La Ley d’Hondt se entiende mejor si se mira desde una circunscripción pequeña como la turolense. En Aragón, cada provincia funciona como una urna independiente. Los votos emitidos en Teruel solo compiten entre sí para definir quiénes serán los 14 diputados turolenses que ocuparán un escaño en las Cortes de Aragón. Este número no varía elección tras elección: la ley electoral aragonesa garantiza 35 diputados por Zaragoza, 18 por Huesca y 14 por Teruel, sumando un total de 67.
La traducción de votos en escaños se hace mediante la Ley d’Hondt. Su mecanismo es sencillo: los votos de cada partido se dividen entre 1, 2, 3, 4, 5 y así sucesivamente hasta generar una tabla de cocientes. Después, se seleccionan los 14 valores más altos del conjunto. Cada vez que aparece un cociente perteneciente a una candidatura, esa formación suma un escaño. Este método tiende a favorecer ligeramente a los partidos con más apoyo inicial, aunque se mantiene la proporcionalidad.
Además, en las autonómicas existe una barrera legal del 3 % de los votos válidos en la circunscripción. En Teruel, ese porcentaje suele superarse con cierta facilidad, pero no garantiza entrar en el reparto: la verdadera frontera la marca la aritmética de los cocientes. Con 14 escaños en juego, la «barrera efectiva» -la que realmente permite competir por los últimos puestos de la tabla- suele situarse bastante más arriba. En muchas elecciones, para disputar el escaño número 13 o 14 se necesita rondar porcentajes medios de voto, especialmente si hay varias fuerzas consolidadas.
Los primeros escaños suelen ir a parar a las formaciones mayoritarias, cuyas cifras iniciales generan los cocientes más elevados. Sin embargo, donde la Ley d’Hondt muestra toda su influencia es en la segunda mitad del reparto. En Teruel, los escaños que van del 10 al 14 se definen a menudo por diferencias mínimas: unos pocos cientos de votos pueden cambiar el orden de los cocientes y decidir qué partido retiene o pierde su representación. Esto explica por qué, en campaña, las formaciones insistían en que «cada voto cuenta».
El caso de las autonómicas de 2023 lo ilustra bien. El Partido Popular fue la fuerza más votada en la provincia y se llevó la mayor parte de los cocientes iniciales, mientras que el Partido Socialista Obrero Español, Teruel Existe, Vox y el Partido Aragonés se repartieron los siguientes escaños, con márgenes estrechos entre sí. Los últimos diputados en juego dependieron de diferencias mínimas entre cocientes, demostrando hasta qué punto la aritmética final se vuelve decisiva.
La Ley d’Hondt no distorsiona el voto turolense, pero sí lo ordena de una manera muy particular: premia a las fuerzas con respaldo amplio, permite la entrada de varias candidaturas, pero exige un nivel de apoyo real para no quedarse atrás en los últimos escaños. Así, en las autonómicas aragonesas, la provincia de Teruel se convierte en un ejemplo claro de cómo la fórmula influye de manera determinante en la representación territorial.
Según la simulación de la Ley D’Hondt aplicada al sondeo de A+M para HERALDO, con apenas 4.900 votos se accedería a un escaño en las Cortes de Aragón por Teruel. Es el ‘coste’ más asequible en la región, es menor de los 5.337 que se necesitaron en 2023 y se sitúa tres veces por debajo del requerido en Zaragoza, que se eleva a 13.634. En Huesca rondaría los 6.209.
Por ejemplo, el PAR, que tiene muy complicado preservar su diputado por Teruel, necesitaría 1.593 votos para lograrlo, y lo haría a costa de Aragón Existe, que se adjudicaría, por ahora, el último diputado por la circunscripción según la encuesta.








