. «Igualmente cedimos al ayuntamiento los patrones de los reposteros para que los próximos costureros tengan una guía. Nosotras fuimos un poco a ciegas. Creemos que van a tardar bastantes años en necesitar un cambio, pero para entonces nosotras ya no estaremos aquí», añade Concha con una carcajada.
Desde entonces, el Ayuntamiento de Alcañiz tiene en cuenta a estas dos costureras y en ocasiones les propone nuevos retos, como la confección de nuevos disfraces para la comparsa de cabezudos. «Un día nos llaman del ayuntamiento y nos preguntan si podemos hacer trajes nuevos para los cabezudos. Obviamente, dijimos encantadas que sí» menciona Concha. Los antiguos disfraces eran de raso brillante y ya estaban anticuados. Las mujeres aprovecharon la oportunidad para crear unos diseños con la ayuda del marido de Carmen, quien también trabajó en el sector textil. «Mi hijo lleva uno de los cabezudos y después de encorrer a los críos, acaba sudando hasta los calcetines», explica Concha esbozando una sonrisa que se puede distinguir debajo de la mascarilla. Su compañera añade que para ellas era muy importante hacer unos trajes que fuesen cómodos, de buena calidad para que duren mucho tiempo y sobre todo, que se puedan lavar.
Las ropas para los cabezudos llegaron en dos tandas. La primera de ellas fue en octubre de 2020, cuando las mujeres entregaron a la concejalía de de Festejos los trajes de la abuela y el baturro, mientras que la segunda tanda llegó el pasado mes de mayo. Trabajaron unos cinco meses para finalizar la última entrega de trajes, pero al no haber fiestas patronales, las mujeres no tenían fecha límite y trabajaban durante algunas tardes para matar el tiempo. Entre risas, conversaciones íntimas, aguja e hilo surgieron los nuevos trajes de los cabezudos, que significan un soplo de aire fresco y un lavado de cara para Alcañiz. Concha y Carmen consideran que estos nuevos trajes aportaran mucho color a las calles cuando los cabezudos puedan salir de nuevo a bailar y a entretener a los chicos, o incluso a los más mayores, ya que con su característico humor dicen atreverse a correr detrás de los gigantes porque dicen conservarse muy bien para su edad.
«Todo esto lo hacemos porque sabemos coser, porque nos entretiene y nos reímos como enanas. También lo hacemos porque queremos que Alcañiz sea un sitio mejor para vivir», menciona Carmen. «Solo que cada persona de la ciudad hiciese un poquito por Alcañiz, sería un sitio muy bien cuidado y tendríamos una muchísimas más cosas. Nos gustaría que la gente se involucrase más en lo que hay en su pueblo y que cada uno aportase su granito de arena», recuerda Concha con una seriedad poco habitual en su rostro.
Caldereros como unión
A pesar de ser alcañizanas de nacimiento, Carmen y Concha se conocen desde hace poco más de una década. Su amistad se forjó en la calle Caldereros, donde ambas residen desde hace unos 15 años. El motivo de su desconocimiento fue que Carmen se trasladó a otra ciudad por amor. Su actual marido trabajaba en una empresa textil de Alcañiz y se enamoraron entre tejidos y diseños. Cuando la empresa cerró, Carmen se trasladó a Valencia con él, aunque siempre tuvo la mirada puesta en sus raíces, ya que deseaba volver a su localidad natal en su jubilación. Cuando regresó a Alcañiz, aterrizó en la calle Caldereros y allí conoció a Carmen, su alma gemela. «No hablamos ni nos vemos todos los días, pero sabemos que siempre podemos contar la una con la otra. Este tipo de amistades son los que merecen la pena» menciona Concha observando a Carmen con una mirada enternecedora.
Además de la costura, entre sus pasatiempos favoritos se encuentran las reuniones en el bar tomando un vermut o una enriquecedora conversación sin tener en cuenta el lugar. «Lo más bonito e importante de la vida es tener ratos para reírse y pasar un buen rato en compañía de tus seres queridos, las cosas malas aparecen sin darte cuenta y es mejor fijarse en lo bueno», concluyen las modistas.










