Cráneos, costillas, cuernos, vértebras y otros cientos de huesos de animales se amontonan en el ribazo del canal Calanda-Alcañiz. Muchos están al descubierto, algunos camuflados por la vegetación que se extrae del cauce y otros incluso todavía tienen carne. Es la «fosa común» de los cientos de corzos ahogados durante una década -también de algunos tejones, ovejas y cabras- ante la «inacción» de la autoridad competente, la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), para evitarlo. Las tumbas a la intemperie están ubicadas justo enfrente del «punto más negro» del canal: un remolino, formado pocos metros antes de la compuerta, en el que los animales se quedan atrapados. En la orilla, la tierra negruzca y un largo rastrillo de metal que siempre está ahí, dan cuenta del ajetreo de cadáveres.
El olor a descomposición es fuerte y solo hay que guiarse por su intensidad ascendente para encontrarse con el destino final de los cuerpos sin vida. «He llegado a contar hasta siete corzos muertos en este campo», dijo Andrés Albacar, vocal de la junta de la Sociedad de Cazadores de Calanda, durante la visita realizada la semana pasada al canal junto a la Fundación Artemisan para mostrarles la problemática de los ahogamientos. Ese día, tres investigadores de la organización, Gonzalo Varas, Luis Fernando Villanueva y Elena Fuentes, vieron con ojos propios seis cadáveres de corzos. Cuatro de ellos estaban apelotonados, y uno llevaba pocas horas muerto, tal y como reflejaba el trabajo de las larvas. Los otros dos estaban diseminados por el terreno y a varios metros de distancia entre sí. También había un tejón, del que a simple vista solo quedaba el pelo.
Los investigadores bajaron por el ribazo para fotografiar las pruebas del «horror» y caminaron por la llanura, donde removieron arbustos que hacen de escondite de los huesos, en busca de más restos óseos sin sepultura. Tanto en las lentes como en sus retinas quedó probado que la «fosa común» se expande cada vez más lejos del canal. «Los corzos tienen las pezuñas desgastadas y heridas en la piel que dejan ver el hueso del esfuerzo que han hecho para intentar sobrevivir», comentaron los profesionales de Artemisan.
Un remolino «mortal»
«Cuando hay poco caudal, se forma una especie de remolino debido a las tuberías que se tragan el agua. Eso favorece que los animales se queden ahí cogidos y no se puedan librar del peligro. Si tienen suerte de conseguir sobrepasar este punto, pueden llegar hasta la salida que hay al lado de la compuerta», explicó Andrés Albacar. También detalló que son los trabajadores de la Comunidad de Regantes quienes sacan con el rastrillo tanto la vegetación como los cadáveres que se quedan ahí acumulados. «A veces nos llaman para avisarnos de que un corzo se ha caído, pero cuando llegamos lo sacamos ya muerto, porque si baja desde Calanda suele llevar ya un día en el agua con hipotermia», expuso Albacar.

Eso sí, la media de rescates que llevan a cabo los cazadores es mayor que el número de cadáveres recogidos. «Rescatamos hasta tres corzos a la semana en primavera. Los tenemos que sacar con una cuerda o cómo podemos, sobre todo cuando hay agua. Cuando el caudal es mínimo podemos meternos dentro del canal, y entre uno y otro obligamos al animal a salir», narró Albacar.
Piden a la CHE «más salidas» en el canal
La Sociedad de Cazadores de Calanda pide a la CHE «más salidas» en el canal, que tiene una longitud de 18 kilómetros, para que no continúe el «montón de animales muertos año tras año». «La infraestructura no es solo peligrosa para los corzos o los jabalíes, sino también para las personas si caen dentro», alertó Albacar.
En el canal Calanda-Alcañiz se construyeron varias salidas entre los años 2020 y 2021, después de una reunión mantenida en 2019, en la que participó la Sociedad de Cazadores de Alcañiz, Jesús Perdiguer (vecino alcañizano implicado en la causa), el entonces ingeniero jefe de la explotación y responsables de DGA. La Confederación realizó una rampa de escape en hormigón a favor de la corriente en el p.k. 15+929 y dos escalones de escape junto a las compuertas de nivel constante en los p.k. 10+496 y p.k. 18+118. También colocó una rampa de escape portátil de madera. Además -según informó la CHE a este medio- la Comunidad de Regantes construyó una rampa en hormigón y en contra de la corriente.

Respecto a la rampa de madera, los cazadores consideran que «no es efectiva», ya que «ven corzos alrededor que no logran salir por ahí». Sí que ven útil la rampa ubicada cerca de la carretera que va a Andorra por los nuevos regadíos. «Es bastante buena, vemos que la corriente del agua favorece que los animales vayan hacia la salida. Aunque se podría mejorar haciéndola más ancha o incluso poniendo una barrera que frenara a los corzos», destacó Andrés Albacar.















