El alcañizano tenía el sueño de ser profesor de literatura española en Estados Unidos y lo consiguió hace más de dos décadas, sin embargo, nunca ha roto sus lazos con su tierra, al contrario. Combina la docencia universitaria con la investigación y, siempre que tiene ocasión, centra sus proyectos en temas relacionados con Aragón y, a poder ser, con Alcañiz. No siempre es posible, pero hace cinco años se propuso recuperar la figura de Concepción Gimeno Gil y acercarla a sus vecinos, que disponen hasta el 10 de enero para conocerla en una exposición en la Biblioteca Municipal.
Asegura que ya tiene en mente otro proyecto, pero reconoce que no se puede despegar de Concepción Gimeno de la que sigue descubriendo nuevos datos y manuscritos. En Estados Unidos da clase de literatura y cultura española de los siglos XIX a XXI y no esconde su admiración por escritores como Caballero Bonald o Valle-Inclán, a quien considera "Dios en la tierra".
Desde hace casi 25 años vives en Estados Unidos pero mucha gente cree que vives en Alcañiz.
Es que para estar a 8.200 kilómetros, es casi como si fuera un vecino más de Alcañiz. Cundo mucho (ríe).
Aparte de lazos familiares y afectivos, ¿qué te hace estar tan vinculado a Alcañiz? Ahora ha sido Concepción Gimeno, pero antes lo fueron los Humanistas. Siempre hay algo.
Siempre lo hay, y responde a una voluntad expresa de estar conectado con mi territorio. Podría estar haciendo una vida muy separada de España y de Aragón, pero siempre me ha interesado el contacto y trato de emplear los recursos que me da Estados Unidos para seguir conectado con Aragón y Alcañiz. Por eso mis proyectos de investigación han estado relacionados, he venido por conferencias…
Entre los logotipos de apoyo a la investigación de Concepción Gimeno, aparece la Universidad de Colorado. ¿Es por eso?
Hacer todo esto, para mí es parte también del servicio social de la universidad. En América lo llaman «tener la conexión con la tierra» y mi tierra no es el Estado de Colorado, mi tierra es esta. Estudiar sobre Gimeno ha sido la situación perfecta porque me ha permitido meterme en ella y en Alcañiz. Que aparezca el logo es importante.
En una entrevista en 2013 decías que tu sueño era ser profesor de literatura española en Estados Unidos y lo has logrado. ¿Por qué ese sueño tan concreto?
En Estados Unidos tengo una libertad para trabajar que no estoy seguro de que la hubiera tenido aquí. Trabajo sobre Literatura española y te puedes imaginar lo que le importa a la universidad norteamericana… Puedo trabajar como me gusta y puedo decidir dedicar cuatro años a investigar a una mujer como Concepción Gimeno. No sé si eso hubiera sido igual en España, sí que es seguro que no hubiera tenido el mismo apoyo económico que he tenido. El resultado es que se van a publicar las Obras Completas y ya hay dos volúmenes. Ha sido más fácil desde que saqué la plaza de profesor.
¿En qué sentido?
Tener una estabilidad me permite dedicarme a la docencia y a la investigación a la vez. En 2014 conseguí pasar a ser profesor titular, hasta entonces era profesor pero con mucha inestabilidad. En 2023 conseguí el equivalente a catedrático. Ahora ya estoy asentado bien en esa institución y me permite mucha libertad.
Trump atacó duramente a las universidades en su campaña a las que acusó entre otras cosas de adoctrinar. ¿Cómo se está viviendo eso?
No está resuelta la crisis y hay un riesgo inherente. Hay universidades que están plantando cara a los intentos de ser gobernadas por el gobierno, pero otras son aquiescentes con lo que está ocurriendo. Lo que es cierto es que hay un riesgo sobre lo que es el sistema universitario que hemos conocido hasta ahora en el sentido de la separación existente entre la comunidad educativa y científica respecto al gobierno. Esa separación está siendo cuestionada. El conocimiento no es ni de izquierdas ni de derecha. Lo bueno del liberalismo que existe en el sistema educativo es que, a través de la confrontación de ideas de unos y otros en una arena pública, se pueda avanzar y producir conocimiento. Si no hay disensión no hay cambio y no se puede avanzar. Pero bueno, esta es mi opinión personal al margen de la universidad.
¿En qué centras tus clases?
Mi área de trabajo es, sobre todo, literatura y cultura española de los siglos XIX a XXI. Luego están las obras de Concepción Gimeno, que es algo transnacional y me interesa la relación con otras culturas como México, que fue el lugar al que emigraron la mayoría de intelectuales en la Guerra Civil. Esa relación intelectual con México es fascinante de trabajar y Gimeno venía encajada justo ahí. Ocasionalmente doy algún curso en Inglés, pero la mayoría de mis clases son en Español.
Ese período incluye la Guerra Civil Española. ¿Es posible que tus alumnos conozcan más y a más autores que nosotros aquí?
Ahora mismo no sé qué se está enseñando, pero hablo por mí y en EGB apenas se hablaba de Franco y si se hablaba de otros períodos como la República se hablaba de todo de una manera tamizada por el pensamiento impuesto por el franquismo. Uno de los cursos que suelo dar es específico sobre la Guerra Civil española y su impacto global. Estudiamos antecedentes, producciones culturales de antes, durante y después y cómo ese conflicto bélico es interpretado dentro y fuera de España en la literatura, cine. La Guerra Civil española es uno de los eventos literarios más importantes de la historia de la Humanidad porque es uno de los conflictos bélicos que está más presentes en la literatura universal. Por fortuna, tenemos a profesores universitarios que han hecho una labor enorme. Uno es Julián Casanova y hago a mis alumnos que lo lean. Y a quien quiera entender qué fue la guerra, le recomiendo que lea a autores internacionales.
¿Qué autores han acaparado tu atención antes de Gimeno?
Comencé trabajando mucho sobre Suso de Toro, un gallego con un pensamiento muy estructurado y muy interesante, con una conciencia de izquierda, nacionalista y gallega, pero también con una voluntad muy interesante de reinterpretar la relación de España con todos los territorios, no simplemente España como Castilla. Queramos o no, en Alcañiz somos gente de frontera, de franja entre dos centros culturales, uno castellano y otro en catalán. Para mí eso es una riqueza, lo raro en este mundo es ser monolingüe, la inmensa mayoría del mundo es al menos bilingüe, sino trilingüe. Trabajé también sobre José Manuel Caballero Bonal, que al año de publicar el libro de entrevistas que habíamos hecho, le dieron el Cervantes y fue una cosa impresionante. Quiero recuperar a Valle Inclán, que para mí es Dios en la Tierra.
Igual es momento de centrarse en Valle Inclán ahora que las Obras de Concepción Gimeno ya están en marcha. ¿Ahora qué?
(Ríe) Hay vida parece. Han sido años muy intensos que no los cambio por nada. En una conferencia de Margarita Pintos sobre Gimeno me pasó como a San Pablo en el camino de Damasco, que me caí del caballo y tuve una revelación… ¡Cómo podía ser que esa mujer fuese de Alcañiz! Así que, me metí de lleno. Tengo en mente a otra persona pero antes de embarcarme en otra investigación así estoy estudiando bien su obra y posibilidades. Pero no me desprendo de Gimeno, ahora soy como la madre de la Pantoja, que allá donde voy hablo de mi chica (ríe).









