El cambio de octubre a noviembre ha sido de miedo en el Bajo Aragón Histórico, donde los pasajes, túneles y todo tipo de propuestas relacionadas con el miedo van a más. Apenas quedan poblaciones en las que se salte por alto que la tarde y la noche del 31 de octubre son para asustar y disfrazarse. También el 1 de noviembre e, incluso el día 2, donde en algunas localidades han estirado sus actos aprovechando el fin de semana. En Caspe, la Fantasmada sigue siendo la cita que nadie se pierde y esta vez hubo incluso animales asesinos y un cumpleaños muy peculiar; mientras en el resto de pueblos las zonas de paseo más comunes e inocentes, se han convertido en lugares en los que padecer.
Así fue en Alcañiz, donde Pui Pinos se transformó en un lugar nada tranquilo en el que aparecieron todo tipo de personajes a cual más estrambótico iluminados con unas luces rojas no menos estridentes. Señal de que algo que no era de este mundo estaba pasando. Esa misma tarde, en la librería Santos Ochoa se presentaba el libro 'Las almetas de antaño' en el que se invita a no perder la costumbre de honrar a los seres queridos fallecidos prendiendo una llama que ilumine su recuerdo. Mientras, en la calle, muchos niños seguían en busca de caramelos con su "¿truco o trato?" para rematar una jornada en la que ya habían vivido Halloween en sus centros escolares y también en la calle de la mano de los comerciantes que organizaron actividades. En la plaza de las Monjas, los Scouts convirtieron su sede en el Orfanato Maldito con un nutrido grupo de jóvenes caracterizados al mínimo detalle. En este caso, hubo más tiempo para disfrutar de la propuesta que con tanto ahínco prepararon porque el orfanato abrió sus puertas el viernes y el sábado 1 por la tarde hasta la noche.
En muchos casos, las propuestas tienen un fin benéfico, como por ejemplo, el Pasaje de Pui Pinos cuyos beneficios por la venta de entradas fue para la Asociación Española Contra el Cáncer. También en Calanda tuvo su finalidad y esta tercera edición por la que pasaron más de 500 personas, se dedicó a la Asociación del Autismo en Aragón.
En el Matarraña, los pasajes del terror se mezclaron con pintacaras, con castañadas, con correfocs en algunas localidades, y con talleres sobre gastronomía para todos los públicos, también para los niños que elaboraron panellets en pueblos como Mazaleón. Por toda la comarca se sucedieron las puestas en escena de miedo con pequeños y mayores disfrazados con sus galas más rotas y ensangrentadas. Igual que en el Bajo Martín, donde los pasajes se llevaron a cabo gracias a la colaboración vecinal que sacaron su ingenio a la calle. En Samper no faltaron las lápidas incluso, y en Urrea, el paseo de miedo se trasladó al cantón de la iglesia. En la cuenca minera no se quedaron atrás con proyecciones de películas y desfiles y pasacalles como es el caso, entre otras muchas poblaciones, de Utrillas o Andorra, donde los más pequeños también tuvieron su gran fiesta de disfraces con su chocolatada también ya típica de las fechas que se reciben.





















