El europarlamentario expuso casos de reindustrialización exitosa en el CEA Ítaca de Andorra
Florent Marcellesi es ingeniero de Caminos por la Universidad de Lyon, urbanista por el Instituto de Ciencias Políticas de París y especialista en Cooperación Internacional por la Universidad del País Vasco. Además desempeña las labores de portavoz de Equo en el Parlamento Europeo. A través del ejemplo de la exitosa reconversión de una localidad francesa, Marcellesi expuso el miércoles en el CEA Ítaca de Andorra propuestas para una reindustrialización ecológica de las comarcas mineras españolas. Eso sí, tras más de 10 años de trabajo en los que, los agentes sociales, políticos y económicos llegaban a reunirse 40 veces al año. El eurodiputado lanzó un mensaje de esperanza y criticó la contrarreforma ambiental del Gobierno español.
¿Es posible una reconversión industrial real basada en un modelo de desarrollo ecológico y social?
Por supuesto que es posible y además es necesario. Ahora mismo existe una realidad económica que impide que haya minas después de 2018. La Comisión Europea ha decidido no otorgar ayudas a las explotaciones después de esa fecha y, por otro lado, la Unión Europea y -por ende- España ha firmado un acuerdo internacional para reducir el impacto del cambio climático. Es duro de escuchar, pero es real. Por tanto, hay que pasar de la era de los combustibles fósiles a la era de las energías renovables. Existen muchas alternativas para apostar por otro modelo productivo, que dé empleo y que cree bienestar climático. Esta reconversión se ha puesto en marcha con éxito en algunas zonas de Europa, como Loos-en-Gohelle (Francia).
Esta población francesa tiene ahora casi 8.000 habitantes, cerró sus minas a finales de los 80 y contaba con más de 150 años de historia en torno al carbón... ¿cómo han logrado sobrevivir al cierre de sus explotaciones mineras?
Basaron su reconversión en dos patas muy importantes. La primera de ellas fue reconocer la identidad minera del pueblo. No se trataba de olvidar, si no de basar el futuro en el pasado, reconociendo la memoria colectiva. Esto fue utilizado como un reclamo para el exterior, ya que consiguieron que toda la cuenca minera fuera reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, siendo la primera zona carbonífera en conseguirlo. Esto fue aprovechado como centro turístico y también se creó una ruta cultural industrial del carbón en todo el entorno.
¿Y en cuanto al modelo económico?
La segunda pata fue apostar por las energías renovables, la bioconstrucción, la agricultura ecológica... De modo que fueron pioneros en este ámbito y se convirtieron en un pueblo competitivo, tecnológico y puntero en Francia en investigación. Ahora la tasa de paro está muy por debajo de la que se ha registrado en esta cuenca minera, que es una zona bastante castigada por el desempleo a nivel estatal. Por tanto, el objetivo fue convertirse en un lugar de memoria trazando un camino de futuro basado en las renovables.
Actualmente en la Comarca de Andorra hay al menos 400 empleos directos que dependen de la minería, ¿cómo puede afrontarse una transición sin que sea traumática, sin que se genere desempleo?
Creo que hacen falta varios ingredientes básicos, que pasan sobre todo por una voluntad política muy clara. Es necesario que todos los actores políticos, sociales, económicos, sindicales y asociativas de la zona tengan la fuerza para colaborar y crear un nuevo marco de desarrollo. A su vez hace falta una financiación pública y privada que vaya desde lo local hasta lo europeo, pasando por la vía autonómica y estatal. Hay fondos que permiten apoyar empresas de ecoinnovación, por ejemplo. El Estado ha extraído muchos beneficios de las cuencas mineras y es su deber devolverlo. Son factores que han funcionado en zonas como la del Ruhr (Alemania) o Cornualles (Reino Unido).
Desde 1990,España ha invertido 24.000 millones en cuatro planes del carbón. No todo ha sido para reindustrialización de comarcas mineras pero, ¿qué cree que ha fallado?
Claramente ha faltado una voluntad política más clara a la hora de marcar el camino. En los últimos años les ha faltado reconocer que, pase lo que pase, las minas no van a ser rentables en un futuro y que es necesario plantar cara a los años venideros con voluntad de cambio. Que el ministro Soria diga que Europa va a dar ayudas es puro electoralismo y bastante amateur. También hay falta de reconocimiento a la labor histórica que han desempeñado los trabajadores dentro de las cuencas mineras españolas. En general también ha habido un uso bastante ineficiente de las ayudas recibidas por parte de las eléctricas. Por esto, desde Equo se ha solicitado una auditoría para ver cómo se han invertido los fondos de la Unión Europea. Pero existen alternativas. Sabemos que en la zona de Andorra hay voluntad, ha habido emprendedores que se han instalado aquí, proyectos diferentes... Falta un paso más: reconocer la situación económica y ver que el cambio pasa por sentarse a dialogar e impulsar un modelo innovador. El futuro del empleo pasa por la ecología. .
¿Cómo se genera ese empleo con las energías renovables?
Depende del tipo de energía que se genera. No es lo mismo la eólica que la biomasa o la solar. Tampoco es lo mismo abordar macroproyectos que pequeñas iniciativas destinadas al consumo local. También se crean puestos de trabajo en la formación e investigación en renovables. Si se cumplen los objetivos de la Cumbre de París en 2020 y el 30% de la energía viene entonces de las renovables, se crearían 300.000 empleos. Ahora el carbón genera 70.000. Por otro lado el cambio climático y la subida de las temperaturas podría afectar a cultivos endógenos como la vid o el olivo en España.
Andorra solicita que se invierta en la Térmica para adaptarla a la nueva normativa medioambiental, ¿creen en este tipo de adaptaciones?
Las inversiones se deben hacer para seguir funcionando porque así lo exige Europa. Esa inyección de dinero deben realizarla las eléctricas porque han recibido subvenciones en los últimos años para seguir con su actividad y porque obtienen muchos beneficios con políticas de mercado que son muchas veces agresivas. Se busca contaminar menos, pero se sigue contaminando. No existe carbón «limpio», al igual que no hay un coche «limpio». Ahora mismo tenemos que pensar en un cierre progresivo porque tras el acuerdo de París, que nos dice que la temperatura no deberá subir más de 2 grados, es necesario cambiar las fuentes de energía.
En cuanto al modelo productivo, una de sus propuestas es reducir la jornada laboral, ¿cómo se combina esto?
El objetivo es repartir el trabajo productivo, que podamos trabajar mejor si repartimos más los empleos entre todos. No solo en las cuencas mineras, si no en el resto de España y de Europa. La reducción de la jornada laboral es una demanda histórica de los sindicatos, precisamente por eso nació el 1 de mayo, entre otros motivos. Tenemos que retomar esta propuesta para crear un mundo más justo donde seamos capaces de trabajar todos y de ser justos con el planeta.







