"Soplad, soplad", "Viva Estercuel", gritaban con fuerza varios vecinos animando a quienes trataban de encender la hoguera principal de la Encamisada de Estercuel bajo la lluvia. El espíritu estercolino demostró que la tradición, cuando se lleva dentro, no entiende de previsiones meteorológicas y eso es algo, que desde luego, la lluvia no pudo frenar.
El fuego tardó más de lo habitual en prender, pero lo hizo. Entre paraguas, capotes y mucha voluntad, el pueblo volvió a celebrar su día grande con un ritual que se mantiene casi intacto a lo largo de los siglos. Ni el temporal logró frenar un recorrido que, como explicó Carlos Yeguas, procurador en esta edición de 2026, "solo ha dejado de hacerse durante la Guerra Civil y por casos de fuerza mayor, como fue el COVID".
Con la hoguera encendida a las 20.00 en la plaza de la Iglesia y Estercuel a oscuras, comenzó el recorrido por las quince hogueras repartidas por todo el municipio. Los jinetes, vestidos con capas negras y sombreros tradicionales, avanzaron entre las llamas de las pocas hogueras que resistieron las llamas portando hachones encendidos.
Yeguas forma parte de la comisión saliente de la fiesta, compuesta habitualmente por catorce matrimonios, (7 entrantes y 7 salientes). Este año, por diversas circunstancias, son cinco. Dentro de ese grupo, el procurador ostenta el mayor rango por ser el de más edad. Es quien abre la procesión y porta el estandarte de San Antón. Su gorro, adornado con tres plumas de gallo, lo distingue del resto de figuras: el rey, el conde y los mayorales.
El resto del escalafón lo completan el rey, el conde y los mayorales. Todos participan en el desarrollo de los actos y en el recorrido procesional, que, como explicó Yeguas, no se modifica pese al mal tiempo: «Ha salido un día que llovía a mares, pero nos tenemos que quedar con lo positivo: la ilusión y las ganas que tiene un pueblo de seguir haciéndolo, incluso en unas circunstancias adversas y de la manera que se pueda, pero vamos a hacer la procesión y el recorrido como se hubiera hecho de normal".
La continuidad de la tradición
La Encamisada, declarada Fiesta de Interés Turístico de Aragón desde el año 2004, en su esencia, un acto de agradecimiento a San Antón por haber protegido al municipio de una epidemia que en su día afectó a localidades vecinas. La tradición oral vincula el fuego como un elemento purificador que simboliza la regeneración del pueblo. Cada vecino aporta su carga de leña al fuego común, en un gesto colectivo que representa la limpieza de impurezas y el deseo de comenzar de nuevo.
Estercuel, de fuerte raíz agrícola y ganadera, ha encontrado en la figura del santo un aliado espiritual para la protección de las personas y los animales. Ante la precariedad de medios higiénicos y sanitarios del pasado, estas fiestas aunaban creencias paganas y devoción cristiana como una forma de pedir protección frente a las enfermedades. Se cree que ya en el siglo XVII, durante el reinado de Felipe IV, se celebraban fiestas similares en las que los caballos eran protagonistas, denominadas encamisadas.
Además de la jornada y el encendido de hogueras, otro de los momentos destacados del fin de semana fue el baile del Reinau, recuperado en los años 80, así como el de las Coronas. En ambos participan diferentes vecinos del pueblo, de entre quienes se volverá a contar con diferentes protagonistas encargados de presidir la festividad. Ellos serán: Carlos Yeguas y Miriam Lacueva (Procuradores); Francisco Pérez y Leticia Magallón (Reyes); Adrián Fleta y Lorena Muniesa (Condes); Adrià Espallargas y Miriam Martínez y David Cardenal y Lorena Martí (Mayorales).
Aunque se han dado años de nieve, de viento o de mucho frío, este 2026 se recordará como una de las Encamisadas más pasadas por agua, pero también una de las más vivas, en la que los vecinos no dejaron que esta tradición, por primera vez, se apagase.
Instantes de la Encamisada y el recorrido por las quince hogueras. / S.C.





























