Estercuel se iluminó este fin de semana con el resplandor de las hogueras y el fervor de sus vecinos en la celebración de la Encamisada, una tradición centenaria que cada año atrae a miles de visitantes. Declarada Fiesta de Interés Turístico de Aragón desde 2004 y galardonada en 2022 con el Premio Nacional de Tradiciones Populares, la Encamisada es mucho más que una fiesta: es un ritual cargado de simbolismo, donde el fuego, la devoción a San Antón y la participación de todo el pueblo se entrelazan en una experiencia única.
La tradición oral cuenta que esta celebración nació como muestra de agradecimiento a San Antón por haber librado a Estercuel de una peste que azotó a los pueblos vecinos. «El significado que tiene para nosotros es todo. Es la fiesta principal del pueblo y vivimos por ella durante todo el año», explicó Joaquín Lahoz, alcalde de Estercuel.
Un ritual de purificación
El sábado por la tarde, las calles del municipio se llenaron de vida con quince hogueras repartidas en sus esquinas. «El fuego tiene un valor simbólico muy importante: representa la purificación, quema las impurezas y renueva las intenciones del pueblo», destacó Lahoz. A las ocho en punto, con las luces apagadas, comenzó la procesión de la Encamisada. Los jinetes, vestidos con capas negras y sombreros tradicionales, avanzaron entre las hogueras portando hachones encendidos, mientras los músicos tocaban melodías populares que resonaban entre las calles.
El fuego no solo ilumina el camino de los jinetes, sino también conecta a los asistentes con sus raíces más profundas. En palabras del alcalde: «El fuego se ha transformado en una forma de purificación, una tradición que seguimos manteniendo con orgullo».
Un legado vivo
La Encamisada también mira al futuro. «Afortunadamente, cada vez participan más jóvenes en la organización. Contamos con su energía, mientras que las generaciones mayores aportan el soporte y los consejos necesarios para mantener viva la tradición», comentó Lahoz.
El domingo, la festividad adoptó un carácter más solemne con la celebración de la misa en honor a San Antón, seguida por la bendición de los animales, un ritual cargado de simbolismo en un pueblo que ha sido históricamente agrícola y ganadero. Posteriormente, los asistentes disfrutaron de bailes tradicionales y del traspaso de poderes entre comisiones.
Un invitado de honor
Este año, la Encamisada contó con un invitado especial: el escritor turolense Javier Sierra, Premio Planeta 2017 y Premio de las Letras Aragonesas 2022. «La presencia de figuras como Javier enriquece la dimensión cultural de la celebración y nos ayuda a difundir nuestro patrimonio», afirmó Lahoz.
Sierra vivió en primera persona la magia del evento, destacando la importancia de preservar estas tradiciones. Su participación coincidió con la procesión de la Santa Encamisada, a la que se unió portando una antorcha.
El consejero de Medio Ambiente y Turismo, Manuel Blasco, también asistió a la Fiesta de los Sanantones y la Encamisada. Durante su visita, el consejero presenció el acto más emblemático de la festividad: la procesión de la Encamisada, una muestra de gratitud hacia San Antón por su protección a la población turolense.
La Encamisada no solo es un espectáculo visual, sino también una experiencia emocional que invita a reflexionar sobre la importancia de las tradiciones y la comunidad. «Ha sido una de las Encamisadas más multitudinarias en años. Centenares de visitantes se han desplazado hasta aquí para vivir como un estercuelano más esta tradición», concluyó el primer edil. Desde el resplandor de las hogueras hasta la devoción de sus gentes, Estercuel ha demostrado una vez más que su fiesta grande es un patrimonio vivo que sigue atrayendo a visitantes de toda España.

























