El poblado íbero ha acogido durante las dos últimas semanas un campo de trabajo donde han participado 20 jóvenes de toda España
El poblado íbero de El Cabo de Andorra ha recibido durante las dos últimas semanas una visita muy especial. 20 jóvenes de toda España que han acudido hasta el territorio para participar en un campo de trabajo, organizado por el Instituto Aragonés de la Juventud y coordinado por la Asociación Tres en Raya, que les ha servido para conocer más cerca la cultura e historia íbera que rodea a gran parte del Bajo Aragón Histórico.
Los jóvenes son menores de 18 años y llegaron hasta Andorra desde diferentes puntos de España como Santander, Albacete, Barcelona, Madrid o Murcia, además de Zaragoza, Huesca y Teruel. Los 20 chicos y chicas que aterrizaron en la Villa Minera como auténticos desconocidos y el martes se marcharon de la provincia con amistades repartidas por toda la Península.
«Este tipo de actividades son vitales y básicas para ellos. Les ayuda a relacionarse y a interactuar con otros jóvenes, a respetar al medio ambiente y a adquirir una conciencia social con aquello que les rodea; porque no hay que olvidar que este campo de trabajo, al fin y al cabo, es un voluntariado», destaca Reyes Belenguer, directora de la tercera edición de este campo de trabajo.
Durante 15 días han tenido la oportunidad de colaborar en la construcción de una edificación de estilo íbero y de conocer algunas de las tradiciones que fueron santo y seña de la Villa Minera hace cientos de años. Emprendieron el viaje de vuelta a sus casas este martes y tras de sí dejan una edificación que ahora servirá para que vecinos y visitantes puedan conocer más sobre el poblado íbero de El Cabo. «Además de construir la casa del herrero, han tenido la oportunidad de elaborar ladrillos de adobe y de pintar algunas valles y maderas que forman parte del poblado», comenta Reyes Belenguer.
Cabe recordar que el poblado íbero de El Cabo se encuentra actualmente situado en el parque de San Macario. El yacimiento inicial se perdió a causa de una explotación minera de carbón a cielo abierto y los restos íberos fueron trasladados.
El poblado se compone de una calle central y a ambos márgenes se sitúan las diferentes viviendas. Se mantienen algunas casas originales cuyo interior ha sido decorado para simular la vida en el poblado. No obstante, muchas otras mantienen únicamente la planta. El pasado año los voluntarios del campo de trabajo levantaron el templo de la saterdocisa y este año la casa del herrero.
El objetivo es que este poblado íbero se convierta en uno de los grandes exponentes del legado íbero en el Bajo Aragón Histórico y por eso las instituciones están apostando por crear el centro de interpretación del parque arqueológico de El Cabo en Andorra.
Dos semanas «sin móvil»
Para conseguir una mayor implicación de los jóvenes, el campo de trabajo dividía la jornada en dos partes bien diferenciadas. Por la mañana se realizaban las actividades de campo en el poblado íbero y por la tarde, las actividades lúdicas más enfocadas en el entretenimiento y la diversión.
«Las mañanas las utilizábamos, por ejemplo, para hacer talleres de fabricación del adobe y las tardes las enfocábamos de una manera más lúdica. Hicimos excursiones por la zona de Andorra y conocieron algunos lugares como el Museo Minero de Andorra o las Grutas de Cristal de Molinos», explica la directora del campo de trabajo.
Con el objetivo de lograr mayor atención por parte de los jóvenes, desde la dirección del campo de trabajo también «controlaron» el uso de los dispositivos móviles. Así, los jóvenes desconectaban, de alguna manera, del mundo virtual. «Ha sido algo que hemos hecho para que puedan descubrir de qué manera pueden emplear su tiempo y así puedan comprobar que el móvil no es tan importante en su rutina diaria. Lo tenían restringido a solo dos horas al día y viendo el grado de satisfacción final, creo que algo han aprendido», subraya Reyes Belenguer.
La música, la gran novedad
Además de colaborar en la construcción de la casa del herrero y poder conocer de cerca el entorno del Bajo Aragón Histórico, el campo de trabajo de este año ha contado con una gran novedad: un taller sobre la cultura musical íbera.
Los jóvenes han conocido más cerca el significado que tenía la música para esta particular sociedad e incluso han elaborado sus propios instrumentos. «Han aprendido bailes íberos tradicionales y han construido instrumentos como una pandereta ibérica», cuenta Belenguer. En esta actividad, la colaboración de algunos de los clanes de la Feria Lakuerter de Andorra ha sido esencial.







