La tarde de Halloween en Alcañiz hubo tiempo de hablar de tortas de alma. Incluso de abrir un debate en torno a todos los nombres que se le da a este dulce que hace más llevadero el frío del invierno. Esta conversación se dio gracias a ‘Las almetas de antaño’, un libro que persigue poner sobre la mesa tradiciones con el fin de que los más pequeños las conozcan y, a poder ser, las mantengan.
El libro es un álbum ilustrado en el que ha colaborado mucha gente. La historia es de Beatriz Royo Molinos, que falleció a causa del cáncer en octubre del pasado año con dos libros ya publicados y cuya recaudación de las ventas de todos ellos es para la AECC. Las ilustraciones son de Raquel Arnedo y Violeta Pellicer, y la cuidada edición es obra de Fragolino, editorial bajoaragonesa con Sergio Grao Palos al frente. ‘Las almetas de antaño’ es el tercer libro de una colección que empezó con la leyenda de Pueyos y siguió con la hoguera y el Rodat de Castelserás. Todos están enfocados a acercar al público infantil las costumbres locales en un proyecto extenso y que contempla más historias que contar.
El viernes 31 se presentó este tercer volumen que habla sobre el recuerdo de los seres queridos que se han ido, en este caso, encendiendo cada 1 de noviembre «una cerilleta» que ilumine las «almas queridas». La puesta de largo fue en la librería Santos Ochoa con Eugenio Ramo como conductor de un sencillo y emotivo acto para un entregado público en las primeras filas llenas de niños disfrazados de terroríficos personajes y muy atentos a lo que estaba pasando. Delante tuvieron a las ilustradoras del cuento ataviadas de una manera que pronto identificaron los pequeños al grito de «¡son castañeras!».
Escucharon el cuento en la voz del editor que contó el relato sobre Marian, Emily y Toñín, tres niños que vivían en Alcañiz y se pasaban las tardes entre el barrio de San José y las Eras, y para quienes Todos los Santos se convirtió en una de sus fechas favoritas. El broche lo puso Marisa Molinos, madre de la autora, que salió también caracterizada de castañera para explicarles algunos detalles de esta festividad. «No quiere decir que dejéis de celebrar Halloween, pero sí que no os olvidéis de que existen más costumbres y que las mantengáis», les dijo antes de pasar a repartir unas cuantas castañas con ayuda de Grao. En un tiempo en el que la víspera de Todos los Santos ha cambiado tanto como el mismo clima que ha aplazado el frío, los pequeños se llevaron sus castañas mezcladas con los caramelos recogidos al saludo de «¿truco o trato?».
Bea Royo estuvo presente en cada palabra y lágrima contenida por los aplausos. También en varias fotografías y, desde luego, como explica el libro y como expresaron los presentes: «estamos seguros de que su alma nos acompaña».











