La Denominación de Origen Protegida de Aceite del Bajo Aragón cumple 25 años, garantizando la calidad de uno de los principales productos del territorio, y con el objetivo de continuar creciendo en los próximos años, tanto en agricultores como en terreno. Concretamente, aspiran a crecer en 15.000 hectáreas, las cuales se sumarían a las 22.000 actuales que abarca la Denominación. El reto principal para conseguirlo es el mismo que comparten otros tantos sectores del campo: la falta de relevo generacional, ante la cual los agricultores piden un esfuerzo de las administraciones para mantener la rentabilidad de los cultivos, el nivel de vida y la conciliación.
Mucho ha cambiado desde que la DOP echó a andar hace 25 años. Empezó en 1996, con la creación de la Asociación para la Defensa y la Promoción del Aceite del Bajo Aragón (ADABA). Más adelante, en 1999 se creó el primer Consejo Regulador, y ahora ya suman 28 empresas inscritas de todo el territorio, con una producción de aceite «de la más alta calidad». «Había una gran ilusión por crear esa denominación de origen, y así poder defender un producto que en aquellos tiempos ya se estaba empezando a hacer bien. Nos permitió llegar a los aceites de calidad con los que contamos a día de hoy», explica Alfredo Caldú, presidente de la DOP.
Los procesos productivos han ido mejorando con el avance de los años, con una mecanización que está consiguiendo que un solo agricultor pueda trabajar un mayor número de hectáreas. Por ejemplo, una familia que antes era considerada como «gran productor» podía trabajar entre 20.000-30.000 kilos de aceitunas, mientras que hoy esas cifras suelen superarse diez veces más. «También es cierto que ahora se recoge más cantidad por día que hace 25 o 30 años. Eso permite que tengamos mucha rapidez en la elaboración y que hayamos podido mantener un número de hectáreas a pesar de haber perdido algunos productores», añade Gabriel Alcober, vicepresidente de la DOP.
Tampoco se trabaja bajo los mismos parámetros, ya que la calidad técnica es otro de los factores que ha ido avanzando. «Antes había aceites que se comercializaban muy maduros y muy dulces, mientras que ahora una parte de la comercialización ya son aceites de principios de campaña con unas características y unos parámetros un poco más acentuados, tanto en el amargor como el picor», puntualiza Juan Baseda, director técnico de la DOP.
De hecho, la DOP está detectando como esa recogida es cada vez más temprana, en parte motivada por factores como el cambio climático, pero también el propio mercado. «El grueso de la producción se recoge cada vez más pronto. El mercado está absorbiendo una cantidad muy significativa en cuanto a calidad de esos aceites más tempranos, con productos más afrutados, intensos, amargos, o picantes. Se empieza antes para llegar a ese tipo de cliente con un abanico mucho mayor», añade Alcober.
Este año ya se encuentran trabajando sobre el terreno para una campaña que, sorprendentemente, apunta a ofrecer buenos resultados. Concretamente, calculan obtener unos 30 millones de kilos de olivas, lo que se traduciría en 7 u 8 millones de litros de aceite. «Teníamos la sensación de que iba a ser una campaña malísima, pero ahora calculamos obtener cifras similares a los de hace dos cosechas. Habrá zonas donde superaremos el 50-70%», explican desde la DOP.
Producción multiplicada por tres
El crecimiento en estos últimos años ha sido más que notable. Cuando se creó la Denominació en los años 2000, en España se producía una media de 400.000 toneladas de aceite. Ahora ya se ha situado en 1.400.000. En el Bajo Aragón, además, el 90% del aceite que se exporta ya es DOP. «Desde que se impulsó esa Denominación se ha multiplicado por tres la producción. La posibilidad de crecer es enorme, aunque no es fácil», afirma Caldú.
Para conseguirlo, todavía se debe trabajar para que la ciudadanía interiorice los beneficios del aceite del Bajo Aragón. «Hay un mensaje que tenemos que hacer llegar al consumidor y es que el aceite de oliva virgen extra del Bajo Aragón es salud, no solo aceite. Las almazaras son farmacias, y esa debe ser nuestra gran ventaja. Hemos de saber comunicar los beneficios que este producto tiene en quien lo consume», defiende el vicepresidente de la DOP. Las catas de aceite son algunas de las actividades ‘extra’ ideales para ello, y que están ganando peso entre el público. «No pasan 15 días sin que tengamos una cata, bien aquí o en lugares como Zaragoza. El momento en el que la gente huele el aceite ve cosas que nunca había detectado antes», añaden desde la DOP.
En ese sentido, otro de los principales retos todavía pendientes pasa por incrementar la venta directa del aceite. «Antes se vendían muchos graneles y la intención era vender más aceite con denominación de origen envasado de una forma directa desde las almazaras, y en eso aún estamos. Es decir, se van vendiendo cada vez más, pero seguimos trabajando en ello. Queda trabajo para 25 años y más», añade su presidente.
El objetivo deseado es la ya mencionada cifra de 15.000 hectáreas que trabajan aceite, pero todavía no son DOP, algo para lo que se tendría que conseguir atraer a un mayor número de agricultores. «Esperamos que puedan sumarse», desean. Aunque el principal reto continúa siendo ese relevo generacional ante el que «urge» trabajar, según alertan los agricultores. «Es el gran problema que va a tener el campo en general. Ser agricultor no es algo que se consiga en un año ni en dos. Tiene que nacer uno con él, le tiene que gustar y significa mucho sacrificio. Y estamos viendo que parte de la sociedad no reconoce ese esfuerzo que realmente está haciendo a nivel de producción de alimentos, de la diversidad, de protección del ambiente, de la naturaleza… Hay que trabajar más en esa línea», añaden









Emilio Lamo de Espinosa (mejor ministro de Agricultura de España, al menos por formación) dijo en Monzón, con motivo de la entrega de los premios Joaquín Costa que ‘la agricultura del futuro, será de regadío o no será’. Aragón debe tomar conciencia de que el secano de la margen derecha del Ebro será cada vez más marginal y que sólo una transformación rápida a riego de apoyo (de 1000 m3/ha) podrá salvar el sector olivarero y almendricultor.